miércoles, 14 de marzo de 2012

CAPITULO 6 “DIAS DE GUERRA…” III “Día 2: Preparando el terreno…”

CAPITULO 6

“DIAS DE GUERRA…” III

“Día 2: Preparando el terreno…”



Durante la noche le fue difícil conciliar el sueño después de despertarse de aquella pesadilla que le trajo los recuerdos de hace muchos años, sabía que Atsuko había hecho florecer esos recuerdos. Aun peor sabía que en algún momento tendría que confrontarla, y contarle lo ocurrido.



Pero no sería en la noche, puesto que se puso a revisar que le dejaron en el cuarto, en el bolso, y había encontrado la foto de su novia, aquella que había dado por perdida y muerta en el asentamiento. Aún no ha podido regresar a Caracas para intentar de localizarla y sacarla de sea cual sea el tormento por el que vivía, si estaba convertida o no… Recordaba haberla matado en su casa. Pero cada vez que recordaba su trayecto en aquella ciudad antes de su huida del país no recordaba en que momento exactamente había pasado por ahí, por eso no estaba seguro si era una pesadilla, un recuerdo real u otra cosa.



Lo importante es que ese era un sueño que quería cumplir, un sueño como aquel viejo sueño de graduarse en la principal universidad del país y ser un licenciado, pero posiblemente era un sueño perdido también, aunque lo mantenía, sería un sueño perdido.



Encontró en el bolso también unos cigarrillos. El simple hecho de verlos le había provocado fumarse uno, pero la austeridad durante estos años, en la intemperie sin fumar lo había “inmunizado” de alguna manera. Había encontrado cigarrillos cuando revisaba las ciudades, cierto, pero siempre prefirió no tomarlos y usar su fuerza de voluntad. Sabía que el olor a cigarrillo podría atraer a zombies que estuvieran en las cercanías.



Se acercó a la ventana, oscura, el cielo actualmente presentaba tan poca contaminación al irse auto-curando el propio planeta, sin la presencia del ser humano, las industrias contaminantes apagadas, la contaminación del agua también había reducido en muchas de las áreas que había visitado. Había aprendido durante estos años muchas cosas de la naturaleza, se había sorprendido con las evoluciones que hicieron muchos animales adaptándose y otros pereciendo.



Parecía que mucho de lo que ocurría era parte de la evolución de la vida en el planeta. Los gatos de ciudades, se adaptaron y los había visto vivos en ciudades pequeñas, los ha visto salvajes en los bosques, aunque los grandes felinos escasean es su forma “viva”, pero los muertos andantes han tenido muchos cambios. Aún no esta seguro si las criaturas que lo atacaron junto a Oasis eran Gatos Montañeses, Perros Salvajes o la adaptación de algún otro animal.



Los animales pequeños lo han tenido más fácil, (ratones, arañas, culebras, lagartijas), ya que su instinto de correr es mucho más fuerte, pero en la actualidad es peligroso inclusive viajar en los ríos, y sabía que había tenido mucha suerte de no toparse con ninguna de las criaturas de los laboratorios de “Las Notas Del Infierno” cuando estuvo en ese territorio…



Lionell se encontraba nuevamente preguntándose como estaría su país, como estaría la capital, y mas aún si su novia había evolucionado o había caído en los primeros años. Recordaba como durante sus incursiones habían descubierto, de forma fascinante y fatídicamente también, las facilidades de adaptación del virus.



Al principio los asentamientos fueron creados confiando en que los zombies desaparecerían al cabo de pocos años. Por el hambre, el calor, el desgaste corporal. ¿Como no ocurriría eso si los primeros caídos se descomponían en apenas unos meses a la intemperie he inmediatamente morían por completo?



