miércoles, 25 de julio de 2012

Capitulo 8 "Caracas Ciudad de Muerte" IV Una Oda a la Muerte


IV
Una Oda a la Muerte

Ya alcanzábamos el área donde la luz parecía continuar fluyendo tranquilamente. Las calles de la capital ya no volverían a ser las mismas, o por lo menos no desde mi punto de vista.

Recuerdo como algunas de las esculturas que se encontraban en el boulevard para el disfrute del público transeúnte, habían cambiado la perspectiva de la ciudad y ese día habían cambiado un ambiente placentero por uno más macabro, y al mismo tiempo ayudando a convertir el camino en una especie de carrera de obstáculos.

Algunos obstáculos podían morderte y matarte, otros simplemente te ayudaban a resguardarte y a jugar con las posibilidades y poca inteligencia de tus atacantes. Casi se puede decir que podías verlo como un juego, pero donde solo tenías una única vida, sin continuaciones ni repeticiones.

Un pequeño espacio conocido como plaza o escultura, no recuerdo exactamente el nombre socialista que le dieron, pero si recuerdo que era referente a las fábulas de Tío Tigre y Tío Conejo, en la parte superior de las columnas que iluminaban y cambiaban de color, se escuchaba una suave sonata de música clásica, que al culminar una hermosa voz femenina explicaba que era una sonata para piano interpretada por la Orquesta Sinfónica Juvenil de Venezuela. Unos segundos de silencio y fue el tiempo justo para comenzar una nueva canción.

Recuerdo estos pequeños detalles porque me parecían de un humor sumamente oscuro, como melodías clásicas y victorianas para cantar “Una Oda a la Muerte” al más puro estilo antiguo.

La parte positiva, es que los zombies eran atraídos por los ruidos, la música y el cambio en los colores de las luces, por lo que pasar por esos espacios se nos hizo, ligeramente menos peligroso que las otras secciones del trayecto que habíamos atravesado.

Pasábamos frente a la torre Selemar, una torre en la que no llegué a entrar pero sabía que en su interior eran mas que todo, tiendas departamentales, o una única tienda no estoy seguro, y su entrada se encontraba abierta.

Lo recuerdo también porque la gran cantidad de zombies en sus puertas, parecía una concentración de personas intentando entrar a la fuerza para aprovechar una oferta o descuento que no se repetiría en la historia… Y hasta cierto punto era cierto, me imagino el slogan del comercial: “Vengan a la torre Selemar, y llévense todos los productos con descuentos de muerte. Oferta que no se repetirá más, y solo estará disponible hasta agotarse la existencia…”

Si lo se, tengo cierto humor del que únicamente yo soy capaz de reírme, pero son ciertos detalles que deben conocer de mí para que comprendan porqué no me volví loco desde el principio, y porqué no me di cuenta a tiempo de otros detalles que eran importantes.

Por primera vez en mi vida, de las mil y una veces que me había caminado ese Boulevard paseando, viendo las tiendas o sencillamente despejando la mente, estaba sumamente pendiente de los detalles y nombres de los edificios. Después de lo que me había ocurrido atrás, no podía permitirme una nueva sorpresa, y menos ahora que conocía a más detalle las posibilidades de ser atacado por una de esas criaturas en caída libre.

Pude conocer que existía un edificio llamado BEN que me trajo a la mente la canción de Michael Jackson. Pero aunque en mi mente comenzó a sonar la melodía de aquella antigua canción, la escena en sus ventanas no eran para nada prometedoras, con los ataques, la sangre, y el cuerpo que se encontraba guindando y meneándose ahorcado desde uno de los balcones. Parecía que el dueño del apartamento se había lanzado para matarse ahorcado logrando su cometido.

Pero de seguro lo que no esperaba, era que en los pisos inferiores, a través de la ventana, mordieran su cuerpo muerto y luego se convirtiera en una de esas criaturas. En cualquier momento su cuerpo abriría los ojos, y de seguro intentaría de caminar en el aire.

Pensé que sería una escena interesante pero no podía quedarme para esperarlo, no conocía el tiempo que se necesitaba para que un cuerpo se levantara, no conocía con que velocidad se transmitía el virus, solo sabía que no debía ser alcanzado y que debíamos continuar caminando.

Unos pasos más, y me encontré con el Señor Bras, que se había sentado frente a la entrada del Galería Eliseo. Parecía que el niño se había quedado ya dormido o desmayado, pues la toalla oscura donde su abuelo lo cargaba no se movía, y el viejo observaba los juegos infantiles con lágrimas en los ojos.

De seguro recordaba como en algún momento había pasado por esta misma calle con su nieto y su hija, jugando en estos juegos infantiles que el gobierno había dispuesto gratuitamente en medio del boulevard.

