viernes, 5 de octubre de 2012

Capitulo 9, Las Selvas del Infierno. Despertando la Conciencia...


CAPITULO 9

“LAS SELVAS DEL INFIERNO”
I

Despertando la Conciencia


La noche oscura y un cielo despejado se dibujaban por el firmamento. Un cielo lleno de estrellas que se encontraban a miles y millones de años luz de distancia del que una vez fue un hermoso planeta llamado Tierra por su especie dominante. Estrellas que se quemaban en el silencio de un infinito espacio, oscuro y frío como la muerte de un ser vivo.

Un espacio que tal vez ya los humanos no podrían explorar en su magnitud, ya que su propia codicia, su propia ignorancia y deseos de poder los había llevado a una autodestrucción masiva. Han transcurrido 10 años desde que la última plaga y enfermedad, creada por la propia mano del hombre, se escapara o fuera soltada en los corazones de la civilización.

Desde entonces los humanos no han podido decir que viven en esta tierra… Ellos ahora solo sobreviven como pueden en este planeta. Es difícil definir quien fue el mayor beneficiado en todo esto, aunque de seguro un humano, uno de su propia especie, no fue el mayor beneficiario de esta tragedia que desapareció miles de formas de vidas…

Pero bien habían aprendido ellos mismos durante su estadía en el planeta, que la vida siempre consigue un camino para continuar, siempre existe una nueva esperanza en toda tragedia. Tal como ocurriera millones de años atrás a los Dinosaurios que desaparecieron de la superficie de la tierra, dieron paso a especies más pequeñas en permitir su evolución y su crecimiento, entre las que estuvieron los humanos.

Ahora, solo han pasado 10 años desde que comenzó este proceso de extinción, solo ha pasado una década de decadencia, muerte y desolación. Aún se pueden ver los vestigios de lo que en su momento fuera la especie dominante.

Pues sus cuerpos, muertos, en medio de la descomposición que viene después de finalizada la vida, se niegan a convertirse en parte de la tierra y el polvo del que provienen. Se mantienen en pié, ahí, donde la lógica de la vida ya no debería de existir. Su tiempo ha pasado, pero parecen haberse negado a morir.

¿Acaso quien creó la destrucción de su propia raza, veía esto como un nuevo paso en la evolución para alcanzar la vida eterna?, tal vez, y solo tal vez, los pocos humanos que sobreviven aún después de 10 años imposibles, nunca lleguen a conocer esa respuesta aunque logren mantener las próximas generaciones con vida, esa es posiblemente una de las respuestas que se perdieron en medio del Apocalipsis.

Ahora sobreviven en un mundo que ya no les pertenece a los vivos. Ahora es un mundo que solo le pertenece a la muerte, al silencio, a la oscuridad que traspasa las barreras y rodea a los objetos que hasta hace unos 10 años eran iluminados hermosamente por los humanos.

Las poderosas construcciones en acero y hormigón, aquellos rascacielos y edificios de gran tamaño, aquellas selvas de cristal y cemento, estaban cayendo y perdiéndose en medio de la madre naturaleza, sabia y conciente de sus posibilidades de seguir permitiendo vivir al planeta, se apodera de nuevo de cada espacio que le había sido arrebatado por el hombre.

Milímetro a milímetro… Poco a poco, sumando centímetros de crecimiento, las plantas han abierto su camino a través del asfalto duro que el humano colocaba para andar. Día a día crecía lentamente comenzando a poseer las ciudades, los campos, las selvas se estaban recuperando donde los árboles habían sido arrancados de raíz, la vida de muchos animales pequeños proliferaba, con mucha facilidad, pues escapaban de los muertos sin inconvenientes antes de que pudieran atraparlos o alcanzarlos.

Apenas si el planeta acaba de dar un pequeño pestañeo de su tiempo de vida, pero si este tuviera una conciencia como los humanos la expresaban, de seguro estaba contenta. Después de siglos de explotación y decadencia en la enfermedad provocada por el ser humano, al fin se recuperaba lentamente de sus heridas.

Pero aún existen humanos con vida, aún existen ciudades que se mantienen en pie, lugares donde igualmente la vida y las plantas se están abriendo paso suavemente, mucho más lento que en otros lugares donde ya la presencia de vida humana es inexistente.

Y los muertos… Los muertos no serían preocupación, los muertos aunque parecen un virus que aniquiló a los humanos, también pueden ser tomados como un medio de defensa de la naturaleza, puesto que ha limpiado casi todo el planeta de la vida que la estaba destruyendo.

