jueves, 4 de octubre de 2012

Hace 10 años, Un Pistolero ha Nacido II, Prologo II, 2da Temporada.


Necesitaba regresar a la civilización, allá donde estos cuentos de Muertos que Caminan son imposibles, donde las enfermedades son tratadas por expertos médicos y buscan su cura, donde las pesadillas solo eran eso, pesadillas de una mala noche de sueño.

Levantó la mirada de nuevo... Escuchó a algunas personas hablando en ese idioma cantante que tienen en esta parte del mundo, no podía comprenderlo puesto que parecía que todos hablaban al mismo tiempo.

El niño estaba dormido, los padres de los niños también… La nenita en cambio se había encogido de pies y manos apretando con mucha mas fuerza su muñeca y llorando para sus adentros.

Un fuerte olor a mierda le llegaba de algún puesto cercano, no estaba seguro si había sido el niño a su lado que estaba enfermo, o de algún pasajero que no cerrara la puerta del baño luego de salir del mismo en una emergencia estomacal.

Pudo ver a su amante – azafata caminando por el pasillo de venida. Parecía un poco preocupada en su rostro, la miró directo a los ojos intentando de reconocer si quería decirle algo con la mirada, sus acciones o si realmente venía a hablar con él. Si una situación de rehenes se había presentado en la nave no quería que la vieran hablando con él directamente, pero aún así ella se acercó hasta donde él estaba ignorando a otros pasajeros…

Se inclinó, permitiéndole ver el suave escote de su ropa, pero su voz inmediatamente le despertó una alarma en algún punto de su subconsciente, provocando que su mirada se levantara automáticamente a su rostro y sus labios carnosos que aún podía sentir explorar sobre su propia piel…

-      El capitán te quiere ver. Te habías quedado dormido así que no quise despertarte… Parecías incomodo pero mas bien me imaginé que estarías muerto del cansancio para poder dormir en medio de este horrible olor. – Le regalaba una hermosa sonrisa mientras le mostraba otro vaso nuevo de Whisky ya que el anterior se lo había quitado cuando lo vio dormido por seguridad. - El capitán dice que se siente muy cansado así que prefiere verte de una vez y luego lanzarse un descanso de un par de horas para retomar energías, no quiere preocuparte más de lo necesario, porque sabe lo del vuelo secuestrado de hace unos días…

Ella se levantó sin esperar respuesta de él, y empezó a atender a los pasajeros que estaban frente a Ronald. Mientras él pensaba en las palabras del Capitán. “El sabe lo del vuelo secuestrado de hace unos días…”

¿Que tan literal eran aquellas palabras? No estaba del todo seguro, pero tal vez podría averiguarlo de primera mano…

Se levantó de su asiento, con mucha flojera y sintiendo el cuerpo algo pesado del sueño del que acababa de despertar. Había dormido unas buenas horas. Ya tenían la mitad del vuelo adelantado. Introdujo la lapto en el bolso de tela debajo de su asiento, donde debería de estar el salvavidas que había sacado para meter el equipo y que más nadie lo tomara si tenía que levantarse de su asiento.

Cuando pasó por detrás de su amante – azafata, por su mente pasó el recuerdo de haberla tenido en esa posición inclinada, a la orilla de aquella cama, en aquel oscuro pero delicioso hotel de Shangai. Ella gritaba salvajemente pidiendo más, mientras tomaba con fuerza las sabanas, ambos sudados, y el muy cerca de terminar, casi podía sentirla de nuevo así, puesto que aún estaba un poco meditabundo y adormilado con pesadez en los ojos…

Su mente regresó al avión, cuando lo alcanzó de nuevo el olor a pudrición y mierda que había en el aire. Ella estaba moviendo al señor del asiento diagonal a él. Era una persona mayor, al parecer estaba dormido, y se había hecho encima…

No quiso imaginarse lo incomodo de aquél momento y que no podía haber peor momento para recordar un instante tan divino como aquella noche en el hotel, por lo que continuó con sus pasos.

