jueves, 20 de diciembre de 2012

Capitulo 10, "Apocalipsis en Navidad", III Regalos de Navidad Infernales


III
Regalos de Navidad Infernales...

Unos pocos minutos había estado llorando Lori en el pecho de Lionheart… Los soldados al escucharla habían lanzado un vistazo a la habitación, pero al no observar nada extraño continuaron manteniéndose a raya mas allá del marco.

Atsuko se había apartado un poco, conocía el resto de la historia y le parecía sumamente triste. Se imaginaba que en esta oportunidad la contaría con más detalles de los que ya le había contado a ella… Pero pensar en conocer aún más detalles que los que ya conocía le daba miedo.

Lionheart por su parte comenzaba a sentir un cariño más profundo por aquella muchacha… Aún no conocía toda su historia, pero ya comprendía porqué Atsuko la había tomado en su grupo, aunque aún desconocía porqué el resto de la base la había despreciado… Sabía que tenía algo especial, porque no cualquiera se podría enfrentar a Snake como ella lo había hecho en el comedor, y por las capacidades sensoriales que había demostrado en su huida de aquella ciudad llena de Licans.

Ella se mostraba un poco más calmada, sus sollozos habían disminuido, parecía que se controlaba un poco más.

Lionheart quiso ofrecerle más agua, pero ella lo negó. La luz fluctuó por unos segundos en la habitación, pero nadie pareció prestarle atención, ya que fue tan veloz como un simple parpadeo.

-      Yo comencé a sentirme muy mal… - Comenzó de nuevo Lori cuando recobró el valor para poder continuar con su historia. – Me dolía la barriga y sin querer vomité en la cama de mis papás cuando ellos todavía estaban dormidos.

       Se que me paré, salí del cuarto de mis papás que tenían una puerta hacia el pasillo y la sala, otra hacia el baño de ellos y otra a mi cuarto. Entré en mi cuarto, y cerré la puerta, me daba miedo que despertaran y vieran que yo me había vomitado encima después de tener esa noche juntos.

       Fui para mi baño, ahí todo estaba un poquito más bajo que en los otros dos baños para que yo pudiera alcanzar todo, me quité la ropa que tenía, la lancé donde me baño normalmente, aún doliéndome mucho la barriga, y le abrí la regadera para que le cayera agua y la limpiara, mientras yo seguía vomitando pero en la poceta.

       No se cuanto tiempo estuve ahí… Porque se que en algún momento me dormí de nuevo y me desperté ya siendo de día. Podía ver la luz entrando por la ventana chiquita del baño y la grande de mi cuarto.

       No se escuchaba nada en la casa ni en la calle… Parecía que mamá me había dicho la verdad, que al día siguiente no estarían los monstruos… Me alegré mucho, y me levanté, pero entonces noté que tenía mucho frío porque me había quedado dormida desnuda en el piso del baño.

       Verifiqué primero que las puertas de mi cuarto estuvieran cerradas, no me gustaba que se metieran en mi cuarto mientras me estaba bañando. Luego moví la ropa a una esquina lejos del agua y de mí y empecé a bañarme. No se en que momento había cerrado el agua… En realidad no recordaba muchas cosas.

       Me sentí mucho, mucho mejor después de sentir el agua caliente sobre mí, limpiándome del olor a vomito que tanto me desagrada. Salí del cuarto contenta, encendí las luces del arbolito y de los adornos de Navidad que mi mamá me había puesto en el cuarto antes, escuchaba la música de navidad que salía de las cajitas de las luces. Estaba contenta…

       Aunque en un momento me pareció escuchar otra explosión muy fuerte, creía que serían los fuegos artificiales de las personas celebrando, aproveché y me puse uno de mis vestidos más bonitos que tenía, porque estaba contenta de que por fin todo hubiera terminado.

       Era un Vestido Rosadito, casi blanco, pero en la parte inferior donde terminaba como una falda en mis rodillas tenía una cinta violeta hermosa. Y arriba también tenía la cinta violeta, con una flor grande que me quedaba justo aquí…

Lori se señalaba el centro del pecho, unos pechos que hoy en día se encontraban más desarrollados que cuando era una niña, pero que igual, para Lionell no lo llegaba a distraer, ante la historia que estaba escuchando…

-      Era una flor hermosa, un poco más oscura que la cinta, y de atrás de ella salía otras dos pequeñas cintas del mismo color de la demás, que subía a mi cuello y me lo amarraba atrás. Con ese vestidito dejaba mis hombros abiertos, parte de mi espalda también. Pero mientras en Estados Unidos estaban celebrando el invierno con nieve y demás, en Argentina estábamos en época de calor.