Aún así, el planeta podría sobrevivir tranquilamente con esos pocos humanos, tal vez aprendieran a convivir mejor, regresando a aquellas raíces donde humanos y naturaleza se unían y vivían sin necesidad de “matar” uno al otro.

Un buen grupo de esos humanos se encontraban en islas, islas lejos de los continentes y tierra firme donde la muerte y la naturaleza eran ahora los amos y señores.

Y desde aquella isla tropical donde se encontraban estos humanos se podía contemplar aquel hermoso cielo despejado, aquel cielo que se había limpiado de tanta contaminación generada por las generaciones pasadas. Aquella isla permitía ver una hermosa lluvia de meteoros que surcaba el cielo sobre el océano en aquél momento.

Desde su superficie, los soldados que cuidaban el perímetro del complejo de supervivencia disfrutaban aquél paisaje. Era raro cuando se podía observar… No porque ya no ocurriera como antes, sino que no se tenían las personas estudiando el espacio y los cielos para avisar cuando ocurriría un nuevo eclipse solar, un nuevo eclipse lunar, una lluvia de meteoros o en un par de oportunidades, donde se vería caer algún satélite que había perdido el curso y caía a morir en silencio dentro del planeta que lo había expulsado…

Sin embargo nada de esto podía verse en el interior de la base, más allá donde están los ascensores, que descienden a la base subterránea que se oculta en aquel lugar para los ojos no deseados, tanto de los vivos como de los muertos.

Unos metros mas abajó, en una zona que los supervivientes tomaban como área de descanso, esa noche había mucho movimiento, personas de suma importancia militar, estratégica, política y social se habían movido y llegado en las últimas 48 Horas.

Pero esta noche el principal problema no estaba en todo el ajetreo que se había dado por estas personas, sino porque en un área libre de violencia, donde las personas disfrutan de unos minutos para relajarse, para tomar, para jugar, para dormir o lo que más les provocara y ayudara a olvidar la existencia de un mundo de muertos, que los quieren devorar día a día, se habían escuchado 2 disparos.

En la superficie lo ignoraban, pero en el suelo de aquél nivel descansaba el cuerpo de una mujer morena, de contextura muy hermosa, sobre un charco de su propia sangre que había salido por su frente, y el cuerpo de un soldado que también había llegado al lugar y aún nadie sabía porqué no había obedecido las ordenes de alto que le daban a sus espaldas los guardaespaldas de las personas que se encontraban en una sala pequeña de reuniones.

No muy lejos de ahí, en un pequeño cuarto, una pareja se encontraba sumida en un sueño juntos. El chico, había llegado hace unos días, un superviviente del continente que al parecer tenía mucha información importante, a su lado un soldado que lo había ayudado a rescatar, y lo había amado aún cuando pensaba que se había desaparecido en los brazos de Hades.

Él se encontraba en un mundo aparte, aquel mundo donde pareciera viajar nuestras mentes mientras dormimos y soñamos, aquel mundo donde difícilmente somos concientes de la existencia de nuestro cuerpo físico mientras viajamos por sus paisajes crepusculares, pues la mente pareciera despegarse por completo del mismo, y más fácil aún era llegar a este mundo cuando una gran cantidad de alcohol corría por las venas de aquél hombre aquella noche.

Ella, aún no terminaba de dormirse, lo había ayudado a recostarse en la cama, y luego lo había acompañado abrazándolo desde la espalda para dormir juntos… Cuando empezaba a caer en aquel mundo de sueños, oscuro al principio como siempre, un estruendo como de un rayo chocó en su mente, lo que le hizo abrir los ojos suavemente en un estado de semiinconsciencia.

Segundos después cuando se disponía a dejarse llevar de nuevo por el cansancio, el sueño y un mundo hermoso de fantasías, escuchó un segundo estruendo que la hizo levantar de golpe y tomar conciencia de lo que estaba ocurriendo. – Disparos… esos fueron disparos – Pensaba para sus adentros.

Se terminó de levantar de la cama, y comenzó a ponerse la ropa lo más rápido que podía, encendió la luz para poder ver mejor donde habían quedado sus zapatos, ya que su mente seguía viajando entre el mundo de la inconciencia y el mundo activo.

