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jueves, 4 de octubre de 2012

Hace 10 años, Un Pistolero Ha Nacido III, Prologo II, 2da Temporada


Parecía un grito de mujer, y recordó que había varios pasajeros con los síntomas en la primera clase. Cerró el equipo, se levantó poniéndolo en el asiento y tomó su arma para ponerla en su bolsillo interior de la chaqueta.

Caminó lentamente, pudo ver a varios de los pasajeros de la clase económica que parecían moverse entre sueños, como si tuvieran pesadillas, en el otro extremo observó a una joven pareja que parecían besándose aún en medio del hedor del aire.

Estaba en alerta, caminó suavemente mientras escuchaba a las azafatas gritarle a alguien que la soltara, que no siguiera así, que la mataría. Al acercarse he intentar de ver la escena, pudo ver como otro pasajero pasaba por los lados de las azafatas, su rostro parecía estar lleno de sangre, cuando tomaba su arma desde su chaqueta, vio que no las estaba atacando, sino que iba con un extinguidor de incendios que seguro tomaría del avión, hacia el pasillo al lado contrario por el que él se acercaba.

Pudo ver como una persona se encontraba sobre otra mujer, al parecer una azafata, mordiéndola y devorándola con mucho gusto, arrancando los intestinos dejando caer la sangre por sus manos y brazos, escurrirse mientras parecía tomar el intestino delgado como un largo espagueti que no podía chupar sino que iba mordiendo lentamente para seguir devorando.

La escena le dio asco y se volteó para vomitar, las azafatas habían dejado de gritar y hacían lo mismo, mientras el hombre primero descargó el extinguidor sobre la cara de aquél individuo. Ronald solo escuchaba la descarga del contenido de la bombona, y al levantar la mirada, se encontró con otra escena parecida.

Frente a él pudo ver a una mujer devorándose los intestinos de su compañero de al lado, sus ojos se encontraron por un momento, los ojos de aquella criatura habían perdido todo rastro de color en el iris, una sonrisa roja por la sangre que devoraba se dibujó en el rostro de ella, como en un gesto que podría haber pasado por sensual en otra situación, pero que rápidamente se convirtió en una mueca de odio y agresividad hacia su nueva presa.

Ronald saltó hacia atrás, cuando ella se había abalanzado al frente. Sin embargo ella no avanzó casi, ya que aún se encontraba sujeta con el cinturón de seguridad que nunca se llegó a soltar.

Deadborn se levantó y ella estiró las manos para intentar de sujetarlo, pero sus cortos brazos no se lo permitieron. Continuó escuchando gritos de dolor y de desespero en los pasillos y los asientos. Todo se había vuelto en una escena caótica, la sangre sobraba, las manos rostros y brazos de rojo volaban por el aire, mientras observaba al otro hombre aún golpeando con el extinguidor a la otra persona que se comía a la azafata en el suelo del pasillo.

Detrás de aquél hombre, otra de aquellas criaturas se acercó lentamente por la espalda, tomándolo de los hombros y lanzándose con todo su peso sobre el mismo para morderlo en el cuello y comenzar su merienda.

Deadborn decidió que iría hasta la cabina del piloto, tenía que tener mucho cuidado si llegaba a disparar no causara una descompresión en la nave reventando alguna ventana o dañando el fuselaje del avión empeorando toda la situación.

Comenzó a avanzar, tomó un extinguidor que encontró también en su pasillo, y golpeaba en la  cabeza a las criaturas que intentaban de tomarlo desde los asientos. Ya había tenido que disparar a personas, pero esto era diferente, no sabía si eran personas o criaturas, pero igual le molestaba y le dolía cada vez que tenía que golpear alguna de ellas a muerte.

Ahora sabía que no podía dejar morderse, y evitar por todos los medios el contacto físico con estas cosas. Se preguntó si no estaría ya infectado después de tomar las manos del Capitán cuando le entregó las cosas…

Recordó las cosas… Tenía que regresar a su asiento, buscar la lapto y toda su investigación. Sin eso no tendría nada para demostrar al mundo lo que estaba pasando y para entregar a su agencia los avances, buscando tal vez que se planeara una buena defensa contra estas cosas antes que llegaran a suelo nacional.

Empezó a retroceder. Golpeó de nuevo a otra criatura en la cabeza con el tanque del extintor y al hacerlo la que estaba a su lado lo tomó por el hombro. Empezó a jalarlo con fuerza, no comprendía como si “estaban muertos” podían tener tanta fuerza aún.

Soltó el tanque y se quitó la chaqueta en un rápido movimiento luego de tomar el arma. Se había liberado de aquella criatura, pero tendría que moverse rápido si luego quería volver a avanzar para llegar a la cabina del piloto.

Al voltear al frente para seguir caminando a la clase económica, un cuerpo de mujer salió de la pared lateral, que separaba las áreas, se paró frente a él viéndolo directamente, los brazos caídos, la ropa se veía sucia y las piernas morenas se habían puesto más oscuras con la sangre que corría por las mismas.

Una parte de su rostro devorado en el labio, dejaban ver los dientes en una sonrisa macabra he infernal, que no se parecía absolutamente en nada a la sonrisa de satisfacción que había descubierto en aquella hermosa morena en un viejo cuarto de hotel de Shangai…

Levantó su arma, ella pareció reaccionar y grito de furia y rabia abriendo la boca en un gesto de odio y lanzándose al frente para tomarlo, el aprovecho el movimiento y disparó a la cabeza con su pistola. Un hueco se abrió en el cráneo de aquella chica, y su rostro cambió a una mueca de sorpresa, ¿o tal vez de paz?, ante aquél golpe que la dejaría finalmente muerta.

La bala atravesó por completo su cabeza y se alojó en el pecho de otra criatura que ya se encontraba tras ella. Deadborn tomó de nuevo el extinguidor y derribó el otro cuerpo que había recibido el disparo que había hecho.

Pensó que sería difícil quitarse a las criaturas de un disparo en la cabeza sin que la misma atravesara más allá y causara un problema de descompresión en la nave. Avanzando con pasos determinados llegó hasta su asiento.

Mientras se acercaba pudo ver como los padres de los niños forcejeaban y “discutían” entre ellos por intentar de soltarse de los asientos, cuyas correas no habían sido soltadas al momento de dar la señal de desabrocharse los cinturones.

Cuando llegaba a su puesto pudo escuchar a la niña llorando, recordó que el niño que tenía a su lado se veía muy mal y bastante enfermo antes de quedarse dormido. Se preparó con el extinguidor cuidando su espalda que los padres asiáticos no lo tomaran, puesto que ya no tenía la chaqueta para zafarse con facilidad.

Al llegar al asiento no encontró su lapto o el teléfono en el mismo, pero pudo ver al niño que estaba a su lado, pataleando y alargando los brazos con fuerza al asiento de la ventana, sus gemidos y gritos de odio eran fuertes, se confundían fácilmente con toda la bulla que ahora ahogaba a la nave, pero no pudo ver a la niña…

Aprovechó que el niño estaba de espaldas y lo golpeó fuertemente en la cabeza, una, dos, tres veces hasta que pudo ver como la materia gris del cerebro salía por el cráneo y su cuerpo se quedaba inmóvil.

Seguía escuchando a la niña llorando, pero no podía ver su cuerpo. Observó a su alrededor que no estuviera cerca otra de esas criaturas sueltas, y con el mismo extinguidor para no tocar el cadáver levantó el cuerpo del niño.

En ese instante su corazón dio un vuelco y una sonrisa se dibujó en su rostro. Pudo ver a la niña que de alguna manera había alcanzado la lapto, seguro se había caído al suelo con las patadas de su hermano, o tal vez la tomara antes de que su hermano se levantara, no lo sabía con exactitud, pero ella estaba utilizando la lapto como un escudo, tirada en el suelo, acurrucada contra la pared del avión y con el equipo por delante sosteniéndolo con fuerza su hermano no pudo alcanzarla en su ataque.