Sus sentidos se estaban despertando y poniendo en alerta, sabía que si en verdad había una situación de rehenes, (que no parecía para nada una situación así dada la tranquilidad de la azafata), no podía cargar con él el arma al momento de encontrarse con los secuestradores. Puesto que lo revisarían mientras ideaba un plan para poder ayudar a todos y sería peor luego. Y también que tendría que quitarse aquella pesadez antes de llegar a la cabina

Entre los pasajeros de clase económica donde se encontraba, había muchos pasajeros durmiendo, pálidos, caídos de lado en sus asientos como si se hubieran desmayado más que se hubieran dormido.

Por un momento la imagen cambió drásticamente en su mente, podía imaginarse a todas esas personas levantándose de golpe, con las mandíbulas abiertas, hambrientos de carne humana, como en aquellas películas viejas de George Romero, “Los muertos caminan” o algo así, como en sus últimas pesadillas…

Pero su mente regresó al momento, pensando que no era posible. Aunque muchos detalles de su investigación aún no estaban completos y eran imposibles de explicar, a menos que esa idea no fuera tan loca, pero sus superiores lo tildarían así y lo sacarían del programa y la investigación más rápido que inmediatamente.

Tal vez ya se hubieran enterado de esas ideas y por eso lo habían mandado de vacaciones tan repentinamente, con la única orden de “Salir inmediatamente del país Asiático he ir a cualquier lugar del mundo donde se sintiera confortable y en paz para descansar.”

No sabía porqué esas ordenes habían llegado tan repentinamente, y menos a mitad de una investigación. También le había llegado una carta de sus padres que le habían enviado a la agencia donde le decían que querían aprovechar una nueva luna de miel en Paris, como siempre lo habían soñado desde que eran jóvenes… Y la embajada no había dudado en conseguirle el pasaje inmediatamente a Paris cuando les preguntó si podían hacerlo.

A la embajada también le habían ordenado a retirarse paulatinamente, en silencio sin levantar sospechas para evitar un cerco completo o que el país Chino investigara algo. Tal vez ya sepan algo más, o consiguieran alguna otra información con alguien más en otra misión.

Pasaba por la primera clase del avión para dirigirse a la cabina del piloto. Aquí no llegó a observar el rostro de ningún asiático. No sabía si sorprenderse de ese hecho, o parecerle normal, ya que no había hecho ese viaje en otros momentos como para corroborar los temores que tenía.

La primera clase estaba llena de personas de distintas nacionalidades. Tal vez Franceses, Alemanes, Americanos, Latinos, Españoles… Pero no pudo ver a ningún asiático entre los asientos en la vista fugas que tuvo.

Si pudo observar que varias personas parecían tener la misma tos o gripe que el capitán había parecido mostrar con el malestar por radio. Pensó si tal vez no sería más contagioso de lo que esperaba, y si debería regresarse a buscar el tapabocas que tenía en su bolso de mano sobre su asiento.

Decidió continuar, ya se lo pondría cuando regresara a su puesto, prefería llegar directo hasta la cabina del piloto y hablar con el Capitán. Quitarse de la cabeza aquella idea de que los secuestradores tenían el avión y lo estaban esperando para noquearlo o dejarlo incapacitado.

Notaba en la mirada de las demás azafatas que atendían la primera clase, que volteaban a verlo con cierto miedo en los ojos. No sabía como explicarlo, como expresarlo o como hacerles sentir que las comprendía, y que se estaba preparando para lo peor que pudiera ocurrir en esa cabina. Eso no ayudo en nada a sus propios nervios.

Al llegar frente a la puerta que lo separaba de la cabina de pilotos, se puso nervioso, no sabía si continuar sin avisar y entrar directo, si esperar a que alguien entrara o saliera y hacerse el aludido, o tocar y esperar que le abrieran la puerta…

En todo caso había decidido entrar mejor sin avisar, directo. Si lo estaban esperando no importaba que opción tomara, tenía que estar preparado para ser abarcado directamente por hombres con armas o bombas en la cabina y preparando todo para otra masacre en el aire…

Cuando comenzó a abrir la puerta un olor a sangre lo invadió automáticamente, se detuvo con la puerta entreabierta, era inconfundible ese olor, le recordó inmediatamente una de las cabañas que había visto en el interior del país Chino, con todos en su interior muertos de unas pocas horas y su sangre aún chorreando de sus cuerpos, donde los culpables lo habían eludido por apenas minutos a su llegada. Y que eran en parte las causales de sus pesadillas del último día.

