viernes, 6 de julio de 2012

Capitulo 8 "Caracas Ciudad de Muerte" I Continuemos Viviendo...

Y recuerda que si le das Clik a "Me gusta" a la pagina del facebook te enviamos de regalo una versión digital de lo que se ha publicado hasta el final del capitulo de "Entervista a la verdad"


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I

Continuemos Viviendo…


No puedo dormir, me cuesta concentrarme y estoy aprovechando de buscar información en las páginas Web disponibles, respondiendo varios correos, revisando información subida a los foros de discusión que se han creado, conociendo un poco lo que  las personas que me siguen están publicando de la información que consiguen, y nos hemos convertido en una red de distribución de información…

Estos son los momentos que me sorprendo cuantos hemos logrado sobrevivir. Y pensar que la mayor parte de la humanidad desapareció, o por lo menos desapareció de entre los vivos para pasar al bando de los muertos, pero aún así, en los niveles de población más bajos registrados quien sabe desde qué siglo, seguimos luchando por nuestra supervivencia.

He decidido continuar contando parte de mi huida en tierra firme, de aquél mi primer encuentro con los zombies en la ciudad de Caracas, capital de mi país donde vivía tranquilamente y sobrevivía.

Esto solo mientras termine de decidir que haré aquí, si me quedo o me voy de esta base… Aunque la verdad me hace falta algo de calma, una cama caliente, y comida tranquilamente.

Entonces, lo último que les había escrito hace unos días, antes de los intentos de asesinato que me hicieron, de llegar a donde estoy ahorita y de tener una entrevista con la Doctora Garrido que publicaré en el futuro, fue en un cruce en donde inicia el este de Caracas, después de “matar” a mi amante por la ventana de un hotel, escapar de algunas personas convertidas en zombies, he inclusive perder parte de mi corazón y mi cordura con aquellas criaturitas que habían caído al no tener, ni saber, como defenderse.

Las calles de Caracas normalmente en las mañanas eran muy caóticas por aquella fecha. Las calles se abarrotaban de carros muy fácilmente, y las personas congestionaban las autopistas y las vías principales desde las 5 de la mañana mas o menos, aún más rápido con la cantidad de personas que iban a la capital desde las ciudades aledañas.

Pero aquella mañana, el caos de aquella mañana era único y difícil de describir. Mi brazo me dolía enormemente, y la pierna me daba alguna puntada con cada paso que daba. Mientras los vehículos tapaban toda la avenida Francisco de Miranda, lo que me hizo no decidirme por la vía hacia el Este de la capital.

Además, como ya había dicho, la casa de mi abuela estaba hacia el centro, y de paso en el camino podría pasar medianamente cerca del hospital universitario, y de un parque que normalmente eran los puestos de control militares que primero se montaban en casos de guerras y batallas. Aunque no se si ya esto había sido tomado como una guerra o si había sido desplegado ya las fuerzas armadas.

Lo que si puedo decir es que los zombies sobraban en las calles, no importaba hacia donde volteara a verlos, ahí estaban, hombres, mujeres, niños, ancianos, personas huyendo, peleando, muchos disparos y se debía mantener a cubierto en todo momento para evitar ser alcanzado por alguna bala que no fuera precisamente para la cabeza de uno.

Al pasar por la parada de las camionetas, un poco en frente del banco que se encontraba en esa esquina, un choque obstaculizaba el paso vehicular… Observé una de las camionetas, su fachada blanca con rayas azules, y marcas de sangre por todos los bordes, se movía fuertemente hacia los lados y escuchaba gritos desde su interior.

Cuando le pasaba a un lado, podía ver algunas pocas personas atrás intentando romper el vidrio trasero del mismo, y pidiendo auxilio, mientras otros golpeaban y atacaban a las personas que se habían subido.

Los vidrios bañados en sangre opacaban y oscurecían la escena, que no me quedaría a observar. Caminaba lo más rápido que podía entre las personas, manteniéndome alejado de cualquiera que viera herido, y aún más lejos de los grupos de personas comiéndose unos a otros tirados en el suelo.

Por un momento pensé en intentar de usar las vías del metro, tal vez viajar por los túneles caminando, pero el ver como esas cosas se arrastraban por debajo de las persianas levantadas a golpes, y uno se comía un brazo de lo mas tranquilo en la entrada del mismo, me hizo no querer  ni intentarlo.

Claramente las vías ya estaban infectadas he inundadas de esas criaturas, además de caminar en la oscuridad de los túneles sin un buen equipo de iluminación podía ser mi perdición.

“Equipo”, esa era una de las cosas que necesitaba en aquél momento, algo con que defenderme, no solamente alejarme de las personas heridas, necesitaba tomar algo con lo que me pudiera defender, y tal vez en el propio Locatel del centro comercial que tenía enfrente abastecerme de algo contra el dolor.

Levanté la mirada y observé como el estacionamiento también era un caos, un poco más pequeño, pero un auto ya estaba incendiándose y no era para nada seguro intentar de meterse por ahí hasta las tiendas que necesitaría.