Cuando escuchó a un grupo de soldados pasar corriendo frente a la puerta de la habitación, se llevó la mano a la funda de su pistola por puro instinto, pues sabía que ahí no dejaban entrar armas, - Si no podemos entrar con armas, utilizaron las de emergencias, o algo pasó con el presidente que sus guardaespaldas dispararon… - Su mente empezaba a tomar la carrera, el imaginarse un brote ahí abajo en aquel momento sería desastroso, no quería pensar en ello…

Volteó a ver a Lionheart en la cama, dormido, sumiso, como un niño que por primera vez se pasa de alcohol en medio de una fiesta de adolescentes. Pensó en que podría despertarlo… o mejor salir primero a ver que estaba ocurriendo y luego tomar decisiones. El rostro de su bien amado le pareció tan frágil, suave y tierno así dormido profundamente que no quería separarse de él.

Sin embargo tenía que ponerse en movimiento. Debía averiguar que ocurría más allá de las paredes que los protegía y los cuidaba mientras dormían. Sintió la garganta un poco seca, tal vez su aliento también estuviera fuera del margen y debiera cepillarse, pero pensar en un posible brote zombie dentro de las instalaciones era más apremiante que cualquier protocolo social y/o de aseo que pudiera incomodarla en aquel momento.

Abrió un poco la puerta, y observó a otro grupo de soldados que pasaba frente a la puerta, estaban con sus camisetas blancas, despeinados, todos caminando juntos lentamente y un par de ellos dieron un pequeño brinco al observar la puerta abrirse en la habitación de donde salía Atsuko.

Ella al observarlos les lanzó una mirada inquisitiva. Uno de ellos se acercó sin quitar la vista del frente, de la zona donde provenían los dos primeros disparos, como esperando ver a otros soldados retroceder disparando a algún grupo de zombies o confirmando las sospechas de un brote en el interior de las instalaciones.

Le informaba que no tenían mayor información, habían escuchado un par de detonaciones dentro de las instalaciones y estaban en alerta por desconocer la razón de los disparos.

En ese momento se activaron los altavoces de la radio interna que tenían las instalaciones: “Se le informa a todo el personal que estamos en código 9, repito estamos en código 9. Todo el mundo tranquilo y pueden regresar a sus actividades…”

Un código 9 es “Sin Ninguna Novedad”… Pero un par de disparos dentro del piso de descanso donde no se permitían armas si que era una novedad. Los soldados se calmaron un poco más y Atsuko se alegró de no haber despertado a Lionheart…

Los chicos se relajaron, se vieron las caras y comenzaron a conversar entre ellos, pero en vez de devolverse en la dirección que habían llegado, caminaban más tranquilos hacia la zona donde estuvo el disparo. Buscarían la información de ¿que había ocurrido? Y seguro Atsuko se enteraría luego. Igual son pocas las cosas que ocurren en la base sin que todo el mundo se entere de los detalles.

Atsuko ingresaba de nuevo en la habitación, aprovecharía entonces para tomar un poco de agua y ya que sus músculos se habían despertado aprovecharía de hacer un poco de ejercicio.

Despejó una zona pequeña del cuarto, quitando la ropa del suelo, los zapatos y comenzó con unas abdominales. A pesar de ser una mujer, debajo de su camisa se pudiera observar un hermoso abdomen bastante definido, suavemente cubierto de esa hermosa piel, con unos pocos lunares dibujando un hermoso mapa para explorar en los momentos más íntimos con una pareja…

Aunque su cuerpo se movía rítmicamente por el ejercicio, parecía que lo hacía mas por inercia, ya que su mirada y su mente se encontraba en otro lugar, en otro momento, pensando en los ataques que habían recibido hace unas 48 horas, cuando fueron a buscar a Lionheart y a conquistar el territorio para un nuevo asentamiento.

Se volteó boca abajo en el suelo y comenzó a realizar algunas flexiones, a pesar de lo fresco del cuarto, podía sentir las gotas de sudor salir de su frente, correr por su cuerpo, su nariz y caer al suelo frente a sus ojos. Pero aún así su mente seguía pensando como podía haber dejado morir un pelotón completo de hombres para solo salvar a un hombre.

Ese hombre bien pudiera valer la pena. El solo hecho de corresponderle en amor y ser tan apuesto para ella ya valía la pena, pero ¿Que tanta información o que tanta importancia podría tener para que quisieran matarlo, y más aún con un pelotón completo de Licans como no había sido visto antes?

¿Quién lo querría muerto como para utilizar ese tipo de recursos?, aún mas profundo en todo el tema, a estas alturas de supervivencia de la humanidad ¿Quien podría tener los recursos para mandar un pelotón así a asesinar a un solo hombre y no en contra de un gobierno completo?