Sin embargo también recordaba que durante sus incursiones, las adaptaciones y evoluciones habían demostrado que el virus era muy versátil, llegando incluso a empezar a detener la descomposición de los cuerpos de sus huéspedes, facilitando así su subsistencia a través del tiempo. Pero tal vez su novia no había logrado adaptarse y evolucionar… - No… ella es fuerte, si alguno de mis conocidos que cayeron en los primeros días tiene la fortaleza para lograr esa adaptación era ella. – Tendría que ir a Sur-America, a su país natal de nuevo y encontrarla. – Encontrarla y darle el descanso que merece…



Amanecía hermosamente aquél día. Las estrellas se escondían muy lentamente en el horizonte, en un cielo despejado, un aire puro, y muy poco olor a pudrición. Eso era lo que quedaba en las ciudades cuando eran limpiadas, un leve olor ha podrido, polvo y suciedad que puede ser fácilmente limpiado.



Lionell regreso entonces en el aquí y el ahora, a su realidad, cuando los rayos del sol iban iluminando y mostrando las calles que estaban frente al edificio donde se encontraba. Abajo en la acera los soldados patrullando, los cambios de turno comenzaban en intervalos de tiempo cortos entre uno y otro grupo. Unos se irían a dormir, mientras los recién despertados vendrían a tomar sus puestos.



No sabían lo afortunado que eran, no conocían cuan afortunados eran, pudo observar los rostros de la mayoría de los soldados, (ya que al parecer se había hecho un barrido de la zona, y verificado que no existían agentes conocidos nocivos, o envenenadores) notando que en su mayoría eran rostros jóvenes. En este momento ya se conoce mucho, (por no decir casi todo) sobre las adaptaciones existentes en cada zona. – Y yo fui parte de esas ofensivas iniciales y descubrimiento de esas adaptaciones, por y para la reconquista de estas tierras. Vi a muchos de mis equipos caer y morir a mi lado cuando nos encontrábamos a esas cosas evolucionadas. Los que escupían el acido y los del veneno, los “explosivos”, cazadores… - Sí, el había formado parte de los grupos que tomaban anotaciones de las evoluciones y estudiaban los comportamientos al aire libre de las criaturas que fueron apareciendo.



Actualmente, conociendo “Las Notas del Infierno” no le extrañaba las cosas que había visto. Solo en 2 oportunidades se había topado con zombies psíquicos, en una había sido salvado por Oasis. – Debo contarle como me salvo a Atsuko. Su padre fue un héroe para mí en secreto…- La otra oportunidad en la que se encontró a una de esas cosas, fue salvado por las mismas criaturas salvajes que habían matado a Oasis, cuando aparecieron para disputarse por el alimento encontrado. – Pero la tercera es la vencida… Si me vuelvo a encontrar una de esas cosas no sé que haré, no conozco forma alguna de liberarse o salvarse de ellos. No todavía.

Lionell volteó a ver su computadora, no había recibido respuesta de aquel a quien había enviado los datos para poder descifrar las pistas que había dejado. De todos modos sabía que estarían monitorizando todo, por lo que no se arriesgaría a responder a menos que estuviera desde una posición segura. –Si es que responde, y si es que confía en el mensaje que le envié. En nuestros años juntos había aprendido muy bien en no confiar en nadie, y habíamos sacado nuestras pistas entre ambos. – Y esperaba con ansias que siguiera con vida.



Quería escribirle otro correo explicando lo que había ocurrido, pero una de las cosas que ellos mismos habían acordado, es que nunca se enviarían correos de manera muy seguida, eso era una señal de que no eran ellos los que los escribían y simplemente estaban rastreando las líneas y desde donde verificaban los correos. Se acercó a la puerta, y escucho parte de la conversación que tenían los dos soldados detrás de ella. Hablaban de las mujeres que los esperaban en los asentamientos cuando esta misión terminara, y uno de ellos le decía al otro que lo ayudara a escaparse a una farmacia al final del turno que necesitaba unas pruebas de embarazo, ya que a su mujer no le había llegado el periodo con 3 semanas de retraso.



Se echaron a reír, y Lionell abrió la puerta, notó que aunque conversaban “cara a cara” y se reían, ninguno de los 2 se veía directamente, sino siempre con un ojo hacia los pasillos de la espalda del otro. Nunca abandonando la vista por mucho tiempo. Inmediatamente, he instintivamente ambos tomaron posición defensiva al sentir la puerta abierta, pero al ver a Lionell se calmaron rápidamente, aunque no sin antes sentir como la sangre les subía al rostro por haber sido sorprendidos en aquella conversación.