       Eso he aprendido que es algo por el movimiento de la tierra, y cuando nosotros estamos en el invierno ellos están en su época caliente. Bueno, la cosa es que me estaba viendo en el espejo de mi cuarto, y había puesto mis muñecas en la cama para que me vieran y me dijeran como me veía…

       En un momento comencé a escuchar un golpe en la puerta de mi cuarto, me asusté y pegué un brinco, porque era la puerta del cuarto de mis padres y se me había olvidado ir a limpiar el vomito antes de que se despertaran.

       Estaban dando golpes continuos y rítmicos en la puerta de mi cuarto… Me acerqué lentamente, y pregunté en voz alta. “¿Papá?”… Los golpes solo comenzaron a ir más rápido, pensé que estaba molesto, no sabía si era papá o mamá que se había despertado y estaban golpeando mi puerta.

       Me coloqué contra la puerta y empecé a llorar y a pedir disculpas en voz alta, pero quien estaba golpeando mi puerta no me contestaba, solo seguía golpeando la puerta cada vez más duro… Mientras lo sintiera así molesto no quería que entrara al cuarto, me daba miedo que me castigaran, o que le dijeran a Santa que no me trajera regalos…

       Era tan inocente que lo que pensaba, era en que me había portado bastante bien durante todo el año para venir a hacer algo que podía dejarme sin regalo estando a apenas 2 días de recibirlo.

       Mientras lloraba seguía escuchando los golpes en la puerta, entonces intenté de pensar en cosas para poner alegre a mamá o a papá antes de abrirle, porque no quería que entrara molesto, quería que se calmara primero.

       Empecé a recordarle mis buenas notas, o cuando estuve a principio de mes en la obra de teatro, como una princesa y ellos salieron casi llorando, diciéndome que eran lagrimas de felicidad y que era la princesa más bella, también les recordé esa tarde feliz que habíamos pasado en la playa cuando por fin papá había conseguido terminar un trabajo importantísimo que lo había sacado de la ciudad por semanas…

       Pero no importaba que le dijera, el castillo de arena que construimos juntos, las noches que jugábamos todos en la mesa, o cuando cenábamos y luego veíamos una película o una comiquita juntos…

       Entonces me levanté ya cansada de llorar, esperaba lo peor, y el regaño de mis padres por lo que había hecho… Me levanté poquito a poco de la puerta, los golpes de uno de ellos seguían contra la puerta. Me voltee pidiendo perdón, una y otra vez, que no era mi intención, que me sentía mal, que ya lo iba a limpiar cuando se despertaron…

       Agarré el pomo de la puerta y la barra del seguro para quitárselo a la puerta y dejarlo entrar, mi rostro ya estaba completamente bañado en lágrimas, y mi vestido se había comenzado a mojar también con las lágrimas que me caían.

       En ese segundo, escuché un grito por la ventana… Era un grito muy fuerte que me asustó, había empezado bajito, subía rápido pasó por mi ventana y volvía a hacerse mas bajito. Luego, escuché un golpe frente al edificio…

       Asustada corrí a ver por la ventana y se me olvidó abrirles la puerta a mis padres. Cuando  llegué a la ventana, creía que estaba en una pesadilla… La ciudad estaba cubierta aún por un humo negro fuerte, pude ver que salía humo de un edificio un poco lejos de nosotros, y abajo se encontraba la mamá de Daniela, mi amiga del último piso.

       Ella era la que había gritado, y acercándose a ella habían muchos monstruos caminando, ella no se movía, estaba acostada en una posición extraña y que nunca he podido explicar porque no se como se puede poner el cuerpo así. Debajo de ella había mucha sangre, y su cara veía hacia arriba, con los ojos abiertos, como si estuviera ahí acostada en el frente del edificio viendo al cielo.

