miércoles, 12 de diciembre de 2012

Capitulo 10, "Apocalipsis en Navidad". II Cena de Navidad Apocaliptica


II
Cena De Navidad Apocalíptica...

-      Pero creo que antes de empezar a contar el momento que todo se vino abajo, debo comenzar por explicar algunas otras cosas que ocurrían y que mis padres no les prestaba atención. O por lo menos me ocultaban para que yo no las notara demasiado

Así comenzaba la descripción de Lori, sobre su pasado y como las personas en su ciudad percibieron los problemas del Apocalipsis en ese momento tan irreal.

-      En el país se había comenzado a hablar de ataques de personas con rabia, que se estaban dando en Venezuela, Colombia, Chile, Panamá y Brasil. Pero mis padres no les estaban prestando mucha atención.

       Yo empecé a enterarme de las cosas que estaban ocurriendo por mi escuela, ya que mis padres no me dejaban ver la televisión hasta tarde como a otros niños más grandes. Pero ellos habían empezado a molestar en la escuela.

       Les quitaban el dinero y el desayuno a los demás niños, y decían que si no se los entregaban, ellos nos llevarían hasta los monstruos de rabia para que nos comieran. Yo era hija única, y siempre me habían enseñado a defenderme, pero era muy pequeña en comparación a los muchachos que nos estaban molestando todo el tiempo.

Atsuko se mantenía a un lado de ella, su rostro se notaba interesado, esta vez Lori había comenzado la historia incluso más atrás de lo que ellas habían conversado anteriormente, y esta parte no la conocía aún.

-      Cuando llegamos al viernes, ya habían varios niños que no estaban llegando a las clases, los maestros no nos decían porqué estaban faltando, pero las personas se veían cada vez más preocupadas. Todo el mundo se veía más preocupado menos mis padres.

       Ellos seguían en casa, hacían las comidas, mi papá compró mucha comida extra y llegó golpeado un día, pero mi mamá me dijo que todo estaba bien, que no habría problemas y que mi papá solo se había dado un golpe.

       Yo aún era muy niña, pero tenía miedo… Mucho miedo. En la televisión no se hablaba de otra cosa, de que tenían que cerrar fronteras, la presidenta ya había salido corriendo y se había llevado un dinero que no era de ella, los militares tomarían las calles… Pero nada de eso sirvió, porque ese mismo viernes después de la fiesta de fin de año en clases todo…

En el rostro de Lori se veía que le dolía y estaba preocupada, no le gustaba recordar esa época, ella no había podido crecer que de verdad estaba pasando todo aquello, como muchas otras personas, como Lionheart o Atsuko que ya tenían más edad cuando todo empezó… Ella apenas estaba cerca de los 10 años en aquél momento.

-      Ya yo me encontraba nerviosa, mi mamá me fue a buscar ese día al colegio, cosa que no era común ya que normalmente era el transporte quien me buscaba y me llevaba hasta la casa. Escuché de una de las maestras que “La rabia ya había llegado”, pero no le había comprendido.

       Esa tarde, cuando íbamos a la casa, mi mamá estaba muy nerviosa, me colocó en el asiento trasero del carro, puso música a un volumen alto para que yo no escuchara lo que ocurría afuera, mientras yo jugaba con mis audífonos con la pantalla que tenía el asiento de atrás.

       En un momento, cuando estábamos cerca de la casa, un hombre golpeó con fuerza el vidrio del copiloto del carro… Esa fue la primera vez que pude ver a esos monstruos en persona. Al señor le habían comido para de la cara, mi mamá comenzó a gritar, y yo también me asusté mucho.

       Me lancé al suelo en la parte de atrás, y escuché como el vidrio se partió, luego escuché otro golpe pero del lado donde estaba mi mamá y sentí como el carro aceleró rápido, lo que hizo que yo me diera un golpe fuerte contra el asiento.

Lori no dejaba de verse las manos, Lionheart ya había encendido de nuevo la grabadora y Atsuko lo observó al hacerlo, se vieron a la cara y Atsuko en un suave movimiento de la cabeza, le indicó que no sería correcto lo que estaba intentando.

Lionheart se observó las manos por un momento, con la grabadora encendida, y comprendió que lo mejor era quedarse con esta historia solo para ellos, por ser muy personal.

-      Yo estaba llorando en la parte de atrás… - Continuaba Lori. – estaba muy asustada, y entre la música me parecía que mi mamá también lloraba un poco. No comprendo como la gente no había querido creer en lo que estaba ocurriendo…

       Cuando llegamos al edificio, mi mamá entró en el estacionamiento, me dijo que jugaríamos a un juego, ella me taparía los ojos y me cargaría, y yo tenía que ir adivinando mentalmente por donde íbamos, hasta que llegáramos a la casa.