Volvió a voltear a su alrededor, pudo ver a una de esas criaturas que venía caminando por el pasillo lentamente, aunque su andar era lento, siempre se mantenía constante, no quería dejar que se le acercara mucho, se agachó a donde estaba la niña y con suavidad le acarició el cabello.

La niña pegó un grito he intentó de golpearlo con el equipo, el pudo esquivarlo, tomarla del brazo y levantarla sin importarle que el equipo se cayera al piso, la apretó contra su pecho y comenzó a sisear para calmarla mientras le acariciaba el cabello y se volteaba a ver por donde venía la criatura.

Pudo ver que detrás de esta ya venían también otras 2 que se habían levantado de su comida o se habían logrado soltar de sus asientos. Sostuvo a la niña como pudo contra su pecho, le dijo que se tapara los oídos, levantó el arma y disparó.

La niña que estaba peleando y golpeando para soltarse, con el disparo dio un brinco, volteó a ver la cara de quien la estaba cargando un tanto aturdida y pudo ver su calma, su serenidad y su confianza en lo que hacía…

Ronald por otro lado, con concentración en las cosas que venían por el pasillo pudo ver como la primera de ellas caía con un agujero en su frente mientras las de atrás continuaban avanzando. Sintió los brazos de la niña abrazarlo y hundir su rostro en su cuello. Por un momento un escalofrío le recorrió la piel, no había pensado si la niña ya estuviera infectada y lo fuera a morder en ese momento… No lo había pensado porque el hermano la estaba buscando atacar y estas cosas parecían buscar carne viva, no a sus compañeros… Pero no podía estar seguro de nada.

La separó un poco, la observó, tenía algo de sangre en la ropa pero no parecía estar infectada. Le preguntó si la habían mordido y ella lo negó con la cabeza. La bajó un momento y le señaló el equipo que ella tenía con la mano izquierda mientras disparaba otra bala a la criatura que venía en camino por el pasillo.

Ella comprendió, aunque no sabía hablar mucho ingles, podía entender algunas palabras por las comiquitas que veía en sus canales de Disney en la televisión. Con mucho miedo estiró la mano para sujetar aquel aparato que le había ayudado a que su hermano no la mordiera, tenía miedo que se volviera a levantar y la alcanzara mordiéndola y comiéndosela como los monstruos de las noches en sus pesadillas.

En un momento el avión se movió bruscamente posiblemente por turbulencia, o algo más había pasado en la cabina de los pilotos. El cuerpo de su hermano saltó junto con ella y una mano le cayó sobre la cara.

Ella comenzó a gritar, soltó todo, se puso en posición fetal y comenzó a gritar, no podía controlarse, cerró los ojos y empezó a llorar llamando a su mamá y su papá aunque fueran dos mas de esos monstruos, se encogió y se quedó en el suelo sintiendo como el liquido caliente que había estado reteniendo de las ganas de orinar humedecía su ropa interior y corría por sus piernas.

Deadborn, maldijo por lo bajo por aquel “rebote” que había dado el avión, casi pierde el equilibrio y dio gracias a Dios que el arma no se le disparó ya que sacó a tiempo el dedo del gatillo. Las criaturas que venían a su encuentro en cambio si se habían caído. Se les veía torpes, como un borracho después de días tomando y en ese momento “la tierra se le había movido” por lo que no mantuvieron correctamente el equilibrio, regalándole unos hermosos segundos para tomar de nuevo a la niña que gritaba alocadamente en el suelo.

Tomó a la niña sintiendo sus piernas húmedas y con un fuerte olor a orina, para terminar de ayudar a su olfato entre tanta mierda y pudrición que ya se encontraba en el avión. Intentó recoger el equipo, pero se dio cuenta que se le dificultaría llevar con la niña cargada y las cosas sin sacar un bolso o algo, y ya no había tiempo para arreglar las cosas, esas criaturas ya se habían levantado y un bolso sería una forma sencilla de agarrarlo…

Tomó la decisión de dejar la lapto y toda su información, tomó el celular con la memoria Micro-SD en su interior, y arrancó de golpe el disco duro externo esperando que no se dañara ni perdiera la información que aún estaba abierta cuando lo extrajo tan de golpe.

Los guardó en sus bolsillos, abrazó a la niña contra su pecho para que no pudiera ver y se mantuviera tranquila… No estaba seguro si le entendía las cosas que le decía, pero le hablaba suave para calmarla…

Varias de esas criaturas venían por el pasillo, podría ponerse a dispararles y abrir paso por el pasillo, pero las balas se le acababan y no creía que le alcanzaran para matarlos a todos. Volteó al otro lado del pasillo y estaba mas desocupado. Al parecer aquellas cosas estaban siguiendo el ruido de su arma que venía de este lado.

Volteó a ver los asientos del medio que separaban los pasillos, y el que parecía mas tranquilo y con más posibilidades de pasar y ser alcanzado por él y la niña antes que por las criaturas era el que tenía a su lado.

Sin embargo tuvo que gastar 2 balas más para asesinar a los padres de la niña… Ella se pegaba a su pecho para no ver que ocurría, estaba confiando su vida en los brazos de un extraño, y con sus manos se tapaba los oídos que le dolían cada vez más con cada disparo que él hacía… Pero se quedaba tranquila, sabía que cada disparo, seguro era un monstruo menos que la quería comer… Solo quería saber si podría hacerlos a todos dormir de nuevo para que no la atraparan…

Deadborn pasó lo más rápido que pudo entre los asientos, pudo ver que las criaturas en su falta de inteligencia empezaban a tropezarse con los asientos cayendo al frente sobre los mismos, en su afán de perseguirlo bajo cualquier intento por más estúpido que pareciera.

Sabía que pasarían a su lado del pasillo, lentamente pero lo lograrían, si algo estaban demostrando aquellas cosas es que no escatimaban en intentos hasta lograr alcanzar lo que querían.

Comenzó a pasar lo más rápido que podía por el pasillo. Mientras veía a varias de esas criaturas comiéndose a otros pasajeros en los asientos, se llevó por el medio lo que parecía haber sido el brazo de alguna mujer joven que había quedado por el pasillo.

Logró alcanzar la separación entre la clase económica y la primera clase. El escenario no era para nada alentador. Parecía que ya no había más nadie con vida en esta sección. Todo lo que podía ver era el pasillo al otro lado lleno de criaturas caminando y buscando pasar los asientos centrales, aún pasando encima de otros de sus iguales para irlo a buscar.

Los que no estaban buscándolos estaban distraídos con los restos de sus comidas de los demás pasajeros que no habían estado infectados. Frente a él un grupo de varias criaturas se encontraban en el suelo devorando los restos de lo que parecía ser otra azafata, que no pudo siquiera convertirse en uno de ellos ya que la devoraban por completo.

No sabía que hacer, no veía posibilidades, y no sabía como haría para pasar por ese grupo apostado en el piso comiendo. Los del pasillo lateral seguían acercándose, desde atrás podía escuchar los quejidos de quienes casi terminaban de pasar los asientos hasta su pasillo y los que estaban comiendo en el frente comenzaban a levantarse al sentir que tenían comida fresca cerca…

Por un momento comprendió la razón que no se encontraran cuerpos del otro vuelo… Todos habían sido devorados, o se habían convertido en esas cosas, hundiéndose al fondo del océano… Se preguntó si morirían ahogados o ya no necesitarían respirar…

Eso pareció ya no tener mayor importancia. No le serviría de nada esa información. Podía disparar de nuevo, pero ¿cuantas balas le quedaban? 4… 6… no estaba seguro… Solo sabía que no quería acabar como una de esas criaturas, y no dejaría que esa niña sufriera más de lo que ya había sufrido y vivido valientemente con la muerte de sus padres, su hermano intentando de devorarla y quien sabe que habrá visto antes de este viaje cuando sus padres y hermano quedaron infectados…

Tomó su arma, la colocó sobre un lado de la cabeza de la niña. Cuando esta sintió el arma se separó de su pecho y se quitó las manos de los oídos. Se miraron por un momento a los ojos, sus lágrimas parecían haberse acabado, solo la tristeza y el miedo estaban en su rostro.