Sacó esas imágenes de su mente, necesitaba estar aquí y ahora, no en un pueblo perdido en las selvas Chinas donde cultivaban los alimentos del país. Pudo ver por la pequeña rendija al copiloto manejando tranquilamente en el asiento derecho, no parecía sobresaltado, sabía que el segundo hombre debía de estar a la derecha de la puerta, y el capitán en el asiento izquierdo.

Una mano comenzó a posarse sobre su hombro derecho desde su espalda, a pesar del suave tacto de la mano, no pudo evitar sobresaltarse, giró bruscamente alarmado. Todo le decía que había caído en una trampa y maldecía para sus adentros por no haber llevado el arma y dispararle directo a la cara al secuestrador que le tomaba el hombro.

Cuando se volteaba, pudo ver el rostro de la azafata de cabellos dorados que habían llamado en un principio desde la cabina, con una bandeja sostenida en una mano con algunas toallas y una jarra de agua.

Al mismo tiempo escuchó la puerta de la cabina terminarse de abrir a su espalda, nuevamente se volteó con los ojos muy abiertos, esperando sentir el frío de algún cañón de pistola tocando su frente mientras lo amenazaban con matar si decía una palabra, o peor aún a otra criatura con la boca abierta lista para lanzarse encima de él como en la pesadilla de hace un momento…

En cambio solo pudo ver el uniforme del Teniente que acompañaba al Capitán y al Sub-Capitán de vuelo, con su insignia dorada en el pecho, y aquellas hermosas alas doradas que lo identificaban como un piloto, que le recordaron las alas doradas de su padre…

Su piel se había puesto pálida, sudaba frío, las manos se le congelaron y empezó a tener pena ante la situación que estaba viendo que se llevaba en aquél momento…

-      ¿Se encuentra bien? – Escucho de una dulce voz suave a su espalda proveniente de la azafata que cargaba con la bandeja donde estaban las toallas y la jarra de agua. – Está pálido, por favor no me diga que también pescó esa gripe como muchos de nuestros pasajeros…

El Teniente en la cabina realizó un ligero movimiento de la cabeza asintiendo mientras lo miraba a los ojos, como diciendo: “Dale hombre, todo está bien relájate y contéstale a la señorita” así que se volteó para verla de frente y a los hermosos ojos verdes en los que no había caído en cuenta hasta ese momento…

-      Estoy bien gracias, solo me sentí mareado por un momento con el movimiento del avión mientras avanzaba a la cabina, pero ya estoy mucho mejor…

Tomó con sus manos la bandeja plateada para ayudarla, y se dio la vuelta para ingresar en la cabina.

-      Cuando pude ver que la puerta se medio abrió – Comentaba el Teniente. – No estaba seguro si era que Verónica la había dejado abierta o si era usted que lo estábamos esperando, por eso me levanté y la abrí así. Disculpe si lo asusté por un momento señor…

-      Deadborn… Ronald Deadborn… Y solo vengo para ver como está el Capitán. Es un viejo amigo y me preocupó cuando lo escuché toser así en el comunicador…

Pasó por un lado, no comprendía de donde había venido el olor a sangre, la azafata le había indicado que dejara la bandeja en una mesita que estaba a un lado de la cabina, donde al parecer ella servía los cafés y las bebidas de los pilotos.

Se acercó al puesto del Capitán, con algo de nervios aún, pero ya se le estaban pasando ante aquella situación. Escuchó que lo llamó por su nombre directamente, haciéndole señas para que se acercara mientras miraba a su copiloto y terminaban de apretar unos botones en el panel de control.

El Capitán se quitó los audífonos, y pudo escuchar al copiloto que hablaba por radio informando que ya se había trazado curso, todos los controles estaban estables y correctos y el autopiloto había sido activado para el cambio entre el Capitán y el Teniente.