Lionell sonrió amablemente, mientras los soldados saludaban militarmente y bajaban los brazos colocándose en posición de descanso. Al darse cuenta de la situación, notó que eran un par de capullos, chicos jóvenes que tal vez ni habían sido curtidos asesinando zombies. Tendrían apenas la mayoría de edad, lo que los dejaría muy niños al momento de que explotara el Apocalipsis.



Lionell se puso lo más serio que pudo por un momento, se aprovecharía de aquella situación, mientras los muchachos no sabían que decir, he intentaban de explicar porque no estaban cada uno cuidando su lado del pasillo.



Lionell empezó a bajar el seño en señal de molestia y levantó una mano como en señal de “Alto”. Ambos callaron casi simultáneamente. El silencio se apoderó por un momento del pasillo. Bajó su mano, y se dirigió a ellos.



- Me parece inconcebible lo que están haciendo. Abandonando un puesto sin tener una orden o el permiso de alguien. Aunque siguieran aquí no tenían que estarse viendo a las caras. – Internamente intentaba de mantener la risa para sí mismo y no exteriorizarla.



- Señor disculpe señor, nuestra guardia esta por terminar y aprovechábamos…



- Silencio que no le he dado permiso de hablar soldado. – Los hombres se callaron y levantaron el rostro aún más (si es que eso era posible), sacando pecho y en posición de descanso. – Ahora solo quiero saber, quien de ustedes dos hijos de puta es el que cree que va a ser padre, de una criatura que vendrá a este mundo a sufrir… Y digan la verdad soldados.



- Señor, yo señor. – El soldado no quiso esperarse mucho, y abstenerse a las consecuencias.



- En ese caso soldado… - Dejo correr un par de segundos de silencio, pudo ver como una gota de sudor y nervios corría por la frente del muchacho y a su rostro. – En ese caso déme un abrazo para felicitarlo. – Dijo mientras relajaba la voz autoritaria a una voz más normal y extendía los brazos en gesto para un abrazo. – Eres un maldito hijo de puta ligando en este mundo chaval. Y sabes que tienes una fuerte responsabilidad con tu nación, con las tierras y ahora para con ese niño o niña que viene en camino.



Soltó una sonrisa aún con los brazos extendidos frente al soldado, y los soldados se relajaron, se rieron, y no pudo aguantar las ganas apretándolo en un abrazo también. Lo que Lionell no quiso admitir en aquel momento es que tenia mucho tiempo sin un verdadero abrazo de felicidad y afecto, sin mayor presión por proteger a nadie sino de una alegría que nacía del corazón. Un abrazo que se le venía muy bien tras la noche que había tenido.



- Te voy a dar una orden en este momento, sal de aquí, ve hasta donde este Atsuko, y dile que quiero verla, que quiero hablar con ella. También aprovecha de buscar a los que son sus reemplazos para que vengan de una vez, y busquen esa farmacia para las pruebas que tienes que llevarte a casa. La misma esta 2 cuadras al sur. Aún no han pasado por esa área, aunque la última vez que pasé no tuve mayor inconveniente sino un par de zombies. ¿Entendido?



El soldado asintió con la cabeza, y comenzó a retirarse, el otro soldado le soltó una sonrisa a Lionell, lo saludó formalmente y se colocó de nuevo de espaldas a la puerta. Mientras volvía a ingresar a su habitación, en búsqueda de algo de comer.



Entre las cosas que le habían llevado, estaban una lata de Melocotón en Almíbar. Una delicia en su país, no recordaba cuando había sido la última vez que había probado. Lo más sorprendente no era encontrar la lata, (junto con un abrelatas para destaparlo, por supuesto), sino que al revisar el enlatado, buscó la fecha de elaboración y la fecha de caducidad.



Sus ojos no lo podían creer, se sentó un momento en la cama, tal vez sería posible pero se preguntaba si no sería sencillamente un juego de su vista, o un engaño de las personas que le llevaron aquellos alimentos.