       En ese momento, frente a mí, muy, muy cerca, pasó Daniela cayendo también. Pero fue diferente… A Daniela la pude ver como si estuviera cayendo lentamente, porque no gritó, cuando pasó delante de mí, pude ver que sus ojos estaban blancos, y un monstruo se había comido una parte de su cara, tenía los brazos estirados intentando de agarrarme mientras caía, y escuché su gruñido… Ese sonido que solo hacen los monstruos…

       Me asusté y corrí a mi cama a abrazar a mis muñecas y peluches… los monstruos seguían ahí afuera, no se habían ido como mamá me había dicho… Y mi papá o mi mamá continuaban dando golpes en la puerta de mi cuarto, no habían dejado de dar golpes…

       Corrí de la cama a la puerta, para abrirla, abrazarlo y que me protegieran de los monstruos, pero cuando estuve a punto de abrir la puerta escuché el mismo sonido de los monstruos muy fuerte…

       El miedo provocó que me detuviera. No me dejó moverme, no sabía si lo había escuchado por la ventana o detrás de la puerta… Si los monstruos aún estaban vivos tal vez uno había entrado en la casa y no era mamá ni papá quien tocaba la puerta, así que comencé con el juego de mamá…

       Empecé a preguntarle cosas que solo nosotros sabíamos… Pero no importaba que le preguntara, solo seguía dando golpes en la puerta de mi cuarto… La golpeaba una, y otra, y otra, y otra vez… Insistiendo mucho… Entonces me imagine que mi papá y mi mamá se habían despertado cuando yo estaba dormida, no me vieron con ellos, no me vieron en mi cuarto y se fueron a buscarme afuera, cuando el monstruos había entrado en la casa…

       Si eso era así mamá y papá regresarían en la noche o al día siguiente a la casa, después de buscarme un poco, acabarían con el monstruo y me rescatarían… Mamá me había dicho que si algo así pasaba tenía que quedarme en mi cuarto, y papá que siempre me regañaba para no comerme las galletas y la comida que me habían puesto en el cuarto, era por si pasaba algo así como esto…

       Empecé a poner todas las cosas que podía poner de peso en la puerta, para que no pudieran abrir la puerta los monstruos… Cuando mamá y papá regresaran si responderían las preguntas y les abriría las puertas de nuevo…

       Prendí el televisor para intentar de ver alguna comiquita, pero los canales de comiquitas estaban todos apagados, ninguno estaba pasando nada, los golpes en la puerta seguían sonando, empecé a cambiar para ver cualquier cosa, el sonido de los golpes del monstruo en la puerta de mi cuarto me daban mucho miedo…

       En un canal que siempre pasaban noticias, mi papá lo veía a veces, no recuerdo como se llamaba, creo que “Ce Nene” o algo así con las letras en blanco y rojo en su símbolo, en ese canal solo había una cámara activa, contra lo que era el lugar donde hacían sus programas y daban las noticias… Se veían muchos monstruos caminando, unos tenían 3 manos o tenían una pierna más en las manos, eran feos, y mientras unos caminaban otros estaban en el suelo como subiendo y bajando con la espalda a la cámara…

       Cuando iba a cambiar de canal, la cámara se movió y creía que era alguien que estaba grabando y se había movido, pero un monstruo cayó justo delante de la cámara en ese momento, como si viniera caminando rápido y se tropezara con la cámara antes de caer. El monstruo se paró, miró la cámara como si lo pudiera ver a uno en su casa, se acercó lentamente, viendo mucho hacia los lados de la cámara, como si pudiera ver mi cuarto y estuviera intentando de ver alrededor de mí, me asusté pensando que sí podía ver en mi cuarto, y me voltee a ver que estaba viendo…

       Cuando volví a ver el televisor para saber que más hacía, estaba con una cara de mucha rabia, abrió la boca, comenzó a gritar, a gemir y otros monstruos comenzaron a camina a donde él estaba, parecía que venían hacia mí desde el monitor, sabía que no podían entrar por el televisor pero cuando los vi llegando a la cámara  me dio mucho miedo, apague el televisor y me alejé rápido de él…

       No sabía si tendrían un poder para ver por el televisor, o para pasarlo, pero en verdad sentí que me estaban viendo.

