miércoles, 8 de febrero de 2012

CAPITULO 4 “SEXO Y MUERTE EN EL JACUZZI” VII “Algunos milagros, solo nos joden…”

CAPITULO 4

“SEXO Y MUERTE EN EL JACUZZI” VII

“Algunos milagros, solo nos joden…”



En aquel momento no podía comprenderlo, sabía como había ocurrido, ahorita viendo la situación en perspectiva, fue un milagro que saliera vivo, aunque de una manera muy horrible y que no hubiera pensado utilizar si hubiera pensado que funcionaría.



Cuando caí por la ventana con aquel cuerpo, la puse a ella por delante de mí y separándola con mis brazos para no ser mordido y morir con la “tranquilidad” de que no regresaría como uno de ellos… Sin embargo eso fue precisamente lo que me salvó.



Cuando chocamos con el techo de zinc, mis brazos amortiguaron un poco el golpe acercándome a su cuerpo hasta “golpearlo” sobre sus pechos, pero el primer golpe no fue muy fuerte, debido a que el techo se partió y lo que logré fue que nuestra velocidad se redujera mucho, recibiendo el daño principal del impacto ella, continuamos cayendo y chocamos contra el techo de una camioneta.



Ya en ese momento si choqué con su cuerpo por completo, aunque como dije a una velocidad menor, y yo caí hacia mi derecha, que era la parte de carga de la camioneta Ford, mientras el cuerpo de ella se deslizó hacia el frente por el parabrisas.



Debí de caer inconciente por un corto lapso de tiempo, debido a que cuando desperté me dolían los brazos, sentía que no podía afincarlos y temía haberme roto un hueso. Me dolían las costilla del lado derecho de mi pecho, y de seguro tendría un moretón, pero estaba vivo.



De alguna manera que no me interesaba en ese momento, estaba vivo. Y ya escuchaba a una de esas criaturas a un lado del vehiculo asomado con sus brazos levantados y gruñendo buscando alcanzarme. Definitivamente no tenían un pensamiento racional como había pensado arriba.



Me fui a levantar, apoyándome en mi lado izquierdo para alejarme del dolor. Graso error, El dolor recorrió mi brazo, la espalda y sentí que la cabeza me iba a estallar. Me dolía la muñeca y no podía mover la mano. De hecho no podía mover el brazo entero sin sentir un fuerte dolor de solo pensarlo.



Tal vez me había roto un hueso, que en lo mas profundo de mí esperaba que no fuera así, o en el mejor de los casos solo sería algunos huesos rotos en la muñera y la mano, y el hombro dislocado. La vista se me nublo un poco por el dolor, y entonces comprendí que aunque me doliera como un demonio, debería usar mas mi lado derecho.



Al levantarme pude ver como otros 2 de Ellos venían ya caminando al vehículo, atraídos por el sonido de mi caída, o tal vez el olor a sangre fresca, no sabía y no me interesaba saberlo en ese momento.



Empecé a patear un lado del vehiculo para que se acercaran a ese lado, y cuando sentí que estaban lo suficientemente cerca de ese lado de la camioneta, me fui al lado contrario y brinqué. No sin algo de dolor, me dolía todo el cuerpo pero no podía pararme ahí.



Me agache para que no me vieran, avancé un poco a la parte del frente de la camioneta, y le dí dos golpes fuertes, con mi mano derecha, para atraerlos hacia ésa área del vehiculo mientras yo caminaba hacia atrás para buscar salir del estacionamiento.



Me fui medio cojeando hacía la entrada del estacionamiento, y pude ver algunas de esas cosas caminando fuera del portón del Hotel. Lo mas silencioso que pude, y al mismo tiempo lo más rápido que el dolor me permitía me acerque al mismo. Y pude ver vehículos abandonados en la calle, escuché como en la autopista se chocaban unos vehículos en cadena.



Lo bueno es que no había tantos de Ellos en la calle. Por lo que comencé a caminar rápidamente, y esquivándolos como podía y pasando entre ellos, atravesando un carro, metiéndome en uno y saliendo por el otro lado para evitarlos en la medida de lo posible, seguí andando en dirección al boulevard.