       Con los ojos tapados, me abracé fuertemente a mi mamá… No quería soltarla, y ella en varias oportunidades corría y gritaba mientras íbamos al apartamento donde vivíamos. Yo me imaginaba por donde estábamos, pero cada vez que escuchaba a uno de los monstruos cerca, me abrazaba con más fuerza a mi mamá…

Lori apretaba las sabanas con fuerza, y buscó la almohada que estaba a su espalda… La tomó entre sus pechos y abrazó la almohada como si de eso dependiera su vida… Su mirada triste continuaba un poco perdida, viendo la habitación sin ver nada…

-      En un momento mi mamá grito de dolor, y me medio soltó, yo creía que iba a caer, y que seguro estaríamos rodeados por esos monstruos… Mi mamá gritó “¡Por favor Señor Palacios… Por Favor Suéltenos…!”

       El señor Palacios era el conserje del edificio, a mi me gustaba mucho jugar con su hijo en el patio de su apartamento, pero tenía muchos días que no lo veía, y mi papá había dicho que le parecía que ellos se habían ido de viaje.

       Cuando me quité la venda de los ojos, para saludarlo, pude ver como su rostro había cambiado, los ojos los tenía blancos, la piel no era ni blanca ni negra… Su piel estaba verde, y tenía muchas pelotas como la que me salió una vez en una herida que me había caído en una bicicleta y tenía un juguito verde que olía a basura y a pupú…

       Me asusté mucho y me solté de mi mamá de un empujón. Mi mamá me grito inmediatamente, y voltee para ver como golpeaba al señor Palacios en la cabeza con un palo que ella tenía en la mano que no me estaba sosteniendo.

       Cuando la sangre y el líquido negro salía de su cabeza, de su nariz y de su boca, luego del golpe de mamá, yo me asusté mucho, me agaché y me puse a llorar. Pero cuando me agaché otra persona se tropezó conmigo y calló delante de mí, tropezándome y haciéndome caer también por su peso sobre mí.

       Comencé a gritar como loca, olía muy mal y no podía respirar, sentía algo como un líquido cayendo en mi espalda desde la otra persona, no sabía si se estaba orinando o estaba botando sangre sobre mí.

       Mi mamá gritó muy duro, y me alcanzó… No se que hizo porque yo no paraba de gritar y de quererme quitar el cuerpo de ese hombre que no sabía quien era. Hasta que mi mamá lo apartó de mí y me sacó de debajo de él.

       Corrimos por las escaleras para subir al apartamento, yo no quería ver más y metí mi cabeza entre los pechos de mi madre… Recuerdo que me preguntaba inocentemente, cuantos niños en el mundo se habrían portado mal, para que en esa navidad en vez de alegría y los regalos, vinieran los monstruos a comernos…

En el rostro de Lori se dibuja una pequeña silueta como de sonrisa al pensar lo inocente que era en el momento del ataque, y como no comprendía bien lo que estaba pasando gracias a la protección de sus padres…

-      Cuando llegamos al apartamento, mamá cerró la puerta con fuerza, se apoyó contra ella, aún conmigo en los brazos, y me apretó contra su pecho… Yo la escuchaba llorar, y ella se deslizaba al suelo de la sala.

       Llegamos al suelo y ambas estábamos ahí llorando juntas. No queríamos salir, y sabíamos que papá no había llegado aún, porque todo estaba apagado. Papá siempre llegaba más tarde… Los días anteriores a ese, papá siempre llegaba con bolsas de comidas, latas, arroz, galletas, chocolates, atún…

       Decía que no estaba seguro de que estaba ocurriendo, que la televisión seguro estaba escondiendo algo grande, y que no quería pasar como sus abuelos una nueva guerra o una nueva dictadura, con hambre y demás.

       Lo que no me gustaba era que no me dejaba comerme las galletas ni el chocolate, siempre decía “Esto es para una emergencia, si ocurre algo y no podemos salir tenemos que tener algo en casa que nos ayude a comer mientras papá pueda salir de nuevo.”

       Mamá me llevó a mi cuarto, y me dijo que cerrara por dentro,  que si escuchaba algo extraño, así fuera que la escuchara gritar no abriera la puerta, solo si llamaba y decía su nombre, y que me preguntara cualquier cosa que solo nosotros supiéramos, por ejemplo ¿Cómo se llamaba nuestro primer perro?, o ¿Cuántos peces tenemos en la pecera?... Cosas así…

       La escuché alejarse a la cocina, ese era otro juego, mantenernos en lugares seguros y solo abrir la puerta si respondíamos las preguntas que nos hacíamos. Era como juegos de adivinanza. Ese año, por alguna razón, habían puesto las cosas de navidad en mi cuarto. Todo mi cuarto estaba decorado de Navidad…