En ese momento Lionell se imagino un grupo de zombies en una estación de televisión, y que seguramente lo que estaba siguiendo el zombie de la cámara era la luz roja parpadeante que brillaba en la misma, indicando que esa es la que se encontraba activa…

Lori se mantuvo un momento en silencio, Lionell aprovechó de ver por un momento a Atsuko, quien estaba llorando suavemente a un lado. Buscaba ocultar sus lágrimas de Lori, tal vez ella estuviera recordando su historia con su madre…

Pensando un poco más, Lionell tampoco conocía que había pasado con la madre de Atsuko, sabía que ella había sobrevivido con su padre Oasis, pero no sabía que había ocurrido con su madre antes del Apocalipsis o antes de llegar a aquella base, o si tal vez ella llegara pero ocurriera algo después…

Eran muchas las posibilidades… Se daba cuenta que aún existían infinitas posibilidades y casi infinitas historias en el mundo exterior que querían ser conocidas, más notas de diarios abandonados en casas, sobrevivientes que quieren que su historia se conozca, o la de aquél familiar que se sacrificó para poderlos salvar…

-      Estuve en mi cuarto todo el día… - Continuaba Lori, lo que hizo que Lionell saliera de sus cavilaciones y volviera a verla directo a los ojos mientras conversaba… Aunque sería más específico decir “al ojo”…- No soportaba aquel golpe continuo, una y otra  y otra vez en la puerta…

       En un momento llegué incluso a pensar en él como algo más del ambiente,  y me quedé dormida tapándome los oídos. Pero igual al despertar seguía ahí… los golpes seguían ahí rítmicamente, aunque había disminuido la velocidad, pero continuaba golpeando el monstruo tras mi puerta.

       Entonces me dí cuenta que tenía hambre… Hambre y sed… Había oscurecido por la ventana, no se decirles si era por la hora o el humo había hecho que el sol se tapara más temprano, pues siendo niña no podía averiguar o comprender esas cosas.

       Me puse feliz, intentando de olvidar un poco los golpes en la puerta, recordando que papá me había dicho que las galletas y el agua que estaban guardando en mi cuarto eran precisamente por si pasaba algo como esto.

       A partir de ese momento podría comenzar a comer las galletas, los chocolates, los turrones y caramelos de navidad que no me dejaban antes… Lo primero que abrí fue un chocolate, puse una mesita de te pequeña y varias de mis muñecas en sillitas para que me acompañaran.

       En un momento, ya me había comido varias galletas, chocolates, y me había tomado varias de las botellas de agua que me habían dejado mis padres… Pero en ese momento, a pesar que me sentía muy llena, sentía que lo que quería era un jugo. Eso lo haría perfecto.

       Pensé en salir del cuarto por la puerta del pasillo, no había escuchado más nada en la casa, sino solamente los golpes en la puerta del cuarto de mis padres… Creía que tal vez podría esconderme del monstruo y llegar a la cocina, conseguir jugo y devolverme sin que el monstruo me conociera.

       Pero también tenía miedo que si era un monstruo que había entrado porque mis padres habían dejado la puerta abierta entonces podían haber entrado otros más… Por lo que me quedé tranquila esa noche, me abracé a mis muñecas he intenté de dormir corrido esa noche.

       Al poco tiempo me dormí de nuevo, tanta comida me había llenado, y creo que fue por el dulce pero había tenido pesadillas… Siempre recuerdo una porque no es la única vez que la he tenido desde ese año, sino que se me ha repetido muchas veces…

       Estoy en casa, con mis padres en la noche de navidad, y escuchamos que tocan la puerta a las 12 de la noche… Mi papá va a abrir la puerta y un santa convertido en monstruo entra corriendo a buscarme para comerme, mientras los duendes también entran y se comienzan a comer a mis padres…

       Me desperté el día siguiente con mucho sudor… Durante la noche se había cerrado mi ventana y no estaba entrando aire desde la calle a mi cuarto. El golpe en la puerta se escuchaba ahora aún más esporádicamente que antes, y ya no sonaba solo desde la parte de arriba, era como si el zombi se hubiera sentado y estuviera ahora dando golpes arriba con la mano, y luego en la parte de abajo con el pie…

       Decidí entonces esta vez intentar de probar llegar hasta la cocina a buscar mi jugo… quería un jugo y ningún monstruo podía ser tan rápido como para agarrarme si buscaba rápido mi jugo.

