jueves, 8 de septiembre de 2011

CAPITULO 0 “EL CADAVER DE LA NOVIA” (VII) ¿Un golpe de suerte?…

CAPITULO 0

“EL CADAVER DE LA NOVIA” (VII)

¿Un golpe de suerte?…




Lo sabía… sabía que esto ocurriría pero nadie me quiso escuchar, nadie me quiso creer… Hoy pude verlo en el comedor de la prisión, los noticieros comienzan a hablar del virus de la rabia china. Al parecer algunas personas en algunos pueblos del campo han empezado a atacar a otros en muestras de canibalismo, y aún no le encuentran explicación a este repentino comportamiento.

Lo dije que esto pasaría, son Ellos que vienen a por nosotros, sus ojos rojos, su olor a podredumbre… dicen que no ayuden a nadie que parezca infectado y están haciendo lo posible por mantener todo controlado. Gracias a Dios no me han encontrado este diario aquí en la prisión porque sino no podría terminar de explicar mi historia… Cuando salga de aquí, le daré esto a los medios de comunicación, o se los enviaré con mi abogado… De alguna manera debo advertir a las autoridades antes que comience el caos en el mundo. Por ahora solo continuaré con ese escape de aquel pueblo desaparecido.

Las criaturas habían comenzado a caminar hacia nosotros, empezamos a retroceder con los garrotes improvisados en nuestras manos, sin saber qué podíamos hacer ahora que el carro estaba inaccesible para nosotros desde este punto, Santiago nos dijo que intentáramos por la salida norte algo de suerte, los 3 hombres que les habían reventado el cráneo eran los que estaban en el norte que nos había comentado Santiago o eso esperábamos en realidad.

Al pasar por la fuente central vimos comos sus aguas, eran tan negras como la noche, y muy posiblemente a causa de la cantidad de sangre que poseía del cuerpo con un disparo en la frente que yacía flotando… No nos quedamos a identificar el cuerpo obviamente y continuamos hacia la puerta norte.

Cuando nos acercábamos una mujer salió tambaleándose de la parte del edificio noroeste, Sus ropa desgarrada, el pecho desnudo, mostrando las costillas donde deberían de estar sus pechos femeninos, sus labios habían desaparecido y buena parte de sus dientes estaban expuestos macabramente, con la nariz guindando apenas de un hilo de carne tambaleándose frente a su rostro. Y sus tripas… sus intestinos colgando, y botando al piso las cosas que seguramente eran restos de las ultimas comidas que salían de su estomago, sus intestinos, su sangre, todo desparramándose por el suelo y ella caminando resbalándose sobre sus propios líquidos en el piso.

Santiago nos apartó, dijo que él se haría cargo sin vernos a la cara, tal vez no quería que viéramos su rostro mientras eliminaba a la chica que le pidió que la matara, dejándola ahí tirada para sufrir lentamente hasta que se convirtió en uno de ellos… Pudimos escuchar como le pedía perdón por dejarla que se convirtiera en una de esas cosas y le reventaba la cabeza…

Cuando nos acercábamos a la puerta, volteamos a ver por donde venían nuestros perseguidores, al parecer eran más lentos de lo que habíamos calculado por lo que no comprendíamos como había llegado a este nivel de infección, a menos que claro lo tomaran en un principio como un resfriado común entre las personas, y algo que pasaría rápidamente. Al subir mi mirada observe a David en la ventana del cuarto desde el que habíamos saltado, medio cuerpo afuera y los de tras él empujándolo con lo que terminó de caer. Gracias a Dios la masa de esas criaturas, me tapó la visión de su caída y no observé como nuestro amigo se estrellaba contra el suelo.

Al llegar a la reja notamos que no tenía ni seguro, ni nada, estaba completamente libre, y a unos 15 metros en la acera a nuestra izquierda se encontraba un auto estacionado, descapotable y con el techo bajo. Corrimos al mismo a probar suerte, y mientras Aníbal golpeaba la parte donde va la llave, para abrirlo y buscar los cables, yo me lance al asiento trasero, y Santiago abrió el tapa sol del chofer, arriba donde normalmente esta el espejo y eso, cayendo unas llaves de carro sobre la cabeza de Aníbal, y luego al suelo del auto.

Aníbal lanzó una maldición mientras la primera de las criaturas comenzaba a verse por la reja saliendo por donde habíamos venido nosotros, metió la llave giró y el auto arranco con el sonido más dulce y hermoso que había escuchado en mi vida, una sonrisa se dibujo automáticamente en mi rostro sin siquiera pensar en más nada… estaríamos a salvo y (como dicen los españoles), saldríamos de ese infierno cagando leches, sin pensarlo más…

P.D.: Durante las siguientes semanas les regalaré una lluvia de los escritos que continúan con la historia... ahora tengo acceso al medio día a internet xD.