Ahora que volteaba a verlos con mas detalle, los juegos originalmente tenían varios colores, rojos, amarillos, verdes… Sin embargo ahorita todos estaban de un único color, un color rojo que chorreaba en muchos de ellos.

Me acerqué a uno, vigilando que no se me acercara ningún zombie que pudiera ser un peligro, por alguna razón en esta zona no habían tantos como en las cuadras de atrás, aunque me era desconocida la razón exacta de este fenómeno.

Creía que los juegos habrían sido recién pintados de rojos por el gobierno que aún se mantenía al poder, después de todo siempre había sido su color, pero al tocarlo y notar que era muy espeso y no era pintura comprendí que todos los juegos se veían así por la sangre que tenían encima.

Todo aquél lugar parecía estar acabando de pasar por un ataque a gran escala, todo el suelo estaba lleno de charcos, y salpicaduras de lo que indiscutiblemente era sangre.

Entonces escuché un gruñido a mi espalda, y a una de las criaturas como luchando, pensé que me había alcanzado algún zombie y sería mi perdición, aún más allá, también pensé en que estarían comiéndose al Señor Bras… A quien engaño, rezaba porque lo que escuchara era un zombie sobre el señor Bras y no que fuera uno buscando montarse sobre mí en aquél instante.

Me di la vuelta rápidamente, nervioso, y levantando el arma, tomándola con ambas manos, el dedo en el gatillo y quitándole el seguro. En ese instante no logre ver a ningún zombie. Solo observé que el Sr. Bras continuaba sentado, abrazando fuertemente la toalla oscura donde tenía a su nieto que parecía haberse vuelto a despertar.

Sin dejar de apuntar, me acerqué lentamente, el no levantaba la mirada y luchaba con su nieto, siseándole para que no hiciera ruidos como había hecho hace mucho rato y se había calmado.

Recordé en ese instante que cuando salió de la tienda, lo hizo con una toalla clara, luego llevó a su nieto en una toalla bicolor que no sabía de donde había sacado, y ahora lo cargaba en una toalla, que en la poca luz de la noche se veía de un único color oscuro.

Volví a escuchar los gruñidos, y pude ver la agresividad con la que el niño se movía, Bras levantó la mirada hacia mí con odio, y entonces comprendí que su nieto ya se había infectado antes de salir de la tienda.

Había traído por todo el camino a un niño moribundo y que se murió en sus brazos, y ahora desde adentro de la toalla, estaba buscando con todas sus fuerzas morderlo y llevarlo consigo a las filas de este ejercito de la muerte.

El se levantó de golpe, casi no me hubiera dado tiempo de reaccionar, si no hubiera tenido el arma sin el seguro y el dedo en el gatillo, en serio no hubiera podido reaccionar. Nunca había visto a una persona mayor moverse tan rápido y con tanta agilidad, que de seguro conseguía por la adrenalina o algo más que me era inexplicable.

Una bala fue disparada, sea por suerte, casualidad o el destino, la bala había atravesado la toalla oscura de sangre, y alcanzándolo en el pecho. Dio un paso atrás, y pude ver como sus brazos se aflojaron un poco, lo hicieron instintivamente para ver al niño como estaba…

Parecía que no le importaba que le acababa de disparar en el pecho, se le veía en el rostro que estaba más preocupado porque su nieto se dejó de mover inmediatamente, y yo no podía quitarle la mirada de encima, si en aquél instante algún zombie se me hubiera acercado por la espalda no estoy seguro que hubiera podido escucharlo o notarlo.

Volvió a verme y su rostro mostró una mueca difícil de descifrar, era una expresión de dolor, y odio al mismo tiempo, pero no estaba seguro si era por lo que le había pasado a su nieto o por el disparo que acababa de recibir y no estaba seguro si sabía que tenía.

Cayó arrodillado, aún con su nieto en sus brazos, y aproveche de voltear y ver a mi alrededor. Algunos zombies salían de la estación del metro Sabana Grande, otros parecían comenzar a salir de los edificios más atrás de donde yo venía o de más adelante a donde me dirigía en aquél momento.

Escuché un golpe seco mientras giraba para verificar todos mis ángulos, y al ver a Bras estaba en el suelo con su nieto abrazado bajo su cuerpo. Me acerqué con cuidado, me interesaba recuperar el palo que tenía, puesto que ya había perdido la pequeña estaca que tenía anteriormente.

Primero lo moví con el pié, no respondió, parecía no respirar porque no se veía movimiento de su pecho. No tenía mucho tiempo para verificar, los zombies se acercaban por las calles del boulevard después de escuchar el disparo. Lo terminé de poner boca arriba. Y soltó la toalla.