       Tenía un hermoso arbolito, en el que había colocado mis dibujos de Ángeles, y de Santa que había hecho ese año en la escuela, además aún estaba la carta que le había escrito a Santa y no se había llevado todavía. Mi mamá decía que posiblemente era porque con tantos problemas afuera, tal vez no habían podido llevarse aún todas las cartas de los niños…

       En una oportunidad recuerdo que le pregunté a mi mamá si los monstruos no se habrían comido a Santa, y como el viaje era tan lejos desde el polo norte hasta aquí en el sur donde estábamos…

       Mi mamá se puso a llorar… Ahorita comprendo lo difícil que debió ser para ellos, mantenerme al margen de todo lo que estaba ocurriendo, aunque estaba viviendo tantas cosas feas y consideraba que el mundo ahora lo dominaban los monstruos, ellos buscaban mantenerme a salvo como podían.

Lori voltea a ver la pared… En la misma se tiene un mural pintado con un paisaje ficticio de un atardecer… Al parecer lo colocaron para intentar de aplacar un poco la idea de estar unos metros bajo tierra en aquéllas instalaciones.

Su mirada afligida, denotaba lo difícil que era recordar días tan difíciles, y más aún cuando era ya los últimos días que había pasado con su mamá y su padre. Aquellos días donde el brote apenas comenzaba a aparecer en la ciudad donde vivía…

Lionheart se levantó un momento, y buscó un poco de agua, mientras ella continuaba perdida en el dibujo de la pared. Ella supo agradecerlo con una suave sonrisa, pero era una sonrisa completamente sincera…

Bebía lentamente un poco del líquido, dejando que pasara con suavidad por su garganta, era una sensación refrescante, ante los recuerdos tan ásperos, secos y horribles que le acusaban en ese momento.

No estaba segura cual época había sido peor, si el momento en que los monstruos la alcanzaron, o el momento de sobrevivencia…

-      Gracias… - Alcanzó a decir mientras reorganizaba sus ideas de nuevo – muchas de las cosas que ocurrieron ya no las recuerdo… Era muy pequeña…

Parecía que le daba pena admitir que no podía recordar realmente muchas cosas. Pero la mente humana siempre busca superar los traumas que vivimos, y olvidarlos en el subconsciente más remoto de la memoria es uno de ellos, alertándonos para no repetirlo, pero sin salir a flote para no hundirnos.

-      No te preocupes por los detalles… - Le respondía suavemente Lionheart… - Solo continua si sientes que esto puede ayudar a desahogarte y a sentirte mejor…

La observaba con mucho cariño, comprendiendo lo difícil que podría ser contar una historia personal… Había estado con varios sobrevivientes, muchos de ellos siempre tenían una historia para contar, un hospital en Brasil, un ataque en un cine, o el hombre que le juraba que en las torres de Parque Central en Caracas habían laboratorios del virus y que por eso lo habían quemado años antes, al salirse de control una muestra con la que experimentaban…

A estas alturas, esa idea, la manera de no querer luego reparar el edificio en los 5 años siguientes, y la información que ahora tenía de los encubrimientos de los gobiernos de distintos países, no le parecía tan loca aquella idea…

Aún así… existía otra razón mucho más personal y más intima por la que le comprendía en su dolor… Cuando escribía la historia del hotel con Brittany, le costaba describir los detalles sin sentir miedo y dolor nuevamente al recordarlos…

-      Esa noche fue la última medio tranquila que tuvimos… - Continuó Lori como saliendo de un profundo momento de recuerdos. – Mi papá solo lo escuché cuando llegó, con muchos gritos a la casa. Lo escuché decir muchas malas palabras, palabras que los niños teníamos prohibido decir porque eran palabras de grandes cuando estaban molestos y significaban cosas malas.

       Yo me asusté y comencé a golpear la puerta, quería salir y ver como estaba mi papá, saber que los monstruos no lo habías devorado y abrazarlo… Mi madre, asustada fue quien abrió la puerta de mi cuarto y me tomó en sus brazos.

       Estaba llorando, me abrazaba fuertemente contra su pecho mientras lloraba, y yo escuchaba su corazón latir muy rápido, parecían tambores de una canción muy rápida. Pude escuchar a mi papá que se había metido en el baño, seguía maldiciendo, y le preguntaba a Dios porqué permitía algo así…

       Yo creo que Dios nunca le respondió… Ni a él ni a los que se convirtieron en monstruos después…

Lori aprovechaba para tomar el resto del vaso de agua que tenía consigo. Los soldados en la puerta voltearon al interior del cuarto, para verificar que todo estuviera bien… Lionheart y Atsuko les hicieron un asentimiento leve con la cabeza, y ellos volvieron a mantenerse fuera de las puertas.