Se metió a dar un pequeño y rápido baño, aunque ya lo había hecho antes de acostarse, sentía que estaba sudada, sucia… Así sería mas sencillo volver a dormirse, tal vez al día siguiente se enteraría de los detalles de lo que había ocurrido… y ¿Por qué no se enteraría? Si en esa base era imposible no enterarse de las cosas que llegaban a tomar realmente importancia.

Le encantaba la sensación del agua correr por su cuerpo… No importaba la hora, el día o el momento, siempre cuando se daba un baño se quedaba largo tiempo de pie bajo el agua fría que salía de las tuberías de las instalaciones, sentir millones de gotas recorrer su piel, su cuerpo, que la limpian y se llevan las impurezas de un mundo de muerte.

El baño era un acto tan común en muchos países antes del Apocalipsis y tantas personas lo tomaban tan comúnmente a diario y algunas veces muy rápido solo para cumplir con su limpieza, que habían perdido la costumbre y la capacidad de disfrutar de ese momento tan intimo, unos minutos de tiempo al día donde era posible escaparse a sus propios pensamientos internos, un momento para sentirse cerca de los Dioses, o el Dios, o Ángeles o cualquier criatura que pudiera existir y fuera superior a nosotros mas allá de la muerte…

¿Qué pensarían los espíritus, los ángeles, Dios o los Dioses sobre todo el cambio que se hizo en el ciclo de la vida?... Antes se nacía, crecía, reproducías y morías… Ahora después de la muerte estamos completamente seguros que si puede existir una segunda vida… Inmortal al parecer, aunque no parece tener la misma conciencia que se tenía en vida. ¿Acaso así vagan las almas de las personas que murieron antes de que los muertos se levantaran?, ¿Son sencillamente las almas que se aferran al cuerpo y vagan por la tierra “vivos” en el mismo estado que si estuvieran completamente muertos y no estuvieran aquí?...

El baño… El baño era un paraíso y un infierno… un lugar donde pensamientos tan horripilantes como el anterior son capaces de surgir de una mente que no comprende como el cuerpo del padre, del hermano, de la madre, del amigo, del vecino puede levantarse de entre los muertos y buscar matarte junto con ellos… ¿Tendrían alguna conciencia y sentirían algún jubilo o satisfacción en ese estado que no son capaces de explicarnos y por eso nos quieren llevar a la fuerza a la misma condición de ellos?...

Debía salir del agua, no podía permitirse continuar con esos pensamientos… El ambiente estaba pesado esa noche por lo que no podía pensar en otras cosas que fueran menos trágicas o filosóficas…

Cerró el agua, observando su cabello al frente, chorreando el preciado liquido suavemente como una cascada que se va secando. Sus pies desnudos comenzaban a sentir el frío del aire con más facilidad ahora que no estaban en contacto directo sin el agua corriendo por su piel.

Tomo una toalla, y comenzó a secarse poco a poco el agua de su piel, su mente se la pasaba viajando entre demasiados pensamientos, toda su vida había sido así… Siempre pensaba en muchas cosas al mismo tiempo y muchas veces le costaba concentrarse en un solo tema para resolverlo…

Recordaba haber leído en alguna oportunidad sobre niños con problemas de atención, pero lo de ella eran problemas por pensar en demasiadas cosas, no es que no se pudiera concentrar en una sola cosa, es que siempre estaba concentrada en varias al mismo tiempo.

Podía estar tomando con sus compañeros de la base, y al mismo tiempo su mente estar analizando los detalles de su última misión, y pensando de una vez como mejorar los fallos para su siguiente misión… Por eso la consideraban tan cambiante en sus estados de ánimo con las demás personas, porque derepente estaban tranquilos, y ella era capaz de salir con un regaño o con órdenes para una nueva misión salidas de sus conclusiones y de su mente que nadie había escuchado o que nadie le seguía el ritmo de sus pensamientos.

Esta capacidad la había ayudado mucho, pero la hacía sentir como alguien extraño y completamente diferente… Aunque en una tierra donde los humanos son tan pocos, y la muerte tan abundante, el ser extraño era una ventaja sin importar cuan extraño fueras.

Su ropa interior se deslizaba suavemente ajustándose perfectamente. Algunas personas siempre se preguntaban como en medio de un desastre de civilización como la que se vivía actualmente ella podía tener buena ropa, (aunque no supieran que poseía una buena colección de ropa intima, que en su época fue sumamente cara y especial de seda), siempre tenía también para algo de maquillaje mientras estaba en la base, aunque no lo usara al salir en misiones.