¿Sabría ella que era lo mejor que él podía intentar de hacer en aquél momento?, no intentó defenderse, no lo golpeó más, no peleó, solo lo veía con una mirada de derrota como esperando que todo fuera una pesadilla y que con eso pudiera despertar en su cama caliente, en su casa, con su muñeca para prepararse a otro día de colegio…

La voluntad de Deadborn pareció quebrarse, se puso a llorar mientras observaba sus ojos, nunca había disparado a niños y menos a una niña y tan de cerca… Nunca disparaba a mujeres o niños sin importar la situación, y hoy rompería su propia promesa…

En ese instante por su vista periférica pudo ver algo que se movió con mucha rapidez del otro lado del pasillo, forcejeaba con una de esas criaturas, y volteó para ver con más claridad que era exactamente.

Pudo ver a un hombre alto, moreno de buena musculatura como casi “arrastraba”, guindando de lo que parecía ser un bolso a su espalda, a una de esas criaturas que buscaba detenerlo.

Pudo reconocer al instante el uniforme blanco, se dio cuenta que era uno de los copilotos que había venido con el capitán y estaba abriendo la puerta de emergencia lateral que daba al ala del avión…

Comprendió lo que pasaría, colocó el seguro del arma y se agachó abrazando con fuerza a la niña y buscando sujetarse contra los asientos tensando sus piernas y pegando la espalda al asiento tirado al suelo.

Vio como las criaturas a su espalda ya habían alcanzado el pasillo donde él estaba, las que tenía en frente ya estaban de pie en aquél momento, y una estaba terminando de pasar sobre los asientos del medio del pasillo…

Aquel hombre abrió la puerta de emergencia en medio de un grito mientras una de esas criaturas le mordía un brazo, la descompresión y la fuerza del aire no se hizo esperar…

La fuerza y la presión hicieron salir volando por la puerta al copiloto y a todas las criaturas que se encontraban de pie o no aseguradas. El avión comenzó a caer en picada, las mascarillas de oxígeno se soltaron de sus lugares de seguridad sobre cada uno de los asientos.

Escuchó como el fuselaje se quebraba de ese lado de la aeronave, y como los asientos de esa pared salían golpeando el ala y la parte externa del avión mientras eran arrastrados por la descompresión. El viento jalaba con demasiada fuerza y por un momento perdió el equilibrio de las piernas con el que se sujetaba…

Solo le dio tiempo de voltearse y golpear los asientos centrales con la espalda, sujetándose con una mano como pudo a un cinturón de seguridad y con la otra apretando como podía a la niña a su pecho.

Con mucho esfuerzo pudo arrastrarse de nuevo al suelo, no sabía cuanto tiempo les quedaba, pero sabía que debía llegar a la cabina del piloto. Si el copiloto tenía un paracaídas tal vez se salvaría, siempre y cuando la altura, la presión y otros factores no lo destruyeran en la caída, él y la niña podría intentar de alcanzar la misma posibilidad, a una menor altura…

Empezó a moverse por el pasillo arrastrándose pegado al suelo, como los soldados en sus entrenamientos, era muy difícil, y aún más difícil manteniendo a la niña bajo de él, buscando no aplastarla demasiado. Sentía como sus pequeñas manos luchaban por sujetarse fuertemente de él aunque sabía que no era mucha su fuerza podía ser de algo de ayuda…

Ya sin cuerpos en el camino, y las criaturas que quedaban estaban sujetadas a los asientos, pudo pasar a la sección final, el pequeño pasillo justo antes de la cabina del piloto. Todo temblaba locamente y era muy difícil moverse, podía seguir sintiendo como el aire corría por todo el lugar buscando succionarlo en todo momento hacia fuera.

También sintió un hilillo de sangre cuando corría y salía por su oído derecho. Seguro era la descompresión, una rotura del tímpano y esperaba que no fuera nada peor. Abrió la puerta de los pilotos como pudo, empujó a la niña a su interior y se arrastro luego él detrás de todo aquello.

Pudo ver como el cuerpo del capitán se había estrellado contra el vidrio delantero y no se movía. Parecía que en algún momento con los brincos que estaba dando el avión se hubiera clavado ahí en el cristal. No podía saber si estaba muerto o vivo.

Hizo el movimiento para tomar su arma, dándose cuenta que la había perdido en algún momento durante la descompresión de atrás. Seguro la había soltado mientras buscaba sujetarse, o se le había salido, no era momento para pensar en ello…

Sentó a la niña en el asiento de la derecha de la puerta, el que utilizaba el tercero al mando cuando entró la primera vez en esa cabina, y que luego utilizaría el capitán para intentar de dormir un poco. Con la puerta cerrada seguía siendo difícil mantener el equilibrio por todo el movimiento de la nave, pero por lo menos ya no tenía la presión buscando sacarlo del avión.

Le puso a la niña la mascarilla de oxígeno, se acercó al asiento donde originalmente estaba el capitán, se amarró las correas como pudo, volteó a ver la puerta comprobando si le había puesto seguro para que la niña no se saliera y recordó que ya la había amarrado a ella también.

Al regresar la vista pudo ver como el pecho del sub-capitán y su cuello era una masa roja de sangre donde ya no era posible ver lo blanco del uniforme. Sus ojos estaban vacíos y no se veía rastro de los glóbulos oculares, que tal vez fueran comidos por el capitán…

No sabía volar, y mucho menos un avión de tan gran tamaño, pero conocía lo básico que siempre hablaba con su padre. Si tal vez, y solo tal vez lograra hablar por radio con alguien lo pudieran guiar… Lo había visto mucho en las películas, que tan difícil podría ser seguir las instrucciones de alguien en tierra…

Tomó los controles, veía como la tierra se acercaba rápidamente, lo primero era levantar la punta del avión para que no se estrellara tan rápido. Sabía que muy posiblemente se estrellaría pero intentaría que no fuera tan estrepitoso y pudiera salir con vida, se jugaba la vida en ello, literalmente…

Sintió la fuerza del avión que intentaba levantarse pero algo fallaba. No comprendía porque no levantaba la punta, porqué no lograba hacer que subiera y se estabilizara…

En eso sintió una mano en su hombro. Se sobre saltó, gritó y se asustó sintiendo como el corazón le subía al cuello, su respiración se cortó por un momento, los ojos se le abrieron todo lo que podía mientras su mirada volteaba en lo que para él fue una eternidad a ver el rostro de quien lo asesinaría…

En ese momento pudo ver a la azafata Contreras, (Verónica… así la había llamado el Teniente, Verónica Contreras), tenía unas vendas en el brazo, manchados con sangre, pero su rostro no presentaba ese color grisáceo de quienes se convierten en esas criaturas.

-      Debes ayudarte con los alerones… No se que fuerza, no se que presión o donde están pero siempre les escucho hablando de ellos cuando necesitan subir y bajar mientras mueven estas cuatro palancas.

Su voz se escuchaba calmada para la situación que se estaba viviendo. Volteó a ver a la niña que había ayudado a salvar, y estaba acurrucada viéndolos. Tal vez había notado que la azafata no era uno de esos monstruos, o sencillamente se había cansado de gritar, no estaba seguro pero la niña no parecía poder hablar mientras su mirada jugaba entre ellos y el cuerpo del capitán que continuaba incrustado en el vidrio.

El volteó de nuevo, recordó que su padre en una oportunidad se lo había dicho y le había explicado cuales eran las palancas de los alerones y cuales de la aceleración, este avión era de 2 motores en cada ala, por lo que identificó rápido cuales eran de velocidad y cuales de los alerones.