Aquel capitán era una persona con unos pocos kilos de más, pero aún así esos kilos estaban bien distribuidos en puros músculos, su barba tenía algo extraño en ese momento, sabía que tenía algo que no había tenido cuando lo vio al subirse al  avión, pero no lograba notar que era lo diferente…

Se estaba quitando los cinturones de seguridad, y al levantarse para voltearse, Ronald comprendió de donde venía el olor a sangre de la habitación. El frente de su uniforme blanco había quedado manchado y oscuro con lo que parecía ser su propia sangre. Y había algo más... algo que al igual que su barba no lograba captar por la impresión de la sangre…

La azafata detrás de él ya humedecía un pañuelo para pasárselo al capitán mientras este hablaba con Ronald…

-      Tranquilo Ronald… Se que posiblemente muchos pasajeros se pusieron algo nerviosos cuando me escucharon maldecir… Es algo que se me pasó cuando noté que de la tos había salido un chorro de sangre que me manchó el uniforme. – Tomaba una de las toallas húmedas y se limpiaba la boca y la barba, notó como la toalla también se ponía oscura al igual que su uniforme, y su barba volvía a hacerse blanca y canosa… Comprendió lo que le veía diferente… - Esta mierda me embarró todo… Tengo otro uniforme pero me lo pondré cuando aterricemos para no asustar a los pasajeros. Aunque cuando comenzó el vuelo fue fuerte, hace un momento me volvió el acceso de tos y aunque no me guste voy a entregar el mando a estos hombres que conocen a la perfección como volar este avión hasta su destino.

Ronald no sabía que decir, pero su mirada tuvo que delatarlo, puesto que el capitán tomo un gel antibacterial, limpiándose las manos y continuó conversando…

-      Puedes Regresar a tu asiento tranquilo amigo. Pero te quiero dar un regalo… - En ese momento se acercó a una especie de gaveta pequeña que había donde pudo ver que habían algunas cosas que posiblemente eran de él. – Esto es un regalo de despedida… Se que viajas mucho, y yo creo que me retiro dentro de poco, un recuerdo de todas las horas que hemos pasado juntos en los vuelos y que compartimos en tantos bares del mundo…

Ronald no comprendía sus palabras… A ese capitán apenas lo había visto por primera vez en ese viaje, y acababa de mentir diciendo que era un amigo para no levantar sospechas del teniente y el sub-capitán que estaban ayudándolo en el vuelo, pero ante la situación prefirió seguir la corriente. Le estrechó la mano y sintió como puso en su mano un objeto metálico y un sobre pequeño…

-      El sobre no lo abras hasta que llegues a casa con tu mujer y tu hijo… Es un regalo para ellos… El resto es tuyo… - Le soltó la mano y se movió hacia la silla lateral donde se encontraba anteriormente el Teniente. – Bueno ahora si quiero descansar un poco… - Volteó a ver con mirada de complicidad a Ronald… - Esta gripe me está matando y no quiero despertarme con mucha hambre después…

Ronald solo asintió, creía que el capitán tenía la misma corazonada que él en cuanto a los hechos, había comprendido la situación, no quería alertar a los demás en la cabina, pero parecía saber algo del vuelo secuestrado hace unos días… Ronald no estaba seguro como tenía esa información, pero si estaba seguro que la había obtenido y lo sabía…

Se despidió de los presentes y decidió irse a su puesto sin buscar levantar sospechas. Caminó tranquilamente y ya con una media sonrisa en el rostro. Las azafatas lo vieron y parecían respirar un poco más tranquilas al verlo caminar tan despreocupado.

El observaba cuantos pasajeros se encontraban con aquella extraña gripe, intentó de contarlos mientras caminaba a su clase económica, ¿podía ver unos 20 o 25 tal vez?... ¿Qué pasaba con los dormidos?... ¿Cuántos de ellos estaban realmente dormidos del cansancio o del vuelo, y cuantos por la enfermedad?...