Pero así como los grupos de IBR buscaban alimentos, bebidas, agua, medicinas y cualquier cosa que les pudiera ser útil, ella muchas veces buscaba ropa personal para ella misma… Si los hombres podían buscar revistas pornográficas, alcohol y cigarro, ¿Porque una mujer no podría buscar ropa intima o algo de maquillaje personal?...

Todo el mundo tenía algo que utilizaba para intentar de aferrarse a una civilización que ya no existía… Una civilización que estaba muerta y desapareciendo, a pesar de su persistencia, no estaba segura que realmente pudieran surgir de nuevo como la civilización creciente y evolutiva del siglo XXI.

Ya con la ropa puesta, pensó mejor la situación, y prefirió salir del cuarto, no dormiría esa noche con Lionheart, se iría a su cuarto, además, así podría verificar por los pasillos a ver si escuchaba algo más de lo que había ocurrido esa noche y porqué fueron aquellas dos detonaciones.

Al salir del cuarto pudo ver de nuevo a los muchachos de antes regresándose de la dirección donde habían ido a ver que había ocurrido. No sabía si preguntarles o mejor ir hasta el lugar a ver de qué se enteraba, pero no fue necesario realizar ninguna pregunta. Ellos venían hablando del hecho entre ellos…


-      Esa chica era demasiado bella… De hecho había escuchado que algunos chicos habían tenido suerte con ella, pero tampoco me llegué a imaginar algo así de ella – Mencionaba uno de los muchachos. – Y a la otra niña…

Algo se disparó en la mente de Atsuko al escuchar “Y la otra niña…” en ese instante cuando los estaba viendo y escuchando, pudo notar como los compañeros miraron al muchacho que estaba hablando con una mirada de… ¿De que?... ¿Desprecio?... ¿Inseguridad?... ¿Miedo?... No estaba segura, solo sabía que se habían dado cuenta que los estaba escuchando y callaron a su compañero en ese momento con un codazo.

Ella prefirió no preguntarles, tal vez había ocurrido algo que no estuvieran autorizados a informarle, por lo que prefirió no preguntarles y dejarlos continuar. Ella iría directamente a la fuente.

Al llegar pudo observar que estaban cerrando en una bolsa negra un cuerpo, alguien había muerto. Solo logró ver su piel morena y el cabello tapándole el rostro, que estaba muy oscuro por la sangre que se le secaba en el mismo.

En el suelo, la sangre en los bordes comenzaba ya a coagularse, donde seguro había caído aquel cuerpo. Mientras seguía acercándose escuchó a un hombre hablando entre los que aún se encontraban observando la situación…

-      Espero que luego nos den una buena explicación… Teresa era muy especial para muchos aquí… y Jhon… Ese pobre diablo… El lugar equivocado en el momento equivocado… Pero el se lo buscó al acercarse al Presidente y no acatar las ordenes de alto que le dieron… ¿En que diablos estaba pensando?...

¿Estaba escuchando correctamente?... Al parecer la persona que había muerto ¿era Teresa?... Pero si ella no había salido en misiones, ella solamente se encontraba aquí en la base, servía los alimentos, ayudaba en la limpieza, servía de secretaria en varias oportunidades, ayudaba con las asistencias y sustituciones… Si se había infectado de alguna manera para que la asesinaran así debió ser después de estar con alguien en la estación…

¿Acaso estaría algún soldado infectado del virus, y se lo transmitiría a ella?... Atsuko pensaba que con lo puta que era no hubiera sido extraño… Pero ¿Se podía contagiar alguien de esa manera? No conocía absolutamente a nadie que se hubiera atrevido a hacer el experimento, teniendo relaciones con un muerto andante… El solo hecho de pensar en algo así le dio ganas de vomitar y sintió un par de arcadas…

Quienes estaban ahí y la vieron mover su cuerpo con convulsiones, no comprendieron como podría provocarle ganas de vomitar un muerto cuando en tierra firme seguramente había visto cientos o miles de muertes… ¿Quién a estas alturas, después de 10 años, no había visto a la muerte en su cara?...

Ella se repuso un poco al distraer su mente en otra dirección. Preguntándose quien podría ser el chico llamado Jhon y a que se referían con “El momento equivocado en el lugar equivocado…” que habría hecho aquel muchacho.