-      Esa noche mamá dijo que sería una noche muy especial, que sería la noche más maravillosa que pasaríamos en nuestras vidas… Que no importaba cuantos monstruos estuvieran fuera de la casa, el espíritu de la navidad nos protegería esa noche y nos permitiría compartir como una familia.

       Papá se veía bastante cansado, estaba sudando y pude ver que tenía una especie de camisa debajo de la camisa que tenía puesta, una blanca con muchas tiras… Sudaba y le costaba sonreír.

       Mientras mamá buscaba las cosas para la cena, y las traía a la mesa, yo la ayudaba como podía… Llevaba los platos, los cubiertos y los vasos… Papá parecía que se iba a desmayar en cualquier momento sobre la mesa.

       Cuando nos sentamos, rezamos una oración a Dios, para que nos permitiera estar juntos hasta que enviara a sus Ángeles a salvar a las personas buenas que estábamos atrapadas… Nosotros siempre acostumbrábamos a darnos un beso pequeño de piquito en la boca, cuando nos deseábamos buen provecho… era una manera de decirnos lo mucho que nos queríamos.

       Esa noche, cuando se lo fui a dar a papá, mamá casi saltó de la silla para que no lo hiciera… Pero yo ya me había lanzado hacia él… Sus ojos estaban rojos y muy encendidos, pude ver el sudor que caía por su cara que estaba cambiando. Se veía muy demacrado, algunas de sus venas se le podían ver sobresaliendo…

       Cuando le dí el “beso de buen provecho”, pude sentir como sus labios estaban sumamente fríos… Parecía que estuviera acabando de saborear un helado con ellos, y con mi mano en su cachete, pude sentir que su piel parecía que se estuviera quemando por dentro. Fue una sensación extraña…

       Es extraño sentir el frío y el calor tan cerca uno de otro, y más aún con las gotas saladas que corrían por su cara…

Lori bajó la mirada de nuevo, y empezó a jugar con sus manos en la sabana… Atsuko parecía que ahora si sabía lo que venía en la historia. O por lo menos mostraba mayor comprensión a lo que ya ella sabía de la misma.

-      Esa fue la última cena juntos… Afuera se podía escuchar muchas cosas feas… Escuchamos que algo había explotado cerca de la esquina de la casa, el edificio pareció temblar por completo, mamá primero puso una cara nerviosa, luego se hecho a reír, diciendo que seguro eran esos nuevos fuegos artificiales que explotaban muy duro y no lo habían lanzado muy lejos.

       Yo sabía que hacían todo lo posible por esconderme la verdad, las sirenas se escuchaban a lo lejos, pero aún así mi mamá intentaba de contar chistes, que nunca fue buena para ellos, y con lo nerviosa que estaba incluso se le olvidaban o no los terminaba de contar…

       Papá solamente buscaba comer, y cada pobre bocado que daba, intentaba no vomitar la mesa, lo dejaba un momento y luego lo retomaba con una cucharada más. Le costaba mantener la apariencia y la compostura. Se le veía mal. Pero aún así es el último recuerdo feliz que tengo con ellos…

       Después de la cena, empezamos a escuchar golpes y disparos dentro del edificio, yo sabía que ya los monstruos habían entrado en el edificio, y mamá y papá pusieron algunas cosas contra la puerta, aparte de pasar la llave.

       Nos fuimos al cuarto de mis padres, ellos tenían unas botellas de alcohol de color como rojo… Mi padre se acostó un rato en la cama a reposar y tomar fuerzas, sudaba demasiado, y su piel yo la seguía sintiendo hirviendo… Pero sus palmas de las manos estaban congeladas…

       Cuando mamá nos trajo los vasos con el alcohol de color como rojo, nos entregó un vaso a cada uno. Yo nunca había tomado así que me imagine que en verdad era una ocasión muy, muy especial, para que me dieran por primera vez algo para tomar…

       También había visto que mi mamá le había puesto el polvo de unas pastillas, y cuando le pregunté me dijo que era para que lo pudiera tomar, porque aún estaba muy pequeña… Los tres nos tomamos los vasos. Los golpes en la puerta de la casa se hicieron más fuertes, y ellos cerraron la puerta del cuarto.

       A mi me estaba costando tomarme esa cosa tan amarga… No me gustaba, pero ellos casi me obligaron a tomármelo a la fuerza… Después nos abrazamos en la cama, y nos acostamos. Mamá me dijo “Duerme tranquila… ya mañana no estarán los monstruos en casa…”

Lori comenzaba a llorar… Estaba con la nariz casi hecha de agua, al recordar las últimas palabras de su madre no pudo soportar más y quería llorar…

Lionheart la abrazó un momento contra su pecho, y cuando ella escuchó los latidos de este, empezó a llorar con fuerza sin poder contenerse… Sabía que ocurriría después… No todo, pero si en parte… Con los padres despertando de ese terrible y último sueño.