No estaba seguro si tenía que bajar o subir la palanca de los mismos, no estaba seguro de nada de lo que tenía que hacer en realidad. Sin embargo tenía que intentarlo por lo menos antes de estrellarse, por lo menos sabría que lo habría intentado…

Movió las palancas de los alerones, y volvió a jalar el volante del avión hacia él mismo… Sintió como en esta oportunidad el avión si comenzaba a estabilizar su punta delantera… No parecía que pudiera hacerlo a tiempo, la tierra ya estaba demasiado cerca, se estrellarían, estaba seguro que ya estarían cerca de Paris Francia, tenía que estarlo si quería tener alguna posibilidad de salvarse.

La nave seguía descendiendo, había logrado ponerla en horizontal desde su posición inclinada y casi vertical con la que caía unos segundos antes… Por un instante sintió que la nave se había nivelado, quería sonreír, por el vidrio podía ver el cielo, sabía que la nave hacía su mejor esfuerzo por mantenerse en el aire después de una caída en picada tan rápida.

Observó lo que creía que era el control de la altura, y la bola que indicaba si tenían tierra o cielo sobre su cabeza. La altura era imposible significaría que estarían prácticamente sobre tierra o sobre los árboles más altos de la zona que había visto mientras descendía, mientras la bola de nivelación le mostraba que el avión ya se encontraba en posición vertical nuevamente pero apuntando al cielo como intentando de despegar.

Sintió un golpe en el fuselaje de la nave, lo escucho crujir y sonar como si en sus pies hubiera sido, mientras unas ramas de pinos cortadas golpeaban el frente de la aeronave. Comprendió que no tenía nada de tiempo, que no podría hacer mucho más y se estaban estrellando…

Jaló las palancas de velocidad para reducirlas, los alerones terminó de moverlos para darles toda la fuerza de subida, y se mantuvo con el volante pegado a su pecho. Lo siguiente que sintió fue el golpe de la aeronave a algo mucho más grande, un montículo tal vez, escuchó como la parte de atrás del avión se partía separándose la nave y escuchaba una explosión detrás de él.

Sintió un fuerte golpe en la cabeza, no estaba seguro con qué se golpeó pero el dolor le comenzó a nublar la vista. Luego solo la oscuridad se apoderó de sus sentidos y perdió el conocimiento…

Deadborn no estaba seguro cuanto tiempo había pasado. Empezó a levantarse con un fuerte olor aceites quemándose y el monóxido de carbono tapando sus pulmones. Su vista era sumamente borrosa.

Creía que podía ver unos edificios a través de la ventanilla, pero en su estado no estaba seguro de nada. Le dolía la cabeza, no estaba seguro de donde estaba, se sentía muy desorientado. Escuchaba el crepitar de las cosas que se estaban quemando, y había otro sonido en el aire… No estaba seguro de que estaba escuchando y no podía poner sus ideas en orden. Sentía que estaba en peligro pero no terminaba de definir la razón…

Un grito de una niña lo ayudó a reaccionar, algo en su subconsciente se disparó, la adrenalina comenzó a fluir por su sangre y volteó a ver el origen del grito que había escuchado. Detrás de él pudo ver a una niña sentada en un asiento parecido al que él se encontraba, amarrada también por los cinturones de seguridad. Tenía las piernas recogidas del miedo y lloraba con mucho miedo ante algo que se movía a unos pocos pasos de su asiento.

Comenzó a quitarse  los cinturones de seguridad que lo sujetaban, le vino a la mente el recuerdo de un día con su padre en una cabina de piloto de avión y comprendió que estaba en el asiento de piloto de un avión que se había estrellado.

Cuando se levantaba, volteó a ver quien era el copiloto que lo había ayudado, y si estaba vivo o muerto… Cuando sus ojos pudieron acostumbrarse a la poca luz que había dentro de la cabina, y el aturdimiento continuaba disminuyendo, pudo ver como un ser que no debería de estar vivo en ningún sentido, le faltaba la mandíbula inferior, no tenía ningún ojo en sus cuencas y estiraba sus manos desgarradas en búsqueda de sujetarlo mientras su lengua, como en una burla de una serpiente, se movía deseosamente por saborearlo.

Recordó lo que había ocurrido, como los muertos se levantaron en el avión, como había luchado por su vida, por la vida de la niña que estaba tras él en el otro asiento y todo lo que sufrió para intentar de mantenerlos con vida…

Al voltear a ver de nuevo a la niña, ya que el copiloto estaba aún con sus cinturones de seguridad muy bien amarrado al asiento, pudo ver que la azafata que los acompañó al final del viaje, la que estaba en la cabina escondida cuando el tomó el control del avión, le faltaba toda la parte inferior del cuerpo.

De sus caderas para abajo era solo un amasijo de tripas, mierda y sangre arrastrándose por el suelo, sus manos se movían lentamente, buscando alcanzar la silla donde se encontraba aquella niña.

Nuevamente sintió que quería llorar, ella le había recordado lo básico que le había enseñado su padre, lo que le ayudó a levantar el pico de la nave y que al estrellarse les dio la posibilidad de sobrevivir un poco más…

Se acercó a ella por un lado, y cuando esta lo sintió intentó de agarrarlo por un tobillo. Pero él fue mucho más rápido que ella, levantó la pierna y empezó a pisarle el cráneo una y otra vez hasta que su cuerpo dejó de moverse.

Volteó de nuevo a donde estaban los otros dos cuerpos adelante, el del capitán en la ventana no se movía y el copiloto continuaba con los brazos a un lado buscando alcanzar el alimento que no era capaz de ver.

Se agachó a desabrochar los cinturones de la niña, mientras esta seguía llorando. Habían pasado por mucho, a ella le había tocado duro al ver a su familia asesinada, a las criaturas intentando de levantarse, al ver a un avión cayendo sin saber si estaría con vida…

Sentía que no podía hablar, mientras miraba a aquél caballero… Le recordó una comiquita de juguetes que había visto en Disney, su rostro aunque mas grande y parecía tener muchas mas fuerza y su cuerpo parecía al del vaquero… Con su pistola había espantado a los monstruos y la había rescatado de todo lo que había ocurrido… Tal vez ahora podría estar con él porque no sabía con quien más podría ir en otro país, (significara lo que significara), y sin saber donde vivía más nadie de su familia…

Él la abrazó suavemente, comenzó a salir de los restos de aquella cabina, brincando entre escombros y cuidando que no hubieran quedado criaturas vivas que pudieran tomarlo en cada paso que daba para salir de aquél infierno…

Desde lo lejos, si alguien hubiera prestado atención, hubiera visto a un hombre, de jeans oscuro, camisa medio destruida, con salpicaduras de sangre en varias partes del cuerpo, un rostro un poco inflamado de los golpes que recibió y con una hermosa niñita en sus brazos saliendo de los restos en llamas de un avión transcontinental…

Pero no había nadie… No habían llegado bomberos, no habían llegado policías, ni agentes, ni curiosos ni nadie… Podían ver una ciudad delante de ellos, la parte delantera del avión había quedado justo en la entrada de una gran ciudad que podría ser Paris u otra ciudad diferente…

Sin embargo nadie les prestaba atención… Todo el mundo estaba corriendo, disparándose unos a otros, peleando con bates, tubos, llaves, corriendo sin una dirección específica, en el suelo dejándose comer por las criaturas que los habían invadido…

A lo lejos se podían notar varios incendios, las sirenas y las explosiones, junto a las detonaciones de las armas, los gritos de las victimas, el llanto de los niños parecían el fondo de una canción horrible que se dibujaba en el horizonte.

Los sobrevivientes de aquél vuelo se vieron a los ojos, la tristeza los invadía… La pesadilla no había terminado, apenas comenzaba y tendrían que mantenerse juntos para sobrevivir.