Evitó a un par de guardias en la puerta y pudo ver en la habitación al presidente sentado en una mesa analizando documentos he imágenes junto con un sujeto que no había visto antes en la base.

Sus facciones cuadradas, su uniforme militar, y su porte permitían ver que era alguien que había pasado por mucho, su rostro solo mostraba odio y repugnancia ante lo que estaba conversando con el presidente.

Antes de entrar notó en el suelo otro cuerpo que unos soldados movían hacia otra bolsa para cadáveres. Se podía observar que le habían disparado en la cabeza desde atrás, pues así lo demostraba el orifico de salida en su frente.

Su rostro parecía relajado, tal vez hasta más tranquilo. Lo había visto unas veces en la base, mas que todo en guardias externas, ¿sería él que estaba infectado?, no estaba segura. Su piel aún no tenía el color grisáceo y las venas brotadas de la mayoría de los muertos andantes.

Seguía sin tener muchas de las respuestas que quería, pero aún no había llegado hasta el presidente para preguntarle y ponerse al día con las cosas que habían ocurrido. Prefería recibir la información de sus superiores… Y ya que su superior directo se encontraba fuera de la base en aquel momento podía escalar por la escalera de mando y preguntarle directo al Presidente con quien ya tenía confianza…

A su espalda sintió un golpe, se volteó rápidamente, nuevamente llevó la mano a donde debería de tener la funda del arma aunque no estuviera, sus instintos ya era demasiado fuertes y difíciles de superar, en la entrada pudo ver a una señora un tanto mayor, tal vez ya llegaba a los 40, lo que era mayor para el promedio de las personas que sobrevivieron al Apocalipsis. Había dejado caer una cubeta con líquido y espuma, (seguramente jabón para limpiar), y lo había hecho a propósito como para mostrar su descontento de tenerse que parar en la madrugada a limpiar un desastre de ese tamaño…

Atsuko se relajó nuevamente y cuando se volteaba escuchó la voz del Presidente a su espalda:

-      Atsuko… ¿Que haces aquí en este momento en vez de atender lo que realmente te concierne…?

-      Señor Presidente… - Su voz le sonó molestamente infantil, se sonó un poco la garganta para poder tomar de nuevo su voz. – Señor Presidente, Venía a conocer que había ocurrido y el porqué de los disparos en las instalaciones. Cuando escuche que estábamos en Código 9 me quedé más tranquila y me preparé mejor para venir a investigar…

-      Aquí no tiene nada que investigar, debería de ir a resolver los temas que de verdad le interesen. Todo está normal, en su momento le será informado al igual que al resto del personal. Así que por favor si puede retírese que estoy en este momento discutiendo asuntos de importancia… - La voz del presidente había sido imperativa, se denotaba que no la quería en ese lugar en ese momento…

-      Señor… - No quería irse sin respuestas… era otro de los males que sabía que tenía pero le costaba evitarlo. – Escuché que la persona asesinada era Teresa, y este joven llamado Jhon, lo que me preocupa es que tuviéramos un primer brote dentro de las instalaciones y no tomáramos las previsiones para revisar al resto del personal, tal vez investigar como…

-      ¿Cree que de ser por una infección, hubiera dejado que los soldados sigan por las instalaciones como si nada ocurriera? – El presidente le había interrumpido y se notaba que ya estaba muy molesto… ¿Por ella o por lo que estaban discutiendo?... Atsuko no lo sabía… - En este momento sería más propio que fuera a la sala de retención, su personal se salvo de recibir también un disparo y que la mataran… ¿Creo que esa niña tiene el nombre clave de Ciclope?...

Los ojos de Atsuko se abrieron de la sorpresa… “Y la otra niña…” se referían a Lori… ¿Que tenía que ver Lori en todo esto y porqué estaba en retención? Atsuko no dijo más nada, solo confirmó con un leve movimiento afirmativo de la cabeza, y salió del lugar dejando al presidente con aquél hombre.

Al salir por un lado de la puerta, pudo ver como la señora de la limpieza la miraba con mala cara al pasar, no había sido la culpable, pero pasar sobre el suelo aún húmedo le dejaría las huellas y tendría que volver a pasar…

Atsuko le prestó la menor importancia… Necesitaba ir a ver que había pasado con Lori… Ciclope siempre ha estado con el ojo puesto encima por todo el personal, no podían culparla a ella por lo que estaba ocurriendo, ¿o tal vez si?...