Creía que podrían estar llevando esta enfermedad a Francia. Ya había visto algunos casos en China, pero no los había visto en Shangai sino en el interior donde la gente estaba desapareciendo y los pueblos se estaban quedando vacíos…

Los había visto en las cercanías de los campos donde los cuerpos decapitados se encontraban sobre la hierba y las plantaciones, donde las cabezas se exhibían quemadas en piras funerarias, donde los cuerpos después de mutilados y decapitados habían sido dejados al aire libre para ser comido por los animales salvajes, tigres, leones, zorros, animales carroñeros…

¿Qué otra explicación podía haber para las mordeduras, las tripas en el aire, la falta de partes del cuerpo en todos los muertos que se encontraban…? Aparte claro del tráfico de órganos, encontró muchos cuerpos que les faltaban los corazones, hígados, los ojos…

Recordó las clases de historia, cuando las fuerzas aliadas encontraban las fosas con cientos de cuerpos de judíos asesinados. Pero todos eran asesinados con disparos en la cabeza. No eran mutilados, no les cortaban las cabezas para quemarlas aparte, ni habían mostrado tanta brutalidad contra sus victimas…

Al pasar a la clase económica, pudo sentir que el olor a mierda era demasiado fuerte ahora, en comparación a cuando se fue. O tal vez fuera el respirar aire limpio que le hizo percatarse de lo fuerte que era el olor en aquel momento…

Ya habían pasado más de la mitad del viaje, tal vez faltarían unas 3 horas o 2 , pero sabía que en el avión pasaba algo extraño y estaba alerta… Ya no era tanto por un posible secuestro terrorista, sus miedos y pesadillas por su investigación estaban en un punto alto. Estaba casi seguro de haber atado todos los cabos sueltos, y que realmente los muertos “se levantaban” para comerse a los vivos… Solo faltaba ver a uno que realmente lo hiciera, aunque esperaba que no fuera en el avión, y que tampoco fuera en otra pesadilla donde siempre terminaba muerto.

La clase económica se había transformado en un mar de personas dormidas o desmayadas. Era más fácil contar cuantas personas se encontraban en alerta y asustadas por la situación de los demás que contar cuantos de ellos estaban dormidos o desmayados.

Pudo sentir como el olor a mierda y pudrición se había apoderado de toda la sección del inmenso avión. Había una persona que parecía estar convulsionando, los pasajeros estaban muy nerviosos, los que aún estaban despiertos.

Ronald decidió pasar rápido a su asiento y sacar el equipo y el arma a un lugar más accesible, pero debía hacerlo con cuidado sin que más nadie notara el arma para no terminar de despertar el pánico.

La persona mayor que estaba atendiendo la azafata cuando se fue, se encontraba recostado o dormido, con la cabeza apoyada en la mesa del asiento de enfrente y la cara hacia el interior que no le fue posible ver a Ronald. El niño a su lado se encontraba encogido también sobre su propio cuerpo y sus piernas, como en posición fetal en su asiento.

Ronald se sentó, sacó su lapto y sin levantarlo desde la parte inferior del asiento más de lo necesario, sacó el arma 9 mm que cargaba en la misma, y se lo colocó en un sujetador que tenía en el tobillo. De esta manera podría alcanzarlo con más facilidad que ponerse a sacarlo del equipo en un momento de emergencia. Sentía que estaba por explotar algo grande, pero rezaba porque su corazonada se equivocara por completo y el avión regresara con normalidad hasta el aeropuerto de París.

Al sentarse de nuevo en el asiento de manera correcta, revisó con más calma lo que el capitán le había entregado en sus manos sin que nadie más lo pudiera ver en la cabina. Notó que el objeto metálico que le había entregado eran las alas de los pilotos…

Su mente regresó por un momento a la cabina, y notó que eso era lo que su mente había tomado como extraño en su uniforme, no cargaba las alas puestas en ese momento, faltaban las hermosas alas doradas como siempre se las veía a su padre llevando con mucho orgullo en su pecho.

Él sabía que un piloto no se separa tan fácil de sus alas, son su orgullo, su emblema y su mayor sentido de grandeza ante las personas que lo ven y lo identifican como piloto con aquellas hermosas alas doradas… Eso solo podía significar que el capitán le tenía demasiado aprecio, cosa que dudaba enormemente, o realmente pensaba en que este sería su último viaje.

Lo otro que le entregó era un sobre cerrado, dentro del mismo consiguió una hermosa carta, parecía en cierta manera una oda a la vida y la muerte, pero poco a poco se oscurecía la historia y terminaba por ser una confesión de cómo había asesinado a su esposa he hijos en Shangai, dejando sus cuerpos quemándose en un basurero de un oscuro callejón, antes de buscar partir, y siempre dando a entender que todo fue por el bien de su propia familia y para evitarles convertir en “esas malditas cosas”…

En ese punto Ronald pensaba que ya el Capitán había tenido un encuentro con los “Demonios destructores de pueblos”, posiblemente lo suficientemente cercano para quedar infectado con lo que sea que ocurría.

