jueves, 2 de agosto de 2012

Capitulo 8, "Caracas Ciudad de Muerte" VI Concierto de Luces


VI

Concierto De Luces


Siempre he dicho que me falta aún mucho, para alcanzar a los grandes escritores que logran acordarse de pequeños detalles en todas las situaciones de su vida, pero por lo menos intento de recordar algunas cosas y espero algún día poder alcanzar a los grandes maestros como Stephen King, Lovecraft, George Martín… Cada uno a su estilo pero todos grandes escritores.

Me encuentro tomando un whisky que conseguí en la sala de descanso, no esta para nada mal, y quiero en esta oportunidad intentar de acercarme un poco más a los escritos que tanto me gustaban cuando el mundo aún era mundo de vida.

Les prometo que no voy a inventar absolutamente nada, tal como lo he venido haciendo, pero esta bebida me ha hecho querer intentar de imitar a esos escritores que tanto me gustaban leer en la universidad y antes de ella. Por lo que de una vez informo que intentaré de darle mas detalles a esta parte de la historia, una parte que siempre me he preguntado si fue un sueño o en verdad lo viví.

¿Que porqué considero que aún desconozco si fue real o un sueño? Pues porque no creo que una serie de cosas tan desafortunadas y locas pudieran ocurrir un solo día a una única persona en el mundo.

Tal vez la combinación de recuerdos viaje mucho entre el mundo subterráneo de los sueños, una mente golpeada fuertemente y en este momento lleno de alcohol, o simple y realmente si ocurrió de la manera que lo recuerdo.

Caminaba por el boulevard, como ya les dije, después de salir de aquel centro comercial infernal y de recibir clases gratuitas de ingles, mi cabeza no había quedado en perfecto estado. Aunque la adrenalina seguramente era lo que me mantenía en movimiento.

Debo decir en mi defensa que esta parte sección de mis recuerdos, vagan por un corredor de oscuridad y sombras, que de vez en cuando estalla en luces de conciertos y música a todo volumen que no debería de haber estado en ese lugar.

Me encontraba pasando por la calle donde estaban la mayoría de los clubes nocturnos de homosexuales, no recuerdo exactamente el nombre de esa calle, pero siempre la había considerado así, pues era la calle por la que se les veía mayoritariamente, y siempre entraban y salían de un club a menos de media cuadra de distancia.

No sabría decir con exactitud si las personas que me mantuve esquivando eran personas con vida o eran personas ya convertidas en esas cosas. De seguro si eran personas sanas y me vieron en ese estado pensarían que había sido mordido o que los intentaría de comer.

Sus rostros, con labios inmensamente horribles pintados en sonrisas rojas sangre, y sus dientes sonriendo a la luz del Boulevard, podrían ser fácilmente zombies sin labios buscándome comer.

Todo lo que se me acercaba recibía de mi parte empujones y golpes. No estoy seguro cuantas balas llegué a gastar en esas pocas cuadras, pero cada vez que sentía alguna mano tomarme, el fuerte grito de cuerno que hacen las armas de fuego al disparar quedaba en mis oídos.

Lo describo de esta manera porque el aturdimiento era aún tan persistente y el dolor de cabeza tan continuo, que cada vez que disparaba podía escuchar el pitido en mi cabeza, sentir como cuando eres niño y te pones a jugar con tus primos a lanzarse fuegos artificiales en un cuarto pequeño, y ese pequeño pitido de “PIIIIIIIIIIIIiiiiiiiiiiiiiii” se queda en tus oídos durante un buen rato.

Busqué disparar solo cuando fuera necesario, pero ese necesario fue casi toda mi arma, mi caminar torpe me dejó demasiado cerca de personas o criaturas que pudieron saber lo malo que era acercarse a alguien en el estado que me encontraba.

Recuerdo cuando estaba pasando ya frente a la gran tienda departamental del final del Boulevard, frente al mismo se encontraban algunos juegos infantiles, creo recordar haber visto a un niño balancearse sobre uno de ellos, suavemente, jugando, meneándose adelante y atrás, y sus gritos…

No podía ser un niño, o por lo menos no uno vivo. Recuerdo al concentrarme un poco para verlo mejor, pude ver que era el cuerpo de una criatura que alguien había atravesado con un palo, tabla o algo por el estilo, pero era muy largo, y el arma con el que lo habían atravesado se había quedado atorada entre los resortes de aquél pequeño juego bañado en su sangre.