No quería pensar en ello. Se asomó de nuevo en el cuarto de Lionheart. Dormía profundamente y abrazaba la almohada entre sus brazos en vez de usarla para descansar la cabeza. Cerró colocando el seguro a la puerta y continuó su camino.

Estaba pendiente en el camino de cualquier comentario que pudiera escuchar, muchas veces esos comentarios tenían mucha verdad que luego era destapada… Pero notó, de manera muy incomoda, que las personas le evitaban la mirada y se quedaban calladas cuando ella pasaba por su lado…

Algo había ocurrido con Lori que había incomodado a las personas, y al ser su subordinada no querían decirle ni mostrarle nada. Algo en su interior le decía que corriera, que dejara a toda esa gente a su espalda, y se fuera hasta donde estaba Lori…

Sobrepasando su ánimo para no correr, mas aumentando la velocidad y caminando rápidamente, se dirigió hasta las instalaciones donde tendrían a su compañera en ese momento encerrada.

Sabía que a ella no le gustaba ese lugar, y si se ponía de mal humor era difícil de calmar. Necesitaba conocer mas detalles, escuchar de verdad que estaba ocurriendo, todo estaba demasiado confuso, incluso el presidente se notaba de mal humor en aquel momento.

Llego hasta el nivel de retenciones sin mayores inconvenientes, cuando preguntó por Lori lo único que le dijeron fue que no les habían permitido a más nadie el acceso hasta su celda. Intentaron de inyectarle sedantes, pero los científicos y doctores dijeron que no era lo mejor en su estado, en especial cuando su condición de infectada empeoraba año tras año, mientras mas usaba sus “poderes” obtenidos de la infección y no sabían cuan rápido podría estarse deteriorando y sucumbiendo a la enfermedad.

La tenían en la habitación de máxima seguridad. La luz parecía apagada desde fuera de la puerta de seguridad, donde un cristal blindado separaba su interior del exterior y permitía ver casi toda la habitación.

Sin embargo en ese momento la oscuridad no permitía ver mas allá de lo que la luz externa iluminaba por el pequeño cristal. Atsuko apretó el interruptor externo para encender las luces sin obtener ningún tipo de respuesta del sistema de iluminación.

Volteó al pasillo por el que había venido, y uno de los guardias le realizó señas de que no sabía que había pasado y por el comunicador le informó que desde que la ingresaron la luz no quería encenderse…

Atsuko sabía que no podría haber reventado la bombilla, el protector que tenía el cuarto era muy parecido a las habitaciones de los manicomios para que los pacientes no se hicieran daño a si mismo.

Aún sin luz, decidió que quería entrar… Tenía algo de nervios y estaba medio asustada, pero el que la dejaran entrar significaba que Lori no era el foco de contaminación que provocó que asesinaran a Jhon y a Teresa…

Pudo escuchar el seguro de la puerta al ser quitado desde el final del pasillo donde estaba el control de esos cuartos. Giró la manilla del cuarto y la abrió para que pudiera entrar la luz suavemente…

Sus nervios se dispararon, sintió como un sudor frío comenzó a correrle por el cuerpo, escuchaba claramente las palpitaciones de su corazón pegarle en los tímpanos. Sentía que de la oscuridad de aquella habitación saltaría por fin Ciclope con la boca abierta, los dientes listos para darle un delicioso mordisco en su carne pura y la saliva corriendo y chorreando por la comisura de la boca.

Nadie quería trabajar con ella puesto que los científicos y doctores decían que en cualquier momento el virus podía hacerla explotar, podía ganarle la batalla entre la vida y la muerte, convertirse en una criatura más y ser la perdición del grupo en el que se encuentre, siendo un enemigo dentro de cualquier perímetro que estuviera en ese momento.

Atsuko era la única que la apoyaba y la aceptaba, junto a los demás muchachos sabía que todos tenían algo especial y que todos a su manera se aceptaban entre ellos. Pero en ese instante…

-      Lori… - La voz de Atsuko tembló un poco, tragó saliva y busco sacar valor de su interior para no denotarlo en sus actos y que Ciclope pudiera confiar en ella. – Lori soy yo Atsuko respóndeme…

En la habitación solo había silencio, no le parecía distinguir una figura al fondo de la habitación, en una esquina recostada, parecía ser un humano en posición fetal, todos sus sentidos le decían que corriera, que buscara algo con que alumbrar… Pero no quería que Lori se sintiera como un animal. Ese sería su final, darle tanta confianza, pero no podía traicionar a un miembro de su equipo si hasta ahora había sido demasiado útil en batalla.