       Abrí con mucho cuidado la puerta que daba al pasillo, no hice ningún ruido, y en ningún momento escuché que el monstruo dejara de golpear la puerta por la puerta de mis padres… Al voltear a ver esa puerta estaba un poco abierta, aunque no demasiado, por lo que podría correr afuera y regresar tal vez sin que el monstruo se enterara que había salido.

       Miré hacia fuera, no llegue a ver nada moviéndose que me pudiera decir que había más monstruos afuera. Caminé rápido, pero con mucho cuidado para no hacer ruido, tenía miedo de correr y que en una esquina saliera la mano de un monstruo a agarrarme…

       Cuando llegué a la sala pude ver como la luz del sol estaba iluminándola por la ventana, eso significaba que estábamos en la mañana que era cuando la luz entraba así y con tanta fuerza en nuestro comedor.

       Pasé a la cocina y abrí la nevera, voltee a ver que el monstruo no viniera detrás de mí, todo estaba tranquilo y seguía escuchando los golpes aunque muy lejos de donde me encontraba. Revisé rápido y tome los tres jugos que me cabían en los brazos para llevarme al cuarto, así no tendría que salir muchas veces. También pude ver una gelatina, pero no me atreví a tomarla en ese momento, la dejaría para buscarla después.

       Estaba tan contenta de conseguir los jugos que solo empujé la puerta de la nevera, tenía una sonrisa muy grande en mi cara, estaba contentísima que todo me estuviera saliendo bien… Solo hasta que escuché el golpe de la puerta de la nevera al cerrarse a mi espalda, porque no la sujeté sino que la empujé, que era algo que hacía normalmente cuando tenía las manos llenas…

       Rápido me asuste, seguro se notaba en mi cara el miedo y me paré en la entrada de la cocina y voltee a ver al pasillo del apartamento, hacia donde estaban los cuartos, los golpes de mi puerta habían parado, escuchaba claramente mi corazón pero no escuchaba ningún otro golpe contra una puerta ni nada así…

       Entonces la puerta del cuarto de mis padres comenzó a moverse… Lentamente, el monstruo no sabía abrir la puerta, solo se estaba abriendo porque estaba intentando de sacar su cuerpo por el pequeño hueco que había en la separación, pero mientras sacaba un brazo y una pierna la puerta se abría sola con su cuerpo…

       Entonces pude ver la camisa que tenía aquél monstruo que salía del cuarto, su cabello todo despeinado, sucio y feo, su rostro gris, con las venas sobresaliendo que era fácil de ver, de su boca estaba cayendo un líquido rojo… El monstruo era mi papá… Pegué un grito que se tuvo que escuchar en todo el edificio… Solo grité ¡PAPÁAAAAAAAA!... pero con mucho dolor al verlo así como un monstruo…

       Él no pareció reconocerme, no hablaba, no decía ninguna palabra que yo comprendiera, solo repetía ese gruñido que hacen esos monstruos, mientras caminaba lentamente hacia donde yo estaba, y yo seguía llamándolo, pidiéndole que se detuviera, que no se acercara que me daba mucho miedo, pero no se detenía con nada.

       Cuando se estaba acercando mucho corrí en la cocina y me escondí en las gavetas de la misma, debajo del fregador, yo a veces me escondía ahí cuando jugábamos al escondite, con los detergentes, limpiadores y eso que mi mamá guardaba ahí abajo.

       Tenía mucho miedo… Estaba temblando toda, y los mocos se me salían por la nariz, al mismo tiempo que las lágrimas caían por mi cara. Escuché los pies arrastrándose dentro de la cocina, todo estaba muy oscuro y me tapé la boca como veía en las películas para intentar que no me escuchara.

       No sabía si se acordaría de mi escondite, porque aunque era papá, no parecía ser él, no había respondido las preguntas que le había hecho en el cuarto, en la puerta, ni cuando le hablaba que iba hacia mí.

       El olor del monstruo era muy podrido, ya lo escuchaba en la cocina, llevándose las cosas por medio, se tropezaba fácilmente en la cocina, para intentar de apartar un poco su olor podrido destapé el liquido que mi mamá usaba para limpiar, olí un poquito su olor de flores para quitarme el olor del monstruo que provocaba vomitar y dejé caer un poquito a mi lado para volverlo a cerrar.