-      Me llamo Ronald… Ronald Deadborn de Estados Unidos y no se donde estamos ni como viviremos, pero te juro que te protegeré como sea y contra todo lo que pueda mientras siga con vida pequeña…

-      Mi nombre es Hiromi Oshima, aunque mis amigos me llamaban Hiro… Tengo miedo…

-      Todos tenemos miedos pequeña… Y con estos monstruos es normal… Me puedes llamar Ronald o Romie si quieres… Así me llamaba mi madre…

-      ¿Te puedo llamar Woody? O ¿Wood?

-      ¿Porqué ese nombre?

-      Porque me recuerdas a mi héroe favorito… El vaquero Woody de Toys Tory de Disney…

Una sonrisa se dibujó en el rostro de Ronald… Le pareció gracioso que lo comparara con un vaquero de comiquitas, cuando su nombre era en realidad un acrónimo de “Roland” que era “El Pistolero” de las novelas de Sthephen King que estaba leyendo su madre durante el embarazo y del que dijo que se había enamorado sin ser un personaje real…

-      Esta bien Hori… Puedes llamarme Woody si quieres… Aunque existe otro Pistolero, o Vaquero más famoso que se llamaba Roland y que a mi madre le encantaba…

-      ¿Y este pistolero siempre salvaba a los niños?...

La pregunta lo dejó frío… Recordó que el pistolero dejaba morir a un niño para poder alcanzar su meta… Empezó a caminar con dirección a la ciudad que tenían enfrente, no les tomaría más de una hora tal vez llegar a ella…

-      Siempre se preocupaba por todos… Y tal vez algún día cuando acabemos con todos los monstruos te pueda leer todos sus cuentos…

Pensó en las posibilidades que tendrían si esto se expandía tan rápido como lo había hecho en el avión… Los infectados vivos tardaban en morir… Pero una vez un infectado moría no le tomaba absolutamente nada de tiempo levantarse de nuevo y comenzar a atacar a otras personas.

Mientras caminaba, alejándose de los escombros del avión, unas piezas comenzaron a moverse, y entre las sombras, como atraídos por el ruido, tal vez sintiendo la comida que se les acababa de escapar, o sabrán los demonios y el infierno por qué razón, cuerpos de personas mutiladas, faltando brazos, piernas, sin la parte baja de las cinturas que fueron cortados por los cinturones de seguridad, prendidos en fuego… No importaba, todos debían estar muertos, pero todos caminaban lentamente, gruñían, mordían el aire y andaban con la mirada perdida en el vacío…

Hace 10 años, Un Pistolero ha Nacido II, Prologo II, 2da Temporada.


Necesitaba regresar a la civilización, allá donde estos cuentos de Muertos que Caminan son imposibles, donde las enfermedades son tratadas por expertos médicos y buscan su cura, donde las pesadillas solo eran eso, pesadillas de una mala noche de sueño.

Levantó la mirada de nuevo... Escuchó a algunas personas hablando en ese idioma cantante que tienen en esta parte del mundo, no podía comprenderlo puesto que parecía que todos hablaban al mismo tiempo.

El niño estaba dormido, los padres de los niños también… La nenita en cambio se había encogido de pies y manos apretando con mucha mas fuerza su muñeca y llorando para sus adentros.

Un fuerte olor a mierda le llegaba de algún puesto cercano, no estaba seguro si había sido el niño a su lado que estaba enfermo, o de algún pasajero que no cerrara la puerta del baño luego de salir del mismo en una emergencia estomacal.

Pudo ver a su amante – azafata caminando por el pasillo de venida. Parecía un poco preocupada en su rostro, la miró directo a los ojos intentando de reconocer si quería decirle algo con la mirada, sus acciones o si realmente venía a hablar con él. Si una situación de rehenes se había presentado en la nave no quería que la vieran hablando con él directamente, pero aún así ella se acercó hasta donde él estaba ignorando a otros pasajeros…

Se inclinó, permitiéndole ver el suave escote de su ropa, pero su voz inmediatamente le despertó una alarma en algún punto de su subconsciente, provocando que su mirada se levantara automáticamente a su rostro y sus labios carnosos que aún podía sentir explorar sobre su propia piel…

-      El capitán te quiere ver. Te habías quedado dormido así que no quise despertarte… Parecías incomodo pero mas bien me imaginé que estarías muerto del cansancio para poder dormir en medio de este horrible olor. – Le regalaba una hermosa sonrisa mientras le mostraba otro vaso nuevo de Whisky ya que el anterior se lo había quitado cuando lo vio dormido por seguridad. - El capitán dice que se siente muy cansado así que prefiere verte de una vez y luego lanzarse un descanso de un par de horas para retomar energías, no quiere preocuparte más de lo necesario, porque sabe lo del vuelo secuestrado de hace unos días…

Ella se levantó sin esperar respuesta de él, y empezó a atender a los pasajeros que estaban frente a Ronald. Mientras él pensaba en las palabras del Capitán. “El sabe lo del vuelo secuestrado de hace unos días…”

¿Que tan literal eran aquellas palabras? No estaba del todo seguro, pero tal vez podría averiguarlo de primera mano…

Se levantó de su asiento, con mucha flojera y sintiendo el cuerpo algo pesado del sueño del que acababa de despertar. Había dormido unas buenas horas. Ya tenían la mitad del vuelo adelantado. Introdujo la lapto en el bolso de tela debajo de su asiento, donde debería de estar el salvavidas que había sacado para meter el equipo y que más nadie lo tomara si tenía que levantarse de su asiento.

Cuando pasó por detrás de su amante – azafata, por su mente pasó el recuerdo de haberla tenido en esa posición inclinada, a la orilla de aquella cama, en aquel oscuro pero delicioso hotel de Shangai. Ella gritaba salvajemente pidiendo más, mientras tomaba con fuerza las sabanas, ambos sudados, y el muy cerca de terminar, casi podía sentirla de nuevo así, puesto que aún estaba un poco meditabundo y adormilado con pesadez en los ojos…

Su mente regresó al avión, cuando lo alcanzó de nuevo el olor a pudrición y mierda que había en el aire. Ella estaba moviendo al señor del asiento diagonal a él. Era una persona mayor, al parecer estaba dormido, y se había hecho encima…

No quiso imaginarse lo incomodo de aquél momento y que no podía haber peor momento para recordar un instante tan divino como aquella noche en el hotel, por lo que continuó con sus pasos.

Sus sentidos se estaban despertando y poniendo en alerta, sabía que si en verdad había una situación de rehenes, (que no parecía para nada una situación así dada la tranquilidad de la azafata), no podía cargar con él el arma al momento de encontrarse con los secuestradores. Puesto que lo revisarían mientras ideaba un plan para poder ayudar a todos y sería peor luego. Y también que tendría que quitarse aquella pesadez antes de llegar a la cabina

Entre los pasajeros de clase económica donde se encontraba, había muchos pasajeros durmiendo, pálidos, caídos de lado en sus asientos como si se hubieran desmayado más que se hubieran dormido.

Por un momento la imagen cambió drásticamente en su mente, podía imaginarse a todas esas personas levantándose de golpe, con las mandíbulas abiertas, hambrientos de carne humana, como en aquellas películas viejas de George Romero, “Los muertos caminan” o algo así, como en sus últimas pesadillas…

Pero su mente regresó al momento, pensando que no era posible. Aunque muchos detalles de su investigación aún no estaban completos y eran imposibles de explicar, a menos que esa idea no fuera tan loca, pero sus superiores lo tildarían así y lo sacarían del programa y la investigación más rápido que inmediatamente.

Tal vez ya se hubieran enterado de esas ideas y por eso lo habían mandado de vacaciones tan repentinamente, con la única orden de “Salir inmediatamente del país Asiático he ir a cualquier lugar del mundo donde se sintiera confortable y en paz para descansar.”