No tienen que preguntarme porqué no agarre un vehiculo y me fui de ese lugar. Bueno, empecemos porque la pierna derecha me dolía demasiado al pisar, (no se imaginan cuanto), continuando porque eran muchos los que no tenían las llaves y yo no sabía en esa época cuales eran los cables a cruzar para encenderlo y eso, (que en las películas parecía muy sencillo), tercero porque los que tenían las llaves puestas estaban en medio de un choque sin funcionar el motor, o tan atorados en medio de un embotellamiento de vehículos que era más rápido ir a pie, antes que ponerse a chocar vehículo tras vehículo, para sacarlos de ahí mientras Ellos rodeaban el vehiculo.



Aparte, que la escena no era muy acogedora. En casi todos los vehículos se observaban rastros de sangre y peleas, y hubo uno en específico, un Celica, que me destrozó y me hizo dejar de voltear al interior de los vehículos.



En el asiento trasero pude observar a un niño como de 4 o 5 años, que había sido convertido en uno de Ellos comiéndose los restos de una niña, que aún sujetaba su muñeca. La criatura estaba muy concentrada para verme, y cuando llegue a ver el rostro de la niña pequeña con su brazo caído, sujetando una pequeña muñeca, la sangre corriendo de su bracito hasta empapar la ropita de la muñeca. Su hermoso cabello claro, semi-ondulado y algo sucio, rostro con los ojos cerrados casi guindando de su cuello de lado, mientras un hilillo de sangre corría de su boca y aquel monstruo mordiéndole una pierna y comiéndose su carnita después de destrozarle el vestidito, que parecía haber sido azul… de un azul claro como los ojos de Brittany que no dejaban de seguirme cada vez que cerraba mis ojos.



Salí corriendo de ese vehiculo, (si se puede llamar correr a mi andar cojeando), al no soportar esa imagen. Pude ver unas de esas cosas subiendo por el medio de la calle, parecía una ola de criaturas subiendo de Las Mercedes a Chacaito. Me asomé en el Mc, para ver si podía intentar de conseguir algo de beber. Sentía mi garganta seca, y tenía mucha sed. Lo único que pude ver a través de la ventana externa fue una orgía… pero una orgía de esas criaturas en medio de un banquete entre las mesas, todos estaban completamente bañados en sangre, al lado de las puertas parecían haber intentado de colocar barricadas, pero parecían haber entrado por las ventanas que no protegieron.



Me alejé y al llegar al semáforo, pude ver un grupo dentro de “La Arepera” de la esquina, (lo coloco entre comillas porque el que no sea venezolano no sabrá lo que eran esos lugares…), y me lancé al suelo detrás de un vehiculo para tomar aire. Caminar con esa pierna en ese estado, con el dolor del brazo que no podía mover agotaba a cualquiera, y aún estaba demasiado adolorido.



Entonces comencé a pensar… ¿Que haría? ¿A dónde debo ir y de que forma?, los hospitales deben ser un caos, no quiero ni pensar como estará el metro si es que llegó a abrir o si no los alcanzó el virus durante la noche. Las calles y avenidas estaban llenándose a cada momento de más y más vehículos abandonados. Tenía tal vez una oportunidad, si intentaba de llegar a la casa de mi abuela en el centro, pero tendría que pasar por varias zonas que pensaba serían muy peligrosas.



Mientras estaba ahí divagando a donde, y como ir, sentí un jalón en mi pantalón, por la parte de atrás por mi espalda, fue algo sumamente suave, pero inmediatamente he instintivamente me lancé al frente, no se porqué no había estado pendiente de la parte baja del vehiculo, pero al ver lo que había sido me he echado a llorar por un rato…



Lo que había sentido sujetarse de mi pantalón, no era sino la mano de un pequeño bebe que no tendría ni el año, tal vez un poco más, que no podía caminar al faltarle una piernita… sus ojos, por Dios, sus ojos… no tenían vida, no tenía alma, no era capaz de mantenerse de pie, y se arrastraba en un horrible silencio mientras gateaba debajo del vehiculo siguiéndome.



Si Dios existe su sentido del humor es demasiado podrido, porque el dijo: “Dejad que los niños vengan a mí, pues de ellos es el reino de los cielos…” el cielo ni una mierda… esto no podía ser así, esto es solo el infierno sobre la tierra…



Empecé de nuevo a moverme… no podía dejarme congelar, pero no podía dejar de llorar, nunca me quitaré esa carita, su cabello liso sucio, sus cachetes gorditos, sus ojos sin color y sin alma, no fui capaz ni de acabar con su sufrimiento, no pude, no pude…