       No podía ver nada, sabía lo que tenía alrededor mío solo por conocimiento, de todas las veces que me escondía ahí y mi papá hacía que no se imaginaba donde estaba… Esperaba con todo mi corazón que en verdad no conociera nada de mi padre ese monstruo.

       Esperé un rato, los escuchaba gimiendo y arrastrando los pies, luego me pareció escucharlo más débilmente, y pensé que se estaba saliendo de la cocina. Empecé a respirar con mas calma, y me di cuenta que no había respirado lo suficiente. Olía mucho a la cosa esa que había echado a mi lado y sentía que me ahogaba con su olor.

       Abrí un poco la puerta, con mucho cuidado para ver hacia fuera, y para intentar de respirar un aire limpio. Lo que podía ver de la cocina parecía estar sola… Me atreví a abrir un poco más la puerta y noté que el monstruo ya no estaba en la cocina.

       Salí de ese pequeño escondite, y me moví con mucho cuidado. Deje la puerta abierta por si tenía que volver a correr ahí adentro fuera rápido para meterme. Cuando caminaba viendo hacia la entrada de la cocina, con mucho cuidado pude ver la sombra del monstruo que se había convertido mi papá junto a la puerta de la entrada.

       Entonces me di cuenta que la puerta continuaba con todas las cosas que le habíamos puesto, para que los monstruos de afuera no pudieran entrar… No sabía como mi padre se había convertido entonces en un monstruo si ellos no habían podido entrar.

       Tomé las cosas que había dejado caer cuando me asusté al ver por primera vez a mi papá convertido en monstruo. Estaba viendo hacia el pasillo donde estaba la puerta de mi cuarto, frente a la otra puerta del cuarto de mis padres. Tenía que correr, si el monstruo era siempre igual de lento podría llegar a mi cuarto, llegaría y cerraría la puerta, y no la abriría al menos que llegara mamá y me respondiera alguna pregunta como el juego que habíamos inventado.

       Empecé a correr, y cuando salí de la cocina, no me había dado cuenta que el monstruo se estaba moviendo hacia la misma, por lo que le pasé por un lado muy cerca, no estoy segura si fue por el miedo, o por los nervios, pero creí sentir la mano del monstruo intentando de agarrarme y grité fuertemente de nuevo, pero no me detuve para nada.

       Cuando llegué a la puerta de mi cuarto pude ver que se había cerrado después de que salí, tal vez por el viento o yo misma la había cerrado, pero en ese momento no recordaba haberlo hecho yo. Puse mi mano en la manilla para abrir la puerta y cuando estaba por comenzar a empujar sentí una mano rozarme el tobillo.

       Volví a gritar y brinqué del susto, con lo que la mano, que no me había agarrado por completo no me pudo terminar de agarrar. Gritaba como loca, estaba asustada, el monstruo de mi papá no podía haber corrido, si lo había hecho también me convertiría en monstruo a mí…

       Pero cuando pasé al cuarto y voltee para cerrar la puerta y ver si era mi papá quien me intentó de agarrar el tobillo pude ver a mi mamá tirada en el piso. Sus labios habían desaparecido, y algo le había pasado a sus piernas que estaban todas rojas y no veía su blanca piel…

       Cerré la puerta, puse seguro, empecé a mover otras cosas y cajas de juguetes a esa puerta y me lancé al piso a llorar… No podía dejar de llorar mientras escuchaba el primer golpe que el monstruo de mi mamá daba en la parte de debajo de la puerta… Un momento después no era ella la única que golpeaba la puerta, sino que papá monstruo también había llegado y golpeaba por arriba.

       Yo mientras lloraba les pedía que dejaran de golpear la puerta, que ya no lo hicieran más, que se fueran y me dejaran sola, y continuaba llorando, mientras ellos continuaban gimiendo y golpeando. No se en que momento me quedé dormida, pero me dormí ahí junto a la puerta en el suelo.

       Cuando me desperté, lo hice asustada, había tenido otra pesadilla, y los golpes en la puerta solo hicieron que mi corazón se acelerara… Me alejé de la puerta, y destapé uno de los jugos que me había llevado al cuarto.