Desde el fondo se escuchó un quejido, la figura que estaba en el rincón comenzó a levantarse lentamente, los ojos de Atsuko se abrieron por completo, intentaban de organizar lo que veían, sus piernas empezaron a temblarle, la lentitud, la figura se tambaleaba, bajó su mano cerca de donde debería de tener su pistola aún sabiendo que no la tenía, Lori se volteaba lentamente tapándose la cara con las manos…

Antes de que Atsuko pudiera hacer algo, un brillo rojo proveniente del ojo de Ciclope se pudo ver en medio de aquella oscuridad como si de una pequeña vela encendida se tratara. Sus movimientos fueron rápidos, el vendaje de su otro ojo estaba completamente empapado de rojo sangre, las manos se lanzaron al frente tomando a Atsuko por los hombros…

Atsuko dio un paso atrás, instintivamente levantó los brazos para mantener distancia entre el rostro de Lori y su cuerpo, su boca abierta, podía ver como un liquido rojo se chorreaba por su boca, a su cuello y caía, tal vez se había mordido la lengua o se estaba comiendo a si misma…

Por el peso, la velocidad y el movimiento Atsuko cayó de espaldas con Lori encima de ella, Sintió como los brazos de Lori la apretaron con mucha más fuerza, del pasillo un soldado se acercó a uno de los cristales que contenían las armas de emergencias para reventar el cristal y ayudar a Atsuko.

Atsuko pensó que cuando el soldado llegara seguro sería tarde, y la boca de Lori se pegó a su pecho, en ese instante su oído le envió un sonido a su cerebro que despertó un instinto básico en su interior… Era el sonido de un llanto, un llanto de niño pequeño que no quiere que lo vean con las lagrimas.

El rostro de Lori se pegó a los pechos de Atsuko mientras continuaba llorando y la llamaba por su nombre… Atsuko sintió que un instinto de protección nacía en ella y en vez de seguir intentando de separar a Atsuko la abrazó.

El soldado que ya se acercaba con el arma en alto vio como levantaba una mano para indicarle que todo estaba bien, que no había inconvenientes. Entonces el también pudo escuchar las lagrimas y el llanto de aquella niña… Se relajó un poco, sin quitar la atención de aquellas dos chicas tumbadas en el suelo de aquél pasillo.

-      Ya Lori… Amor… Atsuko está aquí… - Decía Atsuko con un tono de voz ya mas calmado y suave…

Lori levantó la mirada… Su ojo se encontraba rojo, mas rojo de lo común, parecía estar encendido. Las lágrimas que brotaba de su ojo eran lágrimas de sangre, y lo que veía empapado chorreándole por el vendaje, la boca y hacia el cuello, no era mas que las lágrimas que brotaban del lugar donde su otro ojo faltaba.

-      Fue él… - Decía Ciclope entre lagrimas y dolor, con la voz quebrándose y  lleno de dolor. – El… El… debo matarlo… Por su culpa yo… él…

Atsuko la volvió a abrazarla, apretándola contra su pecho susurrándole suavemente para calmarla… El soldado se acercaba ahora, con el arma en la cintura en una funda, tenía que reportar el inconveniente y lo que había pasado, no podía dejar el arma sin el cristal de seguridad, un vaso con agua de la que él tenía para si mismo en ese lugar y un pañuelo que le extendía a Atsuko.

Atsuko tomo las cosas y le regaló una suave sonrisa para demostrar su agradecimiento. Aprovechó un pañuelo para secarle las lágrimas de sangre a Lori alrededor de la boca, la nariz y hacia la quijada, luego le dio algo de agua y el soldado se alejó con el vaso dejándoles el pañuelo…

- Ya mi niña… Estoy aquí… Vamos a conversar… Cuéntame que te molesta tanto, y busquemos una solución pacífica a toda esta rabia que le tienes a ese hombre…

Lori pareció calmarse un poco. Volteó a ver a Atsuko a los ojos, se limpiaba ella misma con la mano y con el pañuelo, pensaba que luego tendría que cambiar su vendaje por uno nuevo ya que el que tenía estaba bañado en sangre…

Se sentía un poco mas calmada… Y durante toda aquella noche Lori le contó de nuevo a Atsuko su accidente, su primer encuentro con los zombies, como le había pasado todo lo que le había ocurrido… Y porqué odiaba a aquél hombre con tanta intensidad…