Su carta tenía al final una frase que puso a Ronald a pensar por un rato. Parecía hasta cierto punto un acertijo, o un poema de la aviación…

Vuela con los Ángeles, que tus hermosas alas doradas te lleven por cielos seguros, y guarda siempre en su interior tú espíritu y tú conciencia, manteniéndolo puro para que el infierno no pueda quitarte la belleza de la verdad.

No estaba seguro que fuera un escrito propio del capitán, o si sería un poema de la aviación, pero no recordaba haberlo escuchado o leído en alguna carta de su padre. Pero le había llamado la atención.

Por un momento sintió que sus sentimientos le jugaban una mala pasada, las lágrimas se habían aglomerado ante los detalles de aquella carta - confesión, que pasó sin inconvenientes por la aduana ya que al empezar a leerla parecía un poema y de seguro no siguieron leyéndola.

Roland escuchó como la gente empezaba a alborotarse con más fuerza en la primera clase. No quería tener que levantarse sin estar seguro que lo necesitaran, volteó la mirada buscando a su hermosa amante entre las azafatas que atendían a las personas, el olor era muy penetrante y se le hacía difícil concentrarse en algo.

Tomó las alas doradas del capitán, a su mente le vinieron recuerdos de momentos que tuvo con su padre, un viaje donde le permitió estar casi todo el vuelo en la cabina de piloto. Aquellas horas que pasaron en la cabina de mando, con el avión en la pista inmóvil, siempre simulando que volaban y le explicaba los procesos de despegue y aterrizaje, y recordaba siempre sus palabras porque parecían unas clases, pero con la diversión de hacerlas con tu propio padre…

-      ¿Recuerdas el proceso de despegue? – Le comentaba su padre mientras estaban ya en los asientos – Avisas a torre pidiendo permiso, verificas que te coloquen en la vía con la grúa ya que al ser un avión muy grande no puede hacerlo solo, verificas alerones, viento, velocidad necesaria, confirmas los controles aunque eso lo hará tu copiloto, informas que estas listo para despegar a la torre, aceleras y buscas las nubes cuando ya estés muy rápido…

-      Sería muy divertido estar aquí mientras lo haces de verdad papá… - Le contestaba el en su recuerdo de su infancia… - Ver como se pierde el suelo, las nubes aparecen frente a ti he imaginar que podrás subir tan alto que saldrás al espacio…

-      Ja ja ja… Si hijo, puede parecerlo pero también debes tener cuidado con ir demasiado alto o demasiado bajo…- Le respondía su padre mientras le seguía explicando los procesos muy superficialmente. – Luego mientras te mantienes en el aire debes estar pendiente de la altitud, presión, las nubes, lo que te informen desde tierra, y siempre por sobre todo, confiar en tu corazón y tu ángel guardián…

-      ¿Un ángel guardián papá?... ¿has visto alguna vez a tu propio ángel guardián?

-      Lo estoy viendo en este momento, y cuando no lo puedo ver en persona lo llevo dentro de mis alas de ángel…

-      ¿Lo estas viendo? – Sus ojos se habían iluminado y abierto de par en par… - ¿Donde está, quiero verlo…?

Su padre había sacado un espejo y se lo puso enfrente… EL niño se estaba viendo, pero en el reflejo buscaba a ver si tenía al ángel detrás de él o a su lado que no lo podía ver por si mismo, pero no encontró nada…

-      No lo veo papá… ¿Es que acaso no me quiere dejar que lo vea?

-      No cariño… - Le contestó con una voz suave… - Tú eres mi propio ángel guardián, y cuando no te tengo aquí conmigo como ahorita, te llevo aquí… - Señalo con su mano izquierda su pecho, sobre su corazón donde estaban las alas doradas de piloto que tanto le gustaban de su papá. – Y siempre te tendré aquí conmigo sin importar lo que ocurra…

Deadborn regresó de sus recuerdos con las alas del capitán en sus manos… El poema, las palabras de su padre… se puso a revisar un poco más aquellas alas doradas de piloto para verificar una sospecha que tenía…

En la parte posterior de aquél emblema encontró unas siglas inscritas, pensó que posiblemente serían las iniciales del capitán. Y observó que tenía una pequeña ranura donde podría entrar la punta de una aguja o un clip.