Continué caminando por el principio del boulevard, los bancos de concreto, y la distribución de árboles pequeños, fue una completa bendición en aquél momento para ayudarme a esquivar a las criaturas que buscaban alcanzarme. Esas personas infectadas eran torpes, se caían fácilmente, no coordinaban correctamente el movimiento, y con un poco de fuerza, si los empujabas antes que te agarraran era sencillo hacerles perder el equilibrio.

Siempre y cuando no te agarraran, puesto que había visto ya como al agarrar a personas mas grandes que yo, estas habían caído en sus mandíbulas, y más rápido cuando eran rodeados por una gran cantidad de ellos.

Al llegar a las escaleras del centro comercial miré hacia arriba, a los pasillos de entrada al EPA, donde podría conseguir herramientas para defenderme, y al pasillo del Locatel dos pisos más arriba, donde podría buscar alguna medicina que me ayudara a pasar el dolor.

En el pasillo del Locatel, la imagen no era precisamente para la mayor tranquilidad de las personas. Un pasillo con paredes acristaladas, llevan a los usuarios de las escaleras hasta la entrada al edificio, y ese pasillo parecía una escena de cine Gore, con los vidrios llenos de marcas de manos, muchas personas siendo devoradas, llenas de sangre, el rostro de una mujer que le faltaba el cachete y el ojo le guindaba hasta la nariz, se encontraba contra el vidrio, como si de un maniquí de estudios médicos se tratara, pero aún viva, gritando, se podía ver su lengua moverse, su ojo bueno buscar alguna ayuda que no llegaría, sus manos resbalaban suavemente por el cristal, mientras tres sujetos en su espalda la devoraban y le jalaban del cabello y el brazo para devorar otras partes y permitir a otros comer junto a ellos.

Dos pasillos más abajo, en la entrada a la tienda EPA, la imagen era un poco diferente, pero no lo suficiente para arriesgarse a subir. El pasillo estaba con un gran número de personas infectadas, caminando y empujándose unos a otros, mientras chocaban con una barrera hecha con lo que parecían ser carritos y utensilios del almacén. Lavamanos, WC, puertas… Parecía que algunas personas habían logrado refugiarse en el local temporalmente, pero en esos momentos llegar desde detrás de aquellas criaturas sería imposible.

Tal vez existiera otra entrada por el edificio, pero la verdad nunca había entrado aún en el mismo como para arriesgarme sin conocer su estructura y posibles salidas si me veía atrapado.

Preferí continuar mi camino, pasando pegado a la pared de la gran tienda departamental de la planta baja, mientras observaba en la parte baja un hombre montado sobre una de las atracciones infantiles, la de las sillas que suben y bajan de golpe para dar sensación de caída libre… No recuerdo exactamente como se llamaban.

Debajo de él, unos 8 o 10 personas, visiblemente infectadas levantaban los brazos para intentar de agarrarlo. Me recordó la imagen de un concierto en vivo, donde los espectadores de los asientos VIP levantan sus brazos con la esperanza de tocar a su artista que fueron a disfrutar.

Aunque la situación no era la misma en aquél momento, los espectadores apenas comenzaban a aglomerarse alrededor de la atracción, y uno de ellos había logrado alcanzar al “artista”, jalándolo a la multitud, mientras sus gritos pidiéndome auxilio no se olvidarán de mi mente.

En ese momento yo no tenía como ayudarlo, y por haberme distraído, tenía a una de esas cosas a punto de tomarme del hombro.

Pude reaccionar rápido, y defenderme empujándolo antes que me agarrara con sus fuertes garras. Juro que esas manos parecían garras, pues pude ver los huesos de sus dedos, como si se hubiera comido la carne de los mismos…

Cuando lo empujé, lo hice contra la baranda, por lo que cayó al nivel inferior donde estaban las atracciones infantiles. Escuché el golpe seco que dio su cuerpo contra el suelo, pero no escuché grito alguno de dolor.

Pocos segundos después lo veía levantándose de nuevo para seguir acompañando a los demás en esa lenta marcha a su comida.

Por la calle aún habían personas corriendo, tuve que cubrirme cuando un grupo de policías de Polichacao,  pasaba corriendo, huyendo de otro gran grupo de esas cosas y les disparaban.

Pude verlos y gritaban a las personas que intentaran de llegar a la estación de policía de Chacao, donde intentarían de organizar una barricada de protección al ciudadano, por un megáfono.

Estaba tomando valor, iba a acompañarlos, aunque significara ir en la dirección contraria a donde quería ir, pero lo siguiente hizo que mis ánimos de acompañarlos y seguirlos se perdieran en el aire.

No se de donde, ni en que momento, unos perros, seguro eran esos perros mendigos que siempre se la pasaban en la zona, llegaron corriendo y brincaron en medio del grupo, atacaron al que llevaba el megáfono y rompieron la organización que tenían.

Los policías se dispersaron un poco para evitar el ataque canino, pero esa fue su perdición. Fueron rodeados y atacados por cada vez más y más infectados que venían del este de la capital.