       Sentí un sabor muy salado, y entonces noté que tenía toda la cara llena de las lágrimas de cuando estaba llorando. Puse mi jugo a un lado, me acerqué al baño y me lancé un poco de agua al rostro para limpiarme. Los golpes en la puerta no paraban… Ya eran más débiles y menos continuos, pero seguían ahí…

       Creo que ya era 23 de Diciembre… Sabía que no tendría regalos… Ya no los esperaba… Me asomé por la ventana, era de noche, y cuando pude ver la estrella de Navidad le pedí que ya no quería juguetes, ni regalos grandes… Solo quería que mi papá y mi mamá no fueran más monstruos…

       Comí unas galletas y busqué irme a dormir de nuevo. Fue difícil con los golpes de la puerta, pero de alguna manera logré dormirme de nuevo.

       Cuando me desperté, el sol aún no había salido, los golpes a la puerta habían casi desaparecido. Eran muy esporádicos, pero continuaban ahí… Me levanté de la cama, y comí un poco más. Aproveché y me empecé a tomar el segundo jugo. Ya no hablaba en voz alta con mis muñecas, sabía que si los monstruos me escuchaban de nuevo, comenzarían a golpear de nuevo la puerta más rápido.

       Ese día solo podía estar asomada por la ventana, con la muñeca en mi pecho, pensaba que en algún momento los monstruos podrían aprender a abrir la puerta, tomarían fuerza y destruirían el seguro y me comerían, o me convertirían en una más de ellos…

       Entre los que podía ver en la calle, me pareció ver a varios que eran vecinos del mismo edificio… Lo que me parecía raro era que no veía ninguno de los perritos por la calle… Ni los que siempre estaban por ahí, ni los de mis vecinos… También me puse a pensar que no los había escuchado en el edificio.

       Pasé al baño y me dí un baño completo, quería limpiarme, mas que todo el pie donde el monstruo había intentado de agarrarme. Recordé lo mal que olían y me dio asco acordarme que me había tocado…

       No podía hacer mucho… Dejé pasar el día, mientras jugaba con mis muñecas, les preguntaba si habían podido hablar con alguna amiga fuera del edificio, me distraía pensando que nada de eso estaba pasando, comía galletas y chocolate, y tomaba agua dejando el jugo para cuando fuera la noche de navidad…

       Y la noche de Navidad había llegado… Esa se suponía era la noche que los niños buenos reciben regalos, que la alegría nos llega a todos, y que buscamos siempre estar felices por todo lo que nos ocurre… Pero con todos esos monstruos era imposible pensar en algo feliz…

       Me senté a comer las galletas más ricas que tenía y había dejado para esa noche, también destape el jugo, que ya no estaba frío de nevera, pensé en lo loco que era tener una noche así en la noche de navidad, con apenas unas galletas y un jugo, sin poderme reír con mi papá jugando conmigo, o mi mamá cocinando la cena, sin la música de navidad…

       En vez de la música tenía los golpes… Y cuando pensé en eso, fue cuando me dí cuenta que los golpes ya no estaban… Esperé un rato, tal vez habían bajado tanto que ya casi no golpeaban la puerta, pero no sonó ningún golpe.

       Me acerqué poquito a poco a la puerta, esperando escuchar un golpe en cualquier momento, pero no sonaba ningún golpe… Puse una mano en la puerta esperando sentirla temblar con un golpe pero no se escuchaba ni se sentía nada.

       Superando un poco el miedo puse mi oído en la puerta para intentar de escuchar algo… No escuchaba nada… Recordé un truco que uno de los chicos de mi colegio había en las puertas de los salones desde afuera a veces, y comencé a buscar en el cuarto.

       No estaba segura si lo encontraría, si tendría uno en algún lugar, y entonces recordé del especial con las princesas que me había regalado mi mamá y utilizaba para organizar los lápices. Me acerqué a mi mesita, saqué los lápices y camine de nuevo a la puerta, sabía que no podía correr o me escucharían si aún estaban ahí…

       Puse el vaso contra la puerta por el lado que uno debería de tomar y puse mi oído del lado que se pone en la mesa… Me sorprendió darme cuenta que escuchaba más alto los sonidos que estaban al otro lado de la puerta… Se escuchaba que los monstruos no estaban detrás de la misma, parecía que se habían movido al cuarto de mis padres otra vez…

       Caminé a la otra puerta que daba al cuarto de mis padres, volví a repetir lo del vaso y los escuché… Estaban gimiendo suavemente, ellos nunca dejan de gemir, o eso me parecía, y escuché los pies de papá arrastrándose.