Sus ojos abiertos miraban a un cielo sin verlo, el iris se estaba aclarando, no sabía si se convertiría o si no había sido mordido por su nieto. En la toalla pude ver que el disparo le había dado justo en la cabeza al niño, y lo volví a tapar tranquilo que no se levantaría.

Al ver por última vez a Bras, observé que tenía mas sangre de la que parecía en el pecho, no estaba seguro si el disparo había alcanzado el corazón o era sangre de alguna mordida del niño. Así que preferí no arriesgarme y con el mismo palo que le estaba quitando le atravesé el cerebro para que no se fuera a levantar en las próximas horas… o minutos que es lo que había tardado el niño. No había pasado ni una hora desde que abandonamos la tienda y se había convertido en uno de ellos.

Claro que la sangre de la toalla me decía que había muerto con mucha perdida de sangre lo que pudo acelerar el proceso. Tal vez el tiempo era después de muertos unos minutos, pero no podía ponerme a averiguar esa información en ese momento.

Aproveché y bajé la calle con dirección al Centro Comercial El Recreo. Si lograba traspasar las puertas y los zombies no lo habían invadido todavía podía intentar varias cosas. Tendría comida, cambios de ropa, y tal vez lograra romper los cristales o algo de la tienda de armas que se encontraba en la parte de atrás.

Me movía lo más rápido y silencioso que podía, quería llamar la atención lo menos posible. Mientras bajaba si note mayor movimiento de zombies en la esquina de la avenida. Justo donde estaba la entrada del centro comercial.

Oculto entre los vehículos, pude ver una gran cantidad de zombies en la entrada al Centro Comercial. Por eso la calle superior del boulevard estaba tan vacía a esta altura, al parecer desde el interior, un grupo de personas los mantenía a ralla como podían y amontonaban cada vez mas cosas en la puerta.

Con todas esas criaturas en la puerta ya no podría entrar, para poderlo hacer tendría que atropellarlos con un vehiculo, y tumbar la puerta para entrar, pero eso también eliminaría las posibilidades de seguridad en su interior.

En ese instante, como si alguien hubiera leído mi pensamiento, pero no completo y se hubiera vuelto loco, escuché el acelerar de un vehiculo, venía esquivando los zombies que podía por la avenida, y se dirigió directo a la entrada del CC.

Pude verlo todo con suma claridad, los cuerpos al ser llevados por el frente del vehículo, pude ver como los miembros volaban con el choque, y aún más allá cuando el vehículo chocó con la reja de seguridad del centro comercial logró medio doblarla pero no tumbarla.

Pude ver como el chofer del vehiculo fue sacado por los zombies que inmediatamente lo rodearon, y como otras de esas criaturas, que se aglomeraban en el frente del vehículo, comenzaban a trepar torpemente por el vehiculo y a ingresar en el centro comercial.

Los disparos desde el interior no se hicieron esperar, empecé a escuchar gritos, muchos gritos de mujeres, los disparos comenzaban a retroceder, los zombies pasaban unos sobre otros para poder entrar…

Recordé las otras entradas al Centro Comercial, pero eran entradas demasiado abiertas y fáciles de traspasar, complicando la posible defensa de las mismas. En especial la del estacionamiento que era completamente abierta si no recordaba mal. Lo que sería un mal lugar para resguardarse en aquél momento.

Los disparos, los gritos, y la euforia de todas las criaturas gimiendo y buscando su alimento atrajo rápidamente a otras criaturas, yo tuve que comenzar a moverme o me vería rodeado. Comencé a subir de nuevo en dirección al boulevard.

Mientras subía tuve que gastar las 2 balas que me quedaban en la recamara, (descubriendo ese hecho al disparar y escuchar el tan temido “CLICK” de un arma descargada), y cambiando entonces el cargador por el otro que le había quitado al policía.

 Sin embargo, abajo el bullicio era tan alto, que los zombies que les pasaba por un lado, al alejarme se daban la vuelta y seguían su camino al Centro Comercial. Casi podría decir que podían hablar y gritarse entre ellos que ahí había comida y alimento fácil…

Yo volví a mi camino original, era de madrugada en el boulevard. La Torre de la Previsora con su hora ya empezaba a ser visible… parecía que nunca podría salir de esta pesadilla, pero era como un faro en la oscuridad del mar indicándome que estaba más cerca del lugar que quería llegar.

A mi mente regresó aquella música clásica que había escuchado unas cuadras atrás, aquella “Oda a la Muerte” que de seguro despedían a Bras, y a los que se encontraban dentro del centro comercial, que un idiota les había tumbado su barricada en un ataque de estupidez…