Se levantó de su asiento, y buscó en su bolso un clip o algo que pudiera servirle. Se volvió a sentar sin sujetarse el cinturón de seguridad, y abrió el emblema por la parte de atrás. Pudo ver que el mismo era hueco, y se podría meter en el mismo un objeto pequeño, se imaginó que cada capitán colocaría lo que considerara más sagrado y su fuente de fe.

Pero en el del capitán había una pequeña memoria Micro-SD con capacidad de 16Gb. Un lugar sumamente inteligente para sacar dispositivos con información en caso de ser necesario. Buscó su celular, ingresó la memoria y lo conectó a la lapto en modo USB para poder acceder a la memoria. Le había dicho que era para su familia, aunque se imaginó que se refería a la agencia.

Lo primero que encontró fue una carpeta con el nombre de INICIO. Fue lo primero que decidió revisar, antes de ponerse a revisar las carpetas que se encontraban en aquél dispositivo.

En el mismo encontró una copia de la carta que acababa de leer. También encontró información sobre un acuerdo que había llegado con las fuerzas de inteligencia de su propio país, donde le permitían salir en este vuelo a cambio de la información que se encontraba en esta tarjeta. Definitivamente este capitán no debería de haber salido en este vuelo, pero consiguió un pase por debajo de mesa.

Se demostraba que había enviado solo una parte de la información que tenía, a cambio de ese pase de salida del país asiático. Fuera lo que fuera que había encontrado y enviado, fue lo suficientemente importante para que se empezara a mover las masas y las fuerzas de los estados unidos.

Decidió continuar revisando los demás documentos, encontró documentos explicando sobre la propagación de un virus mortal, al parecer por un medio poco convencional, por contacto con saliva, sangre, o si el sujeto sano tenía alguna cortada a través del sudor también era posible.

Los síntomas no tenían que ser muy buscados, eran los mismos que estaban sufriendo los pasajeros de aquél vuelo en ese momento, cambiaban ligeramente entre un sujeto y otro, convulsiones, paros cardiacos, tos sangrante en otros pacientes. Pero el final de la enfermedad siempre era el mismo: mataba al portador.

Lo más importante de aquellos informes, que desconocía de donde habían salido, era que después de la muerte del individuo, este “revivía” con cierto punto de conciencia, donde su único instinto activo era el de comer y devorar a otras personas. Se desconocía si para continuar propagándose como virus, o siendo un instinto animal del cerebro que sobrevivía a la muerte que sufría el individuo.

Ronald, comprendía y aceptaba todo lo que estaba leyendo, menos la parte donde las personas después de muertas “revivían” para comerse a los vivos. Aunque sus investigaciones le decían que era una posibilidad, era algo completamente loco y muy de película de los años 80. Parecía sacado de un video-juego o de una mala pesadilla de alguien… Una mala pesadilla propia como la que tuvo hace apenas unas pocas horas ahí mismo sobre el avión.

Sin embargo al empezar a revisar las otras carpetas sus ojos no podían creer lo que podía ver. Observaba videos caseros, al parecer un compendio de videos tomados con celulares encontrados en zonas donde los “demonios” habían acabado con los pueblerinos, fotos de los familiares que después de muertos se levantaban, imágenes de personas prendidas en fuego que continuaban caminando como si no les molestara lo más mínimo el fuego y continuaran avanzando hasta donde el cuerpo los aguantara para devorar a otra persona, siendo consumidos por el fuego y la sangre.

Las imágenes era cada una peor que la anterior. Mostraban la evolución del virus, incluso lo que parecía la investigación de algún doctor hora a hora con las evoluciones de los pacientes, pero nuevamente todo se había vuelto a salir de control…

Pudo ver criaturas comiéndose los intestinos de sus victimas, y ya las consideraba criaturas y no personas, los ojos, sus cerebros, los corazones, hígados y demás eran especialmente atacados.

En ese momento escuchó un grito desde la primera clase.