       Me dí la vuelta, busqué mi bolso y empecé a meter algunas cosas, no sabía que tanto debía llevar, así que metí dos botellas de agua, galletas, dos cambios de ropa y ropa interior. Pensé que si estaban en el cuarto de mis papás podía intentar de salir y buscar otra casa o apartamento que no tuviera monstruos o que hubiera una persona que no estuviera convertida en monstruo.

       Tal vez en el colegio, o en la estación de la policía. Pensaba muchos lugares, sino me iría al parque a vivir como el niño de la selva, del cuento que papá me contaba, aunque no me gustaba la idea de vivir con monos grandes…

       Empecé a mover las pocas cosas que estaban tras la puerta que daban al pasillo, intenté hacerlo con mucho cuidado y calladita. Cuando abrí un poco la puerta, pude ver que la puerta de mis padres ya estaba completamente abierta. Había una mancha roja que salía del cuarto y después regresaba al mismo en el piso.

       Justo cuando iba a comenzar a salir pensé en mis muñecas… No podría llevármelas todas, pero me regresé y agarré a Sally, que era mi favorita. A las demás les pedí disculpas. Caminé rápido a la entrada de la casa. Entonces recordé la parte que sería difícil de todo mi maravilloso escape… Mi papá y mamá habían puesto los muebles grandes y pesados contra la puerta, y se me haría muy difícil de mover, si no difícil.

       Casi quería llorar… Mis ojos comenzaron a llenarse de lagrimas, pero entonces pensé que si quería escapar de los monstruos y vivir como el niño de la selva tenía que empezar a dejar de llorar tanto. También pensé que eso era lo primero que tendría que hacer, hacerme una niña fuerte o los monos grandes no me aceptarían.

       Puse a Sally a un lado, y comencé a intentar de mover los muebles. Primero comencé con lo que se veía más encima, una lámpara, y los adornos de vidrio que mi mamá puso para que sonaran si empujaban la puerta y los tumbaban.

       Luego estaban los muebles grandes. No creía que pudiera mover esos… Sin embargo me puse en un lado y comencé a empujar con mis fuerzas, empecé a sudar y quería llorar. Entonces escuché unos pasos detrás de la puerta y pensé que sería un monstruo, no pensé como haría si las escaleras estaban llenas de monstruos.

       Entonces escuché algo en el interior de la casa, y pude ver la figura de mi papá que caminaba por el pasillo hacia la salida donde yo estaba. Me había escuchado o me había sentido no lo sabía, pero comencé a gritar…

       “¡NO PAPÁAAA… NOOOO… POR FAVOR NO ME COMAS PAPÁ… YO HE SIDO UNA NIÑA BUENA!”…

       Recuerdo que esas eran cosas que gritaba mientras intentaba de seguir empujando el mueble. En ese momento sentí un golpe contra la puerta, fue un golpe fuerte, no fue un golpe como el que mamá y papá le daban a la puerta de mi cuarto.

       Me resbalé junto al primero de los muebles y caí al piso a su lado. El monstruo de mi papá se me acercó mucho y yo no lo noté. Desde afuera se escuchó la voz de una persona gritar algo, como haciendo una pregunta, no le entendí pero solo pude gritar “¡AUXILIOOOOOO!” que fue lo que se me ocurrió.

       En ese instante sentí la mano de mi papá que me agarraba por el vestido que me había puesto limpio, y me chocaba contra el suelo, con su mano derecha empezó a apretarme la cara y a mi me dolía mucho…

Lori comenzó a llorar de nuevo, Atsuko se acercó a su lado, me hizo una señal que la dejara descansar… Me negaba con la cabeza mientras la abrazaba y le susurraba al oído.

-      Mi papá… - Continuó con todas sus fuerzas de voluntad. – Mi papá me metió la mano en el ojo y me lo arrancó. Me dolió… y me dolió mucho… empecé a llorar del dolor, sabía que me comería, escuché otro golpe fuerte a la puerta y los muebles se movieron hacia adentro, lo que estaba afuera iba a entrar a comerme también… En ese momento me desmaye…