No sabía porqué esas ordenes habían llegado tan repentinamente, y menos a mitad de una investigación. También le había llegado una carta de sus padres que le habían enviado a la agencia donde le decían que querían aprovechar una nueva luna de miel en Paris, como siempre lo habían soñado desde que eran jóvenes… Y la embajada no había dudado en conseguirle el pasaje inmediatamente a Paris cuando les preguntó si podían hacerlo.

A la embajada también le habían ordenado a retirarse paulatinamente, en silencio sin levantar sospechas para evitar un cerco completo o que el país Chino investigara algo. Tal vez ya sepan algo más, o consiguieran alguna otra información con alguien más en otra misión.

Pasaba por la primera clase del avión para dirigirse a la cabina del piloto. Aquí no llegó a observar el rostro de ningún asiático. No sabía si sorprenderse de ese hecho, o parecerle normal, ya que no había hecho ese viaje en otros momentos como para corroborar los temores que tenía.

La primera clase estaba llena de personas de distintas nacionalidades. Tal vez Franceses, Alemanes, Americanos, Latinos, Españoles… Pero no pudo ver a ningún asiático entre los asientos en la vista fugas que tuvo.

Si pudo observar que varias personas parecían tener la misma tos o gripe que el capitán había parecido mostrar con el malestar por radio. Pensó si tal vez no sería más contagioso de lo que esperaba, y si debería regresarse a buscar el tapabocas que tenía en su bolso de mano sobre su asiento.

Decidió continuar, ya se lo pondría cuando regresara a su puesto, prefería llegar directo hasta la cabina del piloto y hablar con el Capitán. Quitarse de la cabeza aquella idea de que los secuestradores tenían el avión y lo estaban esperando para noquearlo o dejarlo incapacitado.

Notaba en la mirada de las demás azafatas que atendían la primera clase, que volteaban a verlo con cierto miedo en los ojos. No sabía como explicarlo, como expresarlo o como hacerles sentir que las comprendía, y que se estaba preparando para lo peor que pudiera ocurrir en esa cabina. Eso no ayudo en nada a sus propios nervios.

Al llegar frente a la puerta que lo separaba de la cabina de pilotos, se puso nervioso, no sabía si continuar sin avisar y entrar directo, si esperar a que alguien entrara o saliera y hacerse el aludido, o tocar y esperar que le abrieran la puerta…

En todo caso había decidido entrar mejor sin avisar, directo. Si lo estaban esperando no importaba que opción tomara, tenía que estar preparado para ser abarcado directamente por hombres con armas o bombas en la cabina y preparando todo para otra masacre en el aire…

Cuando comenzó a abrir la puerta un olor a sangre lo invadió automáticamente, se detuvo con la puerta entreabierta, era inconfundible ese olor, le recordó inmediatamente una de las cabañas que había visto en el interior del país Chino, con todos en su interior muertos de unas pocas horas y su sangre aún chorreando de sus cuerpos, donde los culpables lo habían eludido por apenas minutos a su llegada. Y que eran en parte las causales de sus pesadillas del último día.

Sacó esas imágenes de su mente, necesitaba estar aquí y ahora, no en un pueblo perdido en las selvas Chinas donde cultivaban los alimentos del país. Pudo ver por la pequeña rendija al copiloto manejando tranquilamente en el asiento derecho, no parecía sobresaltado, sabía que el segundo hombre debía de estar a la derecha de la puerta, y el capitán en el asiento izquierdo.

Una mano comenzó a posarse sobre su hombro derecho desde su espalda, a pesar del suave tacto de la mano, no pudo evitar sobresaltarse, giró bruscamente alarmado. Todo le decía que había caído en una trampa y maldecía para sus adentros por no haber llevado el arma y dispararle directo a la cara al secuestrador que le tomaba el hombro.

Cuando se volteaba, pudo ver el rostro de la azafata de cabellos dorados que habían llamado en un principio desde la cabina, con una bandeja sostenida en una mano con algunas toallas y una jarra de agua.

Al mismo tiempo escuchó la puerta de la cabina terminarse de abrir a su espalda, nuevamente se volteó con los ojos muy abiertos, esperando sentir el frío de algún cañón de pistola tocando su frente mientras lo amenazaban con matar si decía una palabra, o peor aún a otra criatura con la boca abierta lista para lanzarse encima de él como en la pesadilla de hace un momento…

En cambio solo pudo ver el uniforme del Teniente que acompañaba al Capitán y al Sub-Capitán de vuelo, con su insignia dorada en el pecho, y aquellas hermosas alas doradas que lo identificaban como un piloto, que le recordaron las alas doradas de su padre…

Su piel se había puesto pálida, sudaba frío, las manos se le congelaron y empezó a tener pena ante la situación que estaba viendo que se llevaba en aquél momento…

-      ¿Se encuentra bien? – Escucho de una dulce voz suave a su espalda proveniente de la azafata que cargaba con la bandeja donde estaban las toallas y la jarra de agua. – Está pálido, por favor no me diga que también pescó esa gripe como muchos de nuestros pasajeros…

El Teniente en la cabina realizó un ligero movimiento de la cabeza asintiendo mientras lo miraba a los ojos, como diciendo: “Dale hombre, todo está bien relájate y contéstale a la señorita” así que se volteó para verla de frente y a los hermosos ojos verdes en los que no había caído en cuenta hasta ese momento…

-      Estoy bien gracias, solo me sentí mareado por un momento con el movimiento del avión mientras avanzaba a la cabina, pero ya estoy mucho mejor…

Tomó con sus manos la bandeja plateada para ayudarla, y se dio la vuelta para ingresar en la cabina.

-      Cuando pude ver que la puerta se medio abrió – Comentaba el Teniente. – No estaba seguro si era que Verónica la había dejado abierta o si era usted que lo estábamos esperando, por eso me levanté y la abrí así. Disculpe si lo asusté por un momento señor…

-      Deadborn… Ronald Deadborn… Y solo vengo para ver como está el Capitán. Es un viejo amigo y me preocupó cuando lo escuché toser así en el comunicador…

Pasó por un lado, no comprendía de donde había venido el olor a sangre, la azafata le había indicado que dejara la bandeja en una mesita que estaba a un lado de la cabina, donde al parecer ella servía los cafés y las bebidas de los pilotos.

Se acercó al puesto del Capitán, con algo de nervios aún, pero ya se le estaban pasando ante aquella situación. Escuchó que lo llamó por su nombre directamente, haciéndole señas para que se acercara mientras miraba a su copiloto y terminaban de apretar unos botones en el panel de control.

El Capitán se quitó los audífonos, y pudo escuchar al copiloto que hablaba por radio informando que ya se había trazado curso, todos los controles estaban estables y correctos y el autopiloto había sido activado para el cambio entre el Capitán y el Teniente.

Aquel capitán era una persona con unos pocos kilos de más, pero aún así esos kilos estaban bien distribuidos en puros músculos, su barba tenía algo extraño en ese momento, sabía que tenía algo que no había tenido cuando lo vio al subirse al  avión, pero no lograba notar que era lo diferente…

Se estaba quitando los cinturones de seguridad, y al levantarse para voltearse, Ronald comprendió de donde venía el olor a sangre de la habitación. El frente de su uniforme blanco había quedado manchado y oscuro con lo que parecía ser su propia sangre. Y había algo más... algo que al igual que su barba no lograba captar por la impresión de la sangre…

La azafata detrás de él ya humedecía un pañuelo para pasárselo al capitán mientras este hablaba con Ronald…

-      Tranquilo Ronald… Se que posiblemente muchos pasajeros se pusieron algo nerviosos cuando me escucharon maldecir… Es algo que se me pasó cuando noté que de la tos había salido un chorro de sangre que me manchó el uniforme. – Tomaba una de las toallas húmedas y se limpiaba la boca y la barba, notó como la toalla también se ponía oscura al igual que su uniforme, y su barba volvía a hacerse blanca y canosa… Comprendió lo que le veía diferente… - Esta mierda me embarró todo… Tengo otro uniforme pero me lo pondré cuando aterricemos para no asustar a los pasajeros. Aunque cuando comenzó el vuelo fue fuerte, hace un momento me volvió el acceso de tos y aunque no me guste voy a entregar el mando a estos hombres que conocen a la perfección como volar este avión hasta su destino.