- No es una alucinación ni un engaño Lionheart… - Era la voz de Atsuko, que había entrado en la habitación y había comprendido la cara de incredulidad de Lionell. - Ya las estamos fabricando desde hace 2 años como puedes ver…



Había levantado la vista, y ella estaba ya cerrando la puerta, en esta oportunidad solo traía su uniforme de campaña, sin los recovecos del bolso, los cinturones, ni el equipo especial por lo que su silueta de mujer era perfectamente visible con sus amplias caderas y sus piernas bien torneadas por el ejercicio. Solo tenía su PH (Pala-Hacha uno de los inventos de esta nueva era), y una pistola en su funda de muslo.



- Pero lo creía imposible, solo tiene 1 año de fabricado y su caducidad es dentro de que… ¿Nueve años? Para algo así tendrían que haber conquistado alguna fábrica de estas cosas, y haber estado plantando y demás, el personal de mano de obra, el mantenimiento…



- Y lo conquistamos, y plantamos una parte, la otra ya se encontraba en los patios de la fábrica. Resultó ser que en uno de los RCV se encontraba un ingeniero, jefe de maquinaria que había trabajado en la fábrica que reconquistamos. El mismo nos dio la idea de hacerlo. – Se había acercado a la cama y se había sentado a su lado. – El conocía que una parte de la materia prima era tomada de un sembradío trasero que tenía la propia fabrica y nos prometió que con unas 20 personas en la fabrica y aunque sea 5 más en la plantación sería suficiente para él poner a operar de nuevo la fábrica.



- ¿Y a cambio quería ser el dueño de la empresa o algo así? Siempre aparecen los empresarios y aquellos que quieren ver la ganancia a todas las cosas. – Ella le quitó la lata y el abrelatas manual.



- No exactamente, su petición fue que quería ir con el grupo de conquista de la fábrica y el territorio. – Comenzó a abrir la lata por el que se comenzaba a escapar un delicioso olor dulzón. Si eres un sobreviviente de ésta época y no has tenido uno de estos en tus manos es casi imposible comprender las explicaciones sobre su textura, su sabor, su aroma y como vienen los recuerdos con aquél olor. – Eso y que le permitieran, en caso de que ocurriera, ser él quien acabara con la vida de su hija y su esposa que fueron alcanzadas cuando ellos se escondían en la fábrica. Dijo que tuvo que dejarlas cuando se convirtieron, al no tener con que matarlas sin destrozarlas como había hecho con los demás.



- Un hombre que quiere seguir manteniendo su honor y el de su familia ¿no?... – Lionell estuvo en silencio por un momento, sabía que hubiera hecho lo mismo, porque es lo mismo que deseaba en aquel momento para regresar a Venezuela. – ¿Pidió algo más?



- No. De hecho, inmediatamente el gobierno le permitió un contrato para que cuando todo se restableciera, el solo tuviera que aportar un 30% de la producción a las fuerzas armadas y los asentamientos, y el resto podía venderlo al público en general. – La lata ya estaba destapada, Atsuko sacó una cucharilla del bolso donde le habían traído la lata y los alimentos, “pescó” un pedazo y se lo llevó a la boca lentamente.



- ¿Eso era para mí o para tu disfrute? Ja ja ja… - Lionell reía mientras observaba la expresión de alegría, y la sonrisa de Atsuko mientras masticaba con la boca cerrada, aquella expresión no se le volvería a borrar de la mente a Lionell. No por estar enamorado de ella o algo así, sino que sería la última sonrisa sincera que vería en el rostro de aquella niña, por algunas horas.



- Disculpa toma… Es que no pude aguantar la tentación… Son tan deliciosos… A mi padre le encantaban, los amaba en realidad.



El rostro de Lionell bajó de nuevo, tomo un trozo de Melocotón, se lo llevo a la boca, y lo disfrutó, pero sin saber si era por el momento o el producto, lo sintió muy amargo en su boca. – Tenemos que hablar…- Fue todo lo que se le ocurrió en ese momento, que solo quería escapar del lugar, pero no podría escapar por siempre.