A partir de aquí recuerdo con un poco mas de claridad las cosas. Mi mente se empezaba a despejar, y dejar de disparar había ayudado en mucho a organizar las ideas. Sigo sin comprender lo que ocurría adelante, ya siendo el final del boulevard, había un escenario.

Al detenerme por un momento, pude ver en el suelo una botella con algo de agua aún adentro. Tome la botella y me la lancé sobre la cabeza. Aún estaba fría por lo que la persona que la había soltado no debía estar demasiado lejos.

Los zombies no se encontraban muy cerca de mí, y los pocos que podía distinguir, caminaban al escenario que tenía frente a mí y se aglomeraban en el frente, todos con los brazos alzados, gruñendo y gritando, como un grupo de personas pidiendo a su artista salir detrás del escenario y comenzar a cantar juntos sus más grandes melodías.

Me coloqué detrás de un árbol, y al ver al escenario pude ver que había unas personas, en específico parecían ser 2 o 3 mujeres y un par de hombres sobre el escenario.

Los dos hombres se encontraban a cada lado de las escaleras, habían lanzado las cornetas, las luces, el tablero y todo lo que pudieron en el borde de las escaleras, para intentar de retener un poco a las criaturas.

Las mujeres se habían juntado en el centro del escenario, abrazadas unas a otras, parecían gritar y llorar. Los muchachos eran jóvenes y fuertes, pero mientras se fueron reuniendo las criaturas poco podían hacer.

Pensé que eran unos tontos y que debían de continuar caminando y saltar por la parte de atrás del escenario… Ese pensamiento desapareció cuando pude observar como desde atrás, una criatura trepaba sobre los cuerpos de otros compañeros caídos y se lograba subir al escenario.

Las mujeres gritaron con más fuerza, uno de los muchachos volteó a verlas, dudando y distrayéndose por un momento. Un momento más que suficiente para que un zombie lo alcanzara y lo jalara por una pierna escaleras abajo donde su público y grandes admiradores, esperaban y deseaban escuchar y sentir su carne, su vida y tocar a su artista después de tanta espera y obstáculos que este les había puesto.

Al ver como comenzaban a ser superados, ya con la mente casi completamente despejada, decidí continuar mi camino, bajé a la avenida Casanova, (creo que se llamaba así), es la avenida que para todos era mejor conocida como “La calle de los hoteles” porque en esa zona se encontraban varios hoteles donde escaparse con las parejas y las amantes.

Al llegar abajo, observé muchos carros en el camino, la vía estaba bastante tapada y era difícil llegar a pasar con un carro por esa zona. Tal vez una moto pudiera moverse, pero no había ninguna a la vista y tampoco tenía las llaves de ninguna de ellas para tomarla para mí.

Pude ver como de las sombras, calle abajo, venían un par de mujeres, estaban tapándose el frente desnudo de sus cuerpos con unas sabanas de color oscuro, aún así sus siluetas dibujaban unas hermosas curvas, que pelearían y ganarían a una sirena si estas existieran.

Por un momento pensé que podrían ser mujeres buscando ayuda, o que tal vez se habían encontrado con algo que no habían sabido manejar, puesto que cada vez que pasaban al lado de los vehículos volteaban a su interior, golpeaban los vidrios y parecían decir algo, aunque por la distancia no me era entendible.

Comencé a hacerles señas, no quería gritar para no atraer a otras criaturas a donde yo me encontraba, mientras a mi espalda los gritos del grupo que estaba en el escenario se habían apagado a un largo pasillo sin luz ni sombras.

Una de las mujeres me había visto, abrió la boca en una expresión que parecía de alegría, y pude ver como su lengua se paseó con gusto por sus labios. Unos labios que eran muy grandes y se encontraban pintados de un rojo muy fuerte.

Cuando comenzó a caminar a donde yo me encontraba, la otra mujer pareció escucharla. Mientras andaba a trompicones, me empecé a preguntar si no habrían sido mordidas, puesto que caminaba como si estuviera arrastrando la pierna derecha.

Mientras caminaba, cuando salían a la luz de la vía, lejos de la oscuridad de la calle de donde venían, las telas que le cubrían el cuerpo cayeron al suelo, mientras ellas alzaban sus brazos en expresión de desespero y deseo.

Sin embargo en ese momento no podían existir dudas de lo que ocurría. La hermosa silueta curveada de la primera mujer que había alcanzado la luz, era cortada de forma monstruosa por una inmensa mancha roja del pecho, donde se le podían ver las costillas y se notaba que su carne había sido comida.

La otra que aún conservaba sus bustos en su lugar, no pudo ocultar las tripas que le colgaban de su vientre, se las pisó ella misma y cayó de frente al pavimento, arrastrándose en su propia sangre y su propia porquería.