Ronald no sabía que decir, pero su mirada tuvo que delatarlo, puesto que el capitán tomo un gel antibacterial, limpiándose las manos y continuó conversando…

-      Puedes Regresar a tu asiento tranquilo amigo. Pero te quiero dar un regalo… - En ese momento se acercó a una especie de gaveta pequeña que había donde pudo ver que habían algunas cosas que posiblemente eran de él. – Esto es un regalo de despedida… Se que viajas mucho, y yo creo que me retiro dentro de poco, un recuerdo de todas las horas que hemos pasado juntos en los vuelos y que compartimos en tantos bares del mundo…

Ronald no comprendía sus palabras… A ese capitán apenas lo había visto por primera vez en ese viaje, y acababa de mentir diciendo que era un amigo para no levantar sospechas del teniente y el sub-capitán que estaban ayudándolo en el vuelo, pero ante la situación prefirió seguir la corriente. Le estrechó la mano y sintió como puso en su mano un objeto metálico y un sobre pequeño…

-      El sobre no lo abras hasta que llegues a casa con tu mujer y tu hijo… Es un regalo para ellos… El resto es tuyo… - Le soltó la mano y se movió hacia la silla lateral donde se encontraba anteriormente el Teniente. – Bueno ahora si quiero descansar un poco… - Volteó a ver con mirada de complicidad a Ronald… - Esta gripe me está matando y no quiero despertarme con mucha hambre después…

Ronald solo asintió, creía que el capitán tenía la misma corazonada que él en cuanto a los hechos, había comprendido la situación, no quería alertar a los demás en la cabina, pero parecía saber algo del vuelo secuestrado hace unos días… Ronald no estaba seguro como tenía esa información, pero si estaba seguro que la había obtenido y lo sabía…

Se despidió de los presentes y decidió irse a su puesto sin buscar levantar sospechas. Caminó tranquilamente y ya con una media sonrisa en el rostro. Las azafatas lo vieron y parecían respirar un poco más tranquilas al verlo caminar tan despreocupado.

El observaba cuantos pasajeros se encontraban con aquella extraña gripe, intentó de contarlos mientras caminaba a su clase económica, ¿podía ver unos 20 o 25 tal vez?... ¿Qué pasaba con los dormidos?... ¿Cuántos de ellos estaban realmente dormidos del cansancio o del vuelo, y cuantos por la enfermedad?...

Creía que podrían estar llevando esta enfermedad a Francia. Ya había visto algunos casos en China, pero no los había visto en Shangai sino en el interior donde la gente estaba desapareciendo y los pueblos se estaban quedando vacíos…

Los había visto en las cercanías de los campos donde los cuerpos decapitados se encontraban sobre la hierba y las plantaciones, donde las cabezas se exhibían quemadas en piras funerarias, donde los cuerpos después de mutilados y decapitados habían sido dejados al aire libre para ser comido por los animales salvajes, tigres, leones, zorros, animales carroñeros…

¿Qué otra explicación podía haber para las mordeduras, las tripas en el aire, la falta de partes del cuerpo en todos los muertos que se encontraban…? Aparte claro del tráfico de órganos, encontró muchos cuerpos que les faltaban los corazones, hígados, los ojos…

Recordó las clases de historia, cuando las fuerzas aliadas encontraban las fosas con cientos de cuerpos de judíos asesinados. Pero todos eran asesinados con disparos en la cabeza. No eran mutilados, no les cortaban las cabezas para quemarlas aparte, ni habían mostrado tanta brutalidad contra sus victimas…

Al pasar a la clase económica, pudo sentir que el olor a mierda era demasiado fuerte ahora, en comparación a cuando se fue. O tal vez fuera el respirar aire limpio que le hizo percatarse de lo fuerte que era el olor en aquel momento…

Ya habían pasado más de la mitad del viaje, tal vez faltarían unas 3 horas o 2 , pero sabía que en el avión pasaba algo extraño y estaba alerta… Ya no era tanto por un posible secuestro terrorista, sus miedos y pesadillas por su investigación estaban en un punto alto. Estaba casi seguro de haber atado todos los cabos sueltos, y que realmente los muertos “se levantaban” para comerse a los vivos… Solo faltaba ver a uno que realmente lo hiciera, aunque esperaba que no fuera en el avión, y que tampoco fuera en otra pesadilla donde siempre terminaba muerto.

La clase económica se había transformado en un mar de personas dormidas o desmayadas. Era más fácil contar cuantas personas se encontraban en alerta y asustadas por la situación de los demás que contar cuantos de ellos estaban dormidos o desmayados.

Pudo sentir como el olor a mierda y pudrición se había apoderado de toda la sección del inmenso avión. Había una persona que parecía estar convulsionando, los pasajeros estaban muy nerviosos, los que aún estaban despiertos.

Ronald decidió pasar rápido a su asiento y sacar el equipo y el arma a un lugar más accesible, pero debía hacerlo con cuidado sin que más nadie notara el arma para no terminar de despertar el pánico.

La persona mayor que estaba atendiendo la azafata cuando se fue, se encontraba recostado o dormido, con la cabeza apoyada en la mesa del asiento de enfrente y la cara hacia el interior que no le fue posible ver a Ronald. El niño a su lado se encontraba encogido también sobre su propio cuerpo y sus piernas, como en posición fetal en su asiento.

Ronald se sentó, sacó su lapto y sin levantarlo desde la parte inferior del asiento más de lo necesario, sacó el arma 9 mm que cargaba en la misma, y se lo colocó en un sujetador que tenía en el tobillo. De esta manera podría alcanzarlo con más facilidad que ponerse a sacarlo del equipo en un momento de emergencia. Sentía que estaba por explotar algo grande, pero rezaba porque su corazonada se equivocara por completo y el avión regresara con normalidad hasta el aeropuerto de París.

Al sentarse de nuevo en el asiento de manera correcta, revisó con más calma lo que el capitán le había entregado en sus manos sin que nadie más lo pudiera ver en la cabina. Notó que el objeto metálico que le había entregado eran las alas de los pilotos…

Su mente regresó por un momento a la cabina, y notó que eso era lo que su mente había tomado como extraño en su uniforme, no cargaba las alas puestas en ese momento, faltaban las hermosas alas doradas como siempre se las veía a su padre llevando con mucho orgullo en su pecho.

Él sabía que un piloto no se separa tan fácil de sus alas, son su orgullo, su emblema y su mayor sentido de grandeza ante las personas que lo ven y lo identifican como piloto con aquellas hermosas alas doradas… Eso solo podía significar que el capitán le tenía demasiado aprecio, cosa que dudaba enormemente, o realmente pensaba en que este sería su último viaje.

Lo otro que le entregó era un sobre cerrado, dentro del mismo consiguió una hermosa carta, parecía en cierta manera una oda a la vida y la muerte, pero poco a poco se oscurecía la historia y terminaba por ser una confesión de cómo había asesinado a su esposa he hijos en Shangai, dejando sus cuerpos quemándose en un basurero de un oscuro callejón, antes de buscar partir, y siempre dando a entender que todo fue por el bien de su propia familia y para evitarles convertir en “esas malditas cosas”…

En ese punto Ronald pensaba que ya el Capitán había tenido un encuentro con los “Demonios destructores de pueblos”, posiblemente lo suficientemente cercano para quedar infectado con lo que sea que ocurría.

Su carta tenía al final una frase que puso a Ronald a pensar por un rato. Parecía hasta cierto punto un acertijo, o un poema de la aviación…

Vuela con los Ángeles, que tus hermosas alas doradas te lleven por cielos seguros, y guarda siempre en su interior tú espíritu y tú conciencia, manteniéndolo puro para que el infierno no pueda quitarte la belleza de la verdad.