Preferí continuar mi camino, el boulevard siendo un espacio más abierto y sin vehículos sería más fácil para esquivar a esas cosas.

Era imposible voltear a ninguna parte y no ver alguna persona corriendo, o una de esas cosas comiéndose a alguien. Me pregunté como haría para lograr llegar hasta un puesto medico, aunque el dolor había bajado, (seguramente por la adrenalina ahora que lo pienso con calma), el mismo seguía ahí, y me mantenía alerta.

Cuando llegué al frente del Centro Comercial Chacaito, instintivamente voltee la mirada hacia la librería de la esquina. Era algo que siempre hacía. Me encantan los libros y la lectura y no podía pasar frente a una librería sin voltear a ver que tenían de nuevo y que me gustaría leer.

Solo que esta vez lo “nuevo”, no eran libros, parecía que filmaban una película en su interior. Una película de terror, donde los zombies se comían a las personas que habían entrado a refugiarse, y parecían utilizar los libros para limpiarse la sangre, con cada golpe que recibían de quienes, inútilmente, intentaban de defenderse.

El camino parecía imposible, cada vez me veía más y más rodeado por criaturas, por personas heridas, las cuales me quitaba de encima para evitarlas cuando se convirtieran. Mi propia experiencia ya me decía que si estaban mordidos se convertirían en una de esas cosas.

Pude ver un pequeño grupo de 2 mujeres con un niño y un hombre dentro de un pequeño local a medio cerrar, estaban buscando defenderse contra 3 de esas cosas que buscaban meterse por entre la puerta de cristal, y en la calle, justo frente a la entrada, el cadáver de un policía a medio comer, con los intestinos afuera y una pistola a un lado de su mano.

Aproveche que las criaturas estaban distraídas con las personas del local, para alcanzar el arma que el policía había dejado en el suelo. Sabía que tal vez no tendría balas, pero por lo menos debía intentarlo y armarme de valor, con la pierna y el brazo doliéndome no podría llegar muy lejos sin algo para defenderme.

Cuando estaba tomando el arma, no podía dejar de ver a quienes golpeaban la puerta del local, podía sentir la pudrición de sus cuerpos, como si de un mendigo que se hiciera encima se tratara, mientras mi mano tanteaba para tomar el arma.

El oficial que estaba muerto con los intestinos afuera, abrió sus ojos blancos, unos ojos faltos de toda emoción, se que todo el que está vivo actualmente y se encuentra leyendo mis escritos en este blog, conoce y ha visto de cerca, aunque sea en una sola oportunidad, a estos zombies y sus ojos inexpresivos.

No es fácil de describir lo que no tiene vida, es como si te vieran desde un plano diferente, si te vieran los ojos de la muerte directamente, como si antes de convertirse en esas cosas nunca hubiera existido el alma de una persona dentro de esos cuerpos, si acaso eso existe.

Mi susto fue inmediato brincando hacia atrás, el policía convertido en criatura comenzaba a levantarse, y yo buscando incorporarme note que mi mano había tomado el arma y no la había soltado. La adrenalina hace milagros, les puedo asegurar.

Instintivamente levanté el arma a la cara del zombie que vendría por mí, y apreté el gatillo. Solo sonó un vacío “Click” confirmando mi  principal miedo en ese momento, el policía había muerto sin una bala para él mismo…

El zombie ya se había incorporado y daba su primer paso hacia mí, sus gruñidos parecieron llamar la atención de los que estaban en la puerta, puesto que lo siguiente que pude ver fueron a 3 de ellos frente a mí caminando lentamente mientras yo retrocedía nervioso sin quitarles la mirada de encima.

Miro a los lados y podía seguir mi camino, aparte de ellos 3 no tenía otro cerca en aquel momento, aunque no faltaban, la mayoría estaba ocupados con alguna otra presa que habían capturado o detrás de otras personas sin prestarme atención a mí en especifico.

Retrocedí otro paso, y al voltear a verlos de nuevo, pude escuchar un golpe seco, me recordó el sonido de los huesos de pollo al partirse cuando los estas preparando para cocinar, pero aumentado unas cuantas veces.

Pude ver como la última criatura de atrás caía al suelo lentamente, la que tenía a su lado comenzaba a girarse hacia lo que había golpeado a su compañero, solo para recibir un golpe seco en el rostro y caer de siguiente.

Yo vigilando que aún no tuviera otra de esas cosas a mi espalda y que continuara solo con la del frente retrocedí otro poco permitiéndole seguirme sin alcanzarme. Ahí si pude ver el rostro del sujeto que estaba en el local, con un bate en manos golpeando al policía frente a mí para derribarlo inmediatamente, justo después de ver como su craneo se hundía fuertemente.

-      Ven con nosotros al local, vamos a tapizar la puerta y a pensar un momento como movilizarnos. ¿Qué tienes? ¿Estas mordido?

Me había preguntado el sujeto, yo rechacé su última pregunta con el rostro y no sabía si seguirlo y meterme en un local tan pequeño con otras personas en medio de este caos, pero no podía pensar mucho más por el momento, así que decidir ver como estaban las cosas ahí dentro.