Yo dí gracias a Dios por los vehículos que nos separaban. Esos vehículos me darían tiempo de retirarme. El dolor de la pierna y la cabeza continuaban, pero de una manera más tenue.

Continué mi huida y llegué al semáforo. Pasar por esa zona sería un infierno, podía ver zombies por todas partes. Un gran choque de vehículos había trancado la vía. Al sur podía ver a un par de vehículos quemándose y la entrada a otro hotel prendido en llamas.

Desde el norte, donde la gran avenida alcanzaba el final del Boulevard y se podía ver la Torre la Previsora, mas no la hora que marcaba, pude ver a muchas criaturas deambulando. Algunas estaban comiendo, otras caminaban erráticamente, y unas pocas golpeaban las entradas de locales y edificios, donde seguramente había personas resguardándose del desastre que estaba viviendo la ciudad capital.

Al voltear a mi espalda, las mujeres que había visto atrás, disfrutando de sus hermosos cuerpo al aire libre, como los viejos Hippies, y las personas en una playa nudista pueden disfrutar del dulce aire frío de la noche en la orilla del mar, venían caminando y arrastrándose lentamente, sin mucha prisa, pero de seguro no se cansarían y esperarían a fumarse un cigarrillo.

Estaba siendo rodeado demasiado rápido. Las criaturas comenzaron a salir también de los vehículos, parecía que entre los gruñidos y los sonidos ininteligibles en nuestro idioma, eran para ellos algo tan natural como si de conversar y discutir de una obra de Shakespeare, se tratase.

Me subí al techo del vehículo que tenía a mi lado, recordé que en el escenario que había visto atrás no eran muy inteligentes como para elevarse a si mismos y subirse, pero eso no los mantendría más que un par de minutos atrás, mientras se apilaban y me rodeaban.

Decidí comenzar a correr y saltar de vehículo en vehículo, aprovechando el congestionamiento y los choques. Pero con cada salto, el techo de algún vehículo sonaba, y atraía más y más criaturas.

Pensé en distraerlas un poco, atraerlas a una zona donde después pudiera escapar en dirección contraria sin tener a muchos de ellos. Así que subí por unos vehículos por la avenida hacia el norte.

Sin embargo no había ni pasado por encima de 3 vehículos cuando comprendí el principal peligro del plan que estaba ideando. De uno de los vehículos salió por la ventana del chofer el cuerpo de una de esas cosas, al sentir el golpe de mi peso sobre su techo.

Me tomó por un lado del pantalón, donde estaba rasgado y con algo de sangre de la raspadura del golpe que me había dado al salir del centro comercial. Yo sencillamente caí de frente, aunque me dio tiempo de amortiguar el golpe, no pude detener mi caída.

Grité del miedo y la criatura entre su forcejeo, había pisado la corneta del vehículo. En medio del silencio que había en la zona, una corneta de un carro era como la campana en casa de la finca de algún viejo tío, donde para llamar a los niños a almorzar se hacía sonar y todos salían corriendo a buscar sus platos hambrientos y cansados de jugar y andar durante todo el día.

Al voltear a verla, la criatura no tenía ojos, era un rostro vacío, oscuro, como si de una alma del inframundo hubiera tomado posesión del cuerpo sin vida de aquél ser y lo estuviera controlando, odiando la luz y la vida por sobre las otras cosas y deseando comerse toda aquella vitalidad que alcanzaran sus manos inútiles sin el sonido de mis pasos.

Le disparé apenas pude controlar mi pulso y mis nervios. Del miedo y el terror hicieron falta 3 disparos para acertarle en la cabeza. Las otras dos balas se perdieron en el aire, y no sabría decir se habían alcanzado a alguien más o no.

Cuando me iba a levantar sentí como una mano me tomó por el cabello, pero del miedo perdí un mechón del cabello al jalar con mis fuerzas y dar otro grito. Me levanté como pude sobre el techo del vehículo y empecé a disparar el arma contra las criaturas que estaban junto a la que me había arrancado el cabello.

El miedo no me dejó pensar con claridad, sentía que la situación se me salía de las manos. La corneta del vehículo seguía llamando a los niños a buscar su desayuno, pero eso no evitó que mis oídos percibieran un suave “Clic” por entre los demás sonidos cuando la chispa del disparo no había salido y el golpe del retroceso no me había alcanzado el brazo.

Intenté de disparar dos veces más, pero solo salía el Clic del golpe al vacío. Levanté el arma, pude ver la última línea de humo salir de su cañón que apuntaba al cielo, como si del último momento de mi vida se tratase, vino a mi mente el recuerdo de mi abuelo fumando en la primera casa donde había vivido, recordé a mi padrino riendo con mi padre mientras jugaban Póker y él se fumaba una pipa de chocolate y yo jugaba con mi primo Juan Diego en la consola.

Un golpe en el vehículo me trajo de nuevo de los recuerdos inútiles que tenía. Habían muchas de esas criaturas que habían bajado del Boulevard con el ruido que habíamos hecho, tuve el impulso de querer lanzar el arma sin balas, pero cuando levanté el brazo lo sentí pesado y sin fuerzas, Creía que ya no quería pelear más.

Voltee a mi espalda para ver como estaba el camino por el que había venido, y pude ver que por el sur no había tantas criaturas. Podía pasar por encima de los vehículos, devolverme después de atraerlos por aquí, tal vez si podría alcanzar un escape como lo había pensado antes de caer en este techo.

Sin soltar el arma comencé a saltar de vehículo en vehículo, los choques no habían permitido a muchos zombies pasar entre los carros lo que facilitó la carrera y el poder esquivarlos.

La avenida en dirección a Plaza Venezuela, donde se encontraba la entrada a la Universidad Central donde seguro los militares habrían levantado una zona de seguridad, estaba bastante despejada. Había unos cuantos zombies, pero estaban lo suficientemente separados como para buscar esquivarlos y continuar mi carrera.

Sentí como si tuviera nuevas fuerzas, aunque un sabor amargo a bilis acompañado por un extraño sabor metálico estuviera en mi boca, y un dolor atormentara mi pierna junto al agotamiento, pude igual sentir que faltaba poco para estar en un lugar tranquilo.

Mientras me acercaba a la fuente de Plaza Venezuela, pude escuchar en el fondo una canción que me costó un poco reconocer, pero pude hacerlo por ser de una cantante sumamente especial para mí, en este lugar siempre colocaban música clásica.

Recuerdo que estaba sonando la canción de “May It Be” de la artista ENYA. No era una artista muy reconocida en Venezuela, pero a mi me gustaba mucho su música suave cuando leía, estudiaba o escribía.

Me pareció estúpido que con lo que estaba ocurriendo aún estuvieran dejando sonar la música a un volumen tan alto. Eso fácilmente atraía a las criaturas y no creo que fuera la mejor manera para defender esta zona.

Recuerdo que una sonrisa se mostraba en mi rostro, podía casi sentir que podría estar más tranquilo y que los profesionales estarían ahora cuidando de los civiles. Seguro pronto acabarían con esto y yo estaba saliendo de la zona de infección.

Lo que no pasaba por mi mente es que no escuchaba las armas de fuego, no escuchaba una defensa, me imaginé por un momento, mientras la música aumentaba que habían limpiado tan bien la zona, o habían colocado suficiente defensa como para no preocuparse por un o dos grupos de esas criaturas.

Excesivamente malo de mi parte, pensar en cosas tan bonitas en momentos de oscuridad y muerte. Mientras me acercaba mis ojos solo veían lo que querían ver, no notaban la cantidad de zombies que caminaban por mi alrededor y se movían a buscarme, no veía la cantidad de cuerpos que habían en el suelo.

Aún peor, tarde caí en cuenta que muchos de las criaturas que en ese momento estaba pasando por su lado portaban uniformes militares, uniformes de la Milicia Venezolana, y la gran mayoría se estaban levantando de los restos de comidas que dejaban en el suelo.

Una explosión de luces se encendió en la Plaza. La canción había culminado y estaba comenzando a sonar un ritmo más movido. Era otra canción de música clásica sí… aunque esta no la reconocía.

Las luces en la fuente subían y bajaban en intensidad, cambiando de color según la tonada que sonaba, se veía que estaba programada para seguir el ritmo de la música, y entregaba un hermoso concierto para los pocos transeúntes que caminaban en ese momento por ese lugar.

Esos pocos transeúntes de ojos blancos, que se desangraban, que se comían unos a otros, que parecían estar teniendo relaciones en medio de una gran orgía que nadie me había invitado, sobre una hermosa alfombra roja sangre, que los cubría y separaba del duro concreto en su suave oleaje proveniente de los corazones y los cuerpos mutilados bajos sus fuertes mandíbulas.

Caí en cuenta lo que me estaba pasando, estaba cansado, el cuerpo me dolía, creía que no podría moverme más y mis esperanzas eran solo eso, esperanzas de un mundo muerto…