No estaba seguro que fuera un escrito propio del capitán, o si sería un poema de la aviación, pero no recordaba haberlo escuchado o leído en alguna carta de su padre. Pero le había llamado la atención.

Por un momento sintió que sus sentimientos le jugaban una mala pasada, las lágrimas se habían aglomerado ante los detalles de aquella carta - confesión, que pasó sin inconvenientes por la aduana ya que al empezar a leerla parecía un poema y de seguro no siguieron leyéndola.

Roland escuchó como la gente empezaba a alborotarse con más fuerza en la primera clase. No quería tener que levantarse sin estar seguro que lo necesitaran, volteó la mirada buscando a su hermosa amante entre las azafatas que atendían a las personas, el olor era muy penetrante y se le hacía difícil concentrarse en algo.

Tomó las alas doradas del capitán, a su mente le vinieron recuerdos de momentos que tuvo con su padre, un viaje donde le permitió estar casi todo el vuelo en la cabina de piloto. Aquellas horas que pasaron en la cabina de mando, con el avión en la pista inmóvil, siempre simulando que volaban y le explicaba los procesos de despegue y aterrizaje, y recordaba siempre sus palabras porque parecían unas clases, pero con la diversión de hacerlas con tu propio padre…

-      ¿Recuerdas el proceso de despegue? – Le comentaba su padre mientras estaban ya en los asientos – Avisas a torre pidiendo permiso, verificas que te coloquen en la vía con la grúa ya que al ser un avión muy grande no puede hacerlo solo, verificas alerones, viento, velocidad necesaria, confirmas los controles aunque eso lo hará tu copiloto, informas que estas listo para despegar a la torre, aceleras y buscas las nubes cuando ya estés muy rápido…

-      Sería muy divertido estar aquí mientras lo haces de verdad papá… - Le contestaba el en su recuerdo de su infancia… - Ver como se pierde el suelo, las nubes aparecen frente a ti he imaginar que podrás subir tan alto que saldrás al espacio…

-      Ja ja ja… Si hijo, puede parecerlo pero también debes tener cuidado con ir demasiado alto o demasiado bajo…- Le respondía su padre mientras le seguía explicando los procesos muy superficialmente. – Luego mientras te mantienes en el aire debes estar pendiente de la altitud, presión, las nubes, lo que te informen desde tierra, y siempre por sobre todo, confiar en tu corazón y tu ángel guardián…

-      ¿Un ángel guardián papá?... ¿has visto alguna vez a tu propio ángel guardián?

-      Lo estoy viendo en este momento, y cuando no lo puedo ver en persona lo llevo dentro de mis alas de ángel…

-      ¿Lo estas viendo? – Sus ojos se habían iluminado y abierto de par en par… - ¿Donde está, quiero verlo…?

Su padre había sacado un espejo y se lo puso enfrente… EL niño se estaba viendo, pero en el reflejo buscaba a ver si tenía al ángel detrás de él o a su lado que no lo podía ver por si mismo, pero no encontró nada…

-      No lo veo papá… ¿Es que acaso no me quiere dejar que lo vea?

-      No cariño… - Le contestó con una voz suave… - Tú eres mi propio ángel guardián, y cuando no te tengo aquí conmigo como ahorita, te llevo aquí… - Señalo con su mano izquierda su pecho, sobre su corazón donde estaban las alas doradas de piloto que tanto le gustaban de su papá. – Y siempre te tendré aquí conmigo sin importar lo que ocurra…

Deadborn regresó de sus recuerdos con las alas del capitán en sus manos… El poema, las palabras de su padre… se puso a revisar un poco más aquellas alas doradas de piloto para verificar una sospecha que tenía…

En la parte posterior de aquél emblema encontró unas siglas inscritas, pensó que posiblemente serían las iniciales del capitán. Y observó que tenía una pequeña ranura donde podría entrar la punta de una aguja o un clip.

Se levantó de su asiento, y buscó en su bolso un clip o algo que pudiera servirle. Se volvió a sentar sin sujetarse el cinturón de seguridad, y abrió el emblema por la parte de atrás. Pudo ver que el mismo era hueco, y se podría meter en el mismo un objeto pequeño, se imaginó que cada capitán colocaría lo que considerara más sagrado y su fuente de fe.

Pero en el del capitán había una pequeña memoria Micro-SD con capacidad de 16Gb. Un lugar sumamente inteligente para sacar dispositivos con información en caso de ser necesario. Buscó su celular, ingresó la memoria y lo conectó a la lapto en modo USB para poder acceder a la memoria. Le había dicho que era para su familia, aunque se imaginó que se refería a la agencia.

Lo primero que encontró fue una carpeta con el nombre de INICIO. Fue lo primero que decidió revisar, antes de ponerse a revisar las carpetas que se encontraban en aquél dispositivo.

En el mismo encontró una copia de la carta que acababa de leer. También encontró información sobre un acuerdo que había llegado con las fuerzas de inteligencia de su propio país, donde le permitían salir en este vuelo a cambio de la información que se encontraba en esta tarjeta. Definitivamente este capitán no debería de haber salido en este vuelo, pero consiguió un pase por debajo de mesa.

Se demostraba que había enviado solo una parte de la información que tenía, a cambio de ese pase de salida del país asiático. Fuera lo que fuera que había encontrado y enviado, fue lo suficientemente importante para que se empezara a mover las masas y las fuerzas de los estados unidos.

Decidió continuar revisando los demás documentos, encontró documentos explicando sobre la propagación de un virus mortal, al parecer por un medio poco convencional, por contacto con saliva, sangre, o si el sujeto sano tenía alguna cortada a través del sudor también era posible.

Los síntomas no tenían que ser muy buscados, eran los mismos que estaban sufriendo los pasajeros de aquél vuelo en ese momento, cambiaban ligeramente entre un sujeto y otro, convulsiones, paros cardiacos, tos sangrante en otros pacientes. Pero el final de la enfermedad siempre era el mismo: mataba al portador.

Lo más importante de aquellos informes, que desconocía de donde habían salido, era que después de la muerte del individuo, este “revivía” con cierto punto de conciencia, donde su único instinto activo era el de comer y devorar a otras personas. Se desconocía si para continuar propagándose como virus, o siendo un instinto animal del cerebro que sobrevivía a la muerte que sufría el individuo.

Ronald, comprendía y aceptaba todo lo que estaba leyendo, menos la parte donde las personas después de muertas “revivían” para comerse a los vivos. Aunque sus investigaciones le decían que era una posibilidad, era algo completamente loco y muy de película de los años 80. Parecía sacado de un video-juego o de una mala pesadilla de alguien… Una mala pesadilla propia como la que tuvo hace apenas unas pocas horas ahí mismo sobre el avión.

Sin embargo al empezar a revisar las otras carpetas sus ojos no podían creer lo que podía ver. Observaba videos caseros, al parecer un compendio de videos tomados con celulares encontrados en zonas donde los “demonios” habían acabado con los pueblerinos, fotos de los familiares que después de muertos se levantaban, imágenes de personas prendidas en fuego que continuaban caminando como si no les molestara lo más mínimo el fuego y continuaran avanzando hasta donde el cuerpo los aguantara para devorar a otra persona, siendo consumidos por el fuego y la sangre.

Las imágenes era cada una peor que la anterior. Mostraban la evolución del virus, incluso lo que parecía la investigación de algún doctor hora a hora con las evoluciones de los pacientes, pero nuevamente todo se había vuelto a salir de control…

Pudo ver criaturas comiéndose los intestinos de sus victimas, y ya las consideraba criaturas y no personas, los ojos, sus cerebros, los corazones, hígados y demás eran especialmente atacados.

En ese momento escuchó un